Arturo Illia sigue guiando a los radicales

Al cumplirse 25 años del fallecimiento del insigne ciudadano Arturo Umberto Illia, la agrupación «Proyecto Progresista» del Frente Renovador dirigida por Jorge Varela- consideró oportuno reflexionar sobre la trascendencia de su legado cívico y de su obra de gobierno, reconocida aún por «quienes lo despojaron del mandato popular que plenamente ejercía». Se recuerda que Illia «fue ante todo, un ciudadano comprometido no sólo con la causa de la libertad y de la democracia, sino un gobernante lúcido consciente de la necesidad de trazar un proyecto de desarrollo nacional con equidad y justicia. Fue, sin duda, su perfil ideológico nacional el que generó su derrocamiento, cuando desafió a los grandes laboratorios trasnacionales con su Ley de Medicamentos -o «Ley Oñativia»- que pretendió conjugar el derecho a la salud y la defensa de los intereses de los argentinos».

También fue Illia un activo protagonista de las luchas por la calidad de las instituciones, como lo demostró en todos los cargos públicos que ejerció. Fue también el promotor de una política de integración regional con los países vecinos, 40 años antes de que comenzara a pensarse siquiera en el MERCOSUR. Fue el Presidente que aprobó la Ley del Salario Mínimo Vital y Móvil; y el que asignó el mayor Presupuesto a la educación pública de todo el siglo XX, apostando a verdaderas transformaciones de fondo para consolidar un proyecto nacional.

En el mismo comunicado, la agrupación puntualiza que «el dato oportuno a resaltar es que, pese al mito de su debilidad de origen, ya que fue electo con sólo el 23 por ciento de los votos, el suyo fue un Gobierno plenamente legítimo. Lo fue no sólo porque cumplió con las mayorías establecidas en el Colegio Electoral, sino porque -y este dato poco se recuerda- levantó la proscripción electoral del peronismo y permitió su participación, como demócrata convencido que era, en las elecciones legislativas de 1965. Tuvo la legitimidad de ejercicio que da el pleno cumplimiento de los compromisos asumidos con el pueblo y la defensa de los intereses nacionales por sobre apetencias sectoriales o negocios extranacionales. Y él le tocó ser víctima también de la proscripción autoritaria, cuando en 1962 no pudo asumir como Gobernador de Córdoba por la anulación arbitraria de las elecciones que había ganado».

«Illia fue un Presidente con un enorme valor cívico, y con un culto a los grandes principios de su formación política. Fue el arquetipo del gobernante austero y probo, del médico dedicado por entero a la faz humana de su profesión, y del estadista que ve, más allá de la cotidianeidad, las demandas del país.

«Por ello, a un cuarto se siglo de su muerte física, Arturo Illia sigue estando vivo, no sólo como ejemplo, sino como guía concreta marcada por su vida y por su obra, que quienes militamos convencidamente en la política, sentimos el profundo deber de imitar».



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