Asumió Martorell con un perfil más moderado que su antecesor

Asumió anoche como obispo de Iguazú en reemplazo de Joaquín Piña, quien se despidió con fuertes críticas a la conducción de la Iglesia. El Gobierno espera que ahora haya diálogo y un acercamiento.

[su_note note_color=”#cdcdcd”]“Siento mi fragilidad. Pero se que Dios me guiará para llevar adelante la tarea”, dijo Martorell[/su_note]Marcelo Raúl Martorell fue ordenado obispo de Iguazú y reemplazó anoche al jubilado Joaquín Piña, quien estuvo al frente de la diócesis por 20 años y culminó su tarea pastoral encabezando la alianza opositora a la reforma constitucional que se impuso en las elecciones de octubre. En una solemne ceremonia, en la que Martorell fue ordenado obispo tras sortear los rituales católicos como un interrogatorio público sobre sus acciones futuras. Ante los obispos consagrantes, se tumbó al piso para recibir el Evangelio y la imposición de las manos, una antigua tradición a través de la cuál se asumen las nuevas jerarquías.

Se inició así una nueva etapa en la diócesis, creada hace 20 años y armada a imagen de Piña. El cambio de rumbo se hizo evidente en algunas frases de Martorell, quien apostará a una imagen más conciliadora con el poder político.

“Vengo a caminar esta bendita tierra colorada junto a ustedes. Conozco su sed de justicia, toda reconciliación se afirma en la Justicia y se palnifica en el amor”, indicó en sus primeras palabras a los fieles católicos.

El gran ausente en la ceremonia fue Piña, quien sin embargo, fue el más aplaudido. Tampoco hubo presencia de aborígenes, siempre junto al ex obispo en las ceremonias. Los consagrantes le encomendaron a Martorell que siga el ejemplo de su antecesor en el amor a los pobres, lo que desató el gran aplauso de los feligreses reunidos en la sede de la Liga de Fútbol de Puerto Iguazú.

El acto, presidido por monseñor Castagna, también contó con la presencia de Juan Carlos Romero, gobernador de Salta, provincia natal del flamante obispo. Por la provincia, el vicegobernador Pablo Tschirsch encabezó la presencia oficial, acompañado por otros funcionarios. El recambio tuvo también presencia política, con la figura del senador Luis Viana, junto a otros dirigentes del ex Frente Unidos por la Dignidad. Otro ausente fue el alcalde local, Claudio Filippa.

Día de tristezas
No será una tarea facil para Martorell seducir a sus feligreses. En la diócesis no cayó demasiado bien su nombramiento, por su postura conservadora, que contrasta con la esgrimida por Piña, aunque también admiten que sería muy difícil equiparar la tarea pastoral del barcelonés. Un hecho que generó molestias en la feligresía más militante fue que Martorell haya impedido que se lea una carta de despedida de Piña, en la que saludaba a la diócesis, festejaba el triunfo electoral, pero también realizaba una dura crítica a la propia Iglesia. “Me voy triste porque no me gustan, me duelen muchas cosas que suceden en la Iglesia. Dios quiera que algún día estas cosas cambien, que tengamos una Iglesia más evangélica y cercana a los pobres, que se los escuche”.

“Rezaré para que el nuevo obispo sea realmente el buen pastor que esta Iglesia tan linda se merece”, deslizó. Tras la ordenación episcopal, presidida por el Nuncio Apostólico Adriano Bernardini, acompañado por el arzobispo de Corrientes, Domingo Castagna, el obispo Roberto Rodríguez y el arzobispo Emilio Ogñènovich, Martorell agradeció a sus padrinos en la consagración, sus hermanos Susana Martorell de Laconi y Arnaldo Martorell y un antiguo profesor, Alfredo Tagliabue. También se acordó del cardenal Jorge Primatesta, su mentor y defensor cuando se revelaron sus polémicos vínculos con el extinto empresario Alfredo Yabrán, acusado de haber mandado asesinar al fotógrafo José Luis Cabezas. Pero el flamante obispo no reniega de sus afectos ni tampoco su relación con Yabrán.

Alfredo Heck, el primer sacerdote de la diócesis de Iguazú fue el encargado de pedir que se lo ordene obispo. La bula de Benedicto XVI nombrando a Martorell fue leída por el presbítero Nelson Dellaferrera, integrante del Consejo Académico de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Católica Argentina. La ceremonia culminó pasadas las 22, con una recorrida de bendición de Martorell junto a los consagrantes, con el saludo de los fieles.

“Me voy triste”
El contenido de la carta dejada por Joaquín Piña para su despedida sorprendió a más de uno. Es que el texto no solo hablaba de los 20 años pasados en Iguazú y el rutilante triunfo en la incursión política contra la reforma constitucional. “Agradezco al Santo Padre que aceptó mi renuncia.

Lo quiero mucho y saludo al nuevo obispo, el padre Marcelo. Rezaré por usted para que sea realmente el buen pastor que esta Iglesia tan linda se merece”. “Pero me voy triste, no porque me voy, sino porque no me gustan, me duelen mucho ciertas cosas que suceden en la Iglesia”, cuestionó.

Martorell se negó a que la carta sea leída ante el público. El cambio de rumbo es evidente y pretende tener un perfil menos confrontativo que su antecesor. Se abrazó con el gobernador salteño Juan Carlos Romero y le envió “afectuosos saludos” al misionero Carlos Rovira.



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