Buscan el perfil del nuevo Papa

Comienzan los debates entre los cardenales. Primero quieren definir si habrá un giro aperturista. Y, después, quién será el hombre que conducirá la Iglesia. Mañana comienza el preconcilio durante el cual analizarán la situación. Es el paso previo para la elección que se iniciará el lunes 18. La frase favorita que se intercambian sonriendo los cardenales que ayer participaron de la sexta congregación de la sede vacante es: “Hay que mirar por la ventana.” Y si miran ven la ventana con las persianas abiertas, en el tercer piso del Palacio Apostólico, por donde se asomó durante 26 años y medio Juan Pablo II. El viernes, el supercardenal conservador Joseph Ratzinger, decano del Sacro Colegio, guardián de la ortodoxia católica en total sintonía con su amigo Karol Wojtyla, dijo elevando la mano derecha en dirección a los aposentos papales, que “desde la ventana del Padre, el Santo Padre nos mira y nos bendice”. O sea que la ventana es la metáfora de este Cónclave que se iniciará a las cuatro y media de la tarde del lunes 18. ¿Qué es lo que se ve desde ella?

En primer lugar, los tres millones (cifras oficiales) de fieles que poblaron la urbe en la semana que termina para ver a Juan Pablo II en la capilla ardiente y seguir sus funerales. Muchos eran jóvenes. Este es un testimonio y el patrimonio de un mensaje. Un analista candiense dijo que, como en el caso del Che Guevara, el personaje es más popular que sus ideas. Ideas rígidamente tradicionalistas en el caso de Karol Wojtyla y de sus colaboradores, como Ratzinger, su vicario en Roma, el cardenal Camillo Ruini; el secretario de Estado, cardenal Angelo Sodano, y otros.

La llamada “herencia Wojtyla” está presente en el precónclave de los cardenales y en el Cónclave que se iniciará el lunes 18. Los purpurados entrarán de lleno, en la semana que comienza, en el análisis de la situación general de la Iglesia en el mundo y de sus experiencias personales como pastores. De la descripción y los diagnósticos deben emerger cuáles son las prioridades a enfrentar y de allí cuál el es mejor perfil del nuevo Pontífice, encargado de guiar una nueva era que comienza.

La conducción central de la Iglesia está en manos de un grupo de ancianos conservadores, identificados con las ideas de Wojtyla. Ellos creen que los problemas coyunturales más serios que afronta la Iglesia pasan a través del meridiano Europa.

Piensan que el Viejo Continente se descristianiza rápidamente. En Francia caen los bautismos, los casamientos en la Iglesia, la asistencia a misa. Crecen los divorcios, la convivencia sin casarse, los abortos y, sobre todo, la indiferencia religiosa y la secularización. El caso francés es el paradigma que se repite en otras naciones. La católica España sufre el embate del socialista Zapatero, que la Iglesia vive a veces como un émulo de Bin Laden, apoyado por la mayoría de los españoles.

En Italia ha crecido el sentimiento de religiosidad, aunque los italianos siguen pronunciándose en favor del divorcio, aborto, anticonceptivos, la convivencia antes o sin el matrimonio y el respeto por los homosexuales practicantes. Es la Europa que no quiere reconocer en el preámbulo de la Constitución de los 24 miembros las raíces cristianas. Juan Pablo II se empeñó dos años hablando todas las semanas del tema. Y no le hicieron caso.

Europa, pues, es el principal problema para los conservadores que guían la Iglesia. Y son dos los cardenales más dotados de autoridad y visiones los que proponen mantener a la Iglesia de Roma en el centro de la escena, como logró Wojtyla. Uno es el alemán Ratzinger, 78; el otro es el vicario del Papa en Roma, cardenal Camillo Ruini, 72.

El vaticanista de Il Espresso, Sandro Magister, sostiene que ambos produjeron análisis que trazan escenarios presentes y futuros de la Iglesia y del mundo. Y los dos ponen en el centro de esa geoestrategia a la vieja Europa.

En el fondo los conservadores temen perder el control que han mantenido siempre los europeos. Al Cónclave, que se iniciará dentro de ocho días, entrarán 58 cardenales europeos. La mitad más uno de los purpurados, que serán 115, después que el filipino Jaime Sin y el mexicano de Monterrey Alfonso Suárez Rivera anunciaron que no viajarán a Roma por razones graves de salud.

“El Papa o será europeo o será latinoamericano”, dijo ayer a Clarín un veterano diplomático que estuvo en los funerales y habló con varios cardenales claves. En sus conclusiones, Ratzinger ocupará el centro de la escena del Cónclave. Que si no es el nuevo Papa será al menos el principal Gran Elector, como ya le ocurrió cuando concurrió a la candidatura del polaco Wojtyla en el dramático cónclave de octubre de 1978, bloqueado tras la cuarta votación por el choque entre los italianos Giovanni Benelli, liberal de Florencia, y el ultraconservador Eduardo Siri, de Génova.

El diplomático dijo que en el entorno de Ratzinger creen que la principal contra que tiene el cardenal alemán es su avanzada edad de 78 años, que es la misma que tenía Angelo Roncalli, patriarca de Venecia, cuando en 1958 fue elegido Papa con el nombre de Juan XXIII.

“Si no es Ratzinger probablemente el nuevo Papa será un italiano”, dijo la fuente diplomática. Los primeros dos nombres que vienen a la mente son los de Dionigi Tettamanzi, 71, el más progresista de los conservadores, arzobispo de Milán, y Angelo Scola, 64, patriarca de Venecia, un conservador con apoyo entusiasta de Comunión y Liberación, al que pertenece, y el Opus Dei, al que también entusiasma Ratzinger.

Pero a esta altura hay que agregar a otro aspirante: Camillo Ruini, 74, que lidera su propio grupo de cardenales. Ruini apoyaba antes a Tettamanzi, pero ahora está convencido de que él mismo es lo mejor que puede pasarle a la Iglesia.

Entre los no italianos pero sí europeos sobresale el arzobispo de Viena, cardenal Christoph Shoenborn, discípulo favorito de Ratzinger pero que recién ha cumplido 60 años. Schonburn no es un conservador sino un centrista.

Fuera del continente europeo son los latinoamericanos los que suscitan el mayor interés. Hoy hay sólo dos candidatos con más posibilidades. El jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, 68, cuya imagen sigue creciendo, y el hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga, 62. La candidatura del favorito hasta hace poco, el arzobispo de San Pablo, Claudio Hummes, 70, se ha hundido en las peleas entre los cuatro cardenales brasileños y el apoyo demasiado proclamado a Hummes por el presidente brasileño Lula Da Silva, quien lo llamó “el compañero don Claudio”, alarmando a una buena parte de los purpurados. (Clarín).




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