Para Andersen hay que recuperar las instituciones fundamentales para el bienestar general

El candidato radical a gobernador por Una Nación Avanzada explica su planteo de recuperar las instituciones para el bienestar general. «Nuestro régimen político se sustenta en partidos políticos. Esto es así, les guste o no a los mentores de este caos electoral al que, ley de lemas mediante, nos ha llevado la autodenominada «renovación». El artículo 38 de la Constitución nacional es claro : Los partidos políticos son las instituciones fundamentales del sistema democrático. Dice «instituciones fundamentales», no meros sellos sin afiliados, sin programas de gobierno, sin capacitación de dirigentes, sin compromisos de gestión coherentes con tales programas. La sociedad argentina debe recuperar sus instituciones, incluidos los partidos políticos, es mas, debe exigirles a sus circunstanciales dirigentes que trabajen con la calidad y transparencia necesarias en orden a su estabilidad y eficacia para salir de este reiterado y frustrante estado de cosas en el que se enseñorean la corrupción, el fraude y los gestos políticos hipócritas, aquellos que buscan convencer a los sectores mas desfavorecidos que este gobierno es «progresista»,cuando en realidad debe apelar a una descarada manipulación estadística para disimular una no menos indignante política de concentración de la riqueza acompañada por una inflación galopante que castiga duramente a quien no tiene otro ingreso que un magro sueldo.

«La ciudadanía seguramente rechazará categóricamente este verdadero despropósito electoral en el que sobran candidatos y escasean las trayectorias coherentes y comprometidas con una historia de vida pública dentro de marcos éticos y de honrada y efectiva administración de los recursos.

«Este es un momento decisivo para el país y por supuesto para nuestra postergada provincia de Misiones. Debe triunfar quien demuestre que puede gobernar a cara descubierta, sin doble discurso, reivindicando su militancia partidaria, sus ideas, sus sueños, sin rendirse ante los embates de estos señores que ahora repiten como imbéciles la prédica contra la «partidocracia» de la misma manera en que lo hicieron los militares golpistas que derrocaron al presidente Illia, un hombre orgulloso de su radicalismo, tanto como de su rigor ético y civismo ejemplar».

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