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La trama de un crimen mafioso donde nada es lo que parece

La víctima dijo que iba a Corrientes a buscar sitios para filmar, pero creen que fue a Paraguay a lavar plata. El sospechoso de asesinarlo tenía doble identidad. Dijo ser su secretario, pero en realidad sería su jefe.
Apenas llegaron al yate, los oficiales de Prefectura notaron que algo andaba mal. Acababan de encontrar a su propietario diez kilómetros río abajo, flotando y con más plomo en el cuerpo que el que soporta un ser humano, pero allí nadie parecía preocupado. Su secretario privado y una acompañante hacían esquí acuático alrededor de la embarcación, mientras que en cubierta estaban el cocinero y dos desconocidos. Debajo había 3.000 dólares, algo de cocaína, marihuana y un gran misterio.

Los dos desconocidos no eran tales, sino un oficial subinspector y un cabo de la División Antisecuestros de la Policía Federal. El cocinero, Luis Alberto Ramírez, no sabía preparar nada que no fuera una paliza para quien se acercara; era, se supo después, un guardaespaldas. El secretario privado usaba identidad falsa, lo buscaban en Paraguay por un doble crimen y era, en verdad, socio o tal vez jefe del muerto. Nada era lo que parecía alrededor del hombre que había aparecido flotando en el agua, Claudio Nozzi.

Todos, incluidos los policías, fueron detenidos aquel día, el viernes de la semana pasada. La chica que hacía esquí con el falso secretario privado intentó zafar con el argumento de que sólo era la inocente y engañada protagonista de una película que iba a filmar Nozzi. Pero ahora se cree que también ella usa nombre falso y que acompaña al grupo desde hace tiempo. Hasta el yate, el más auténtico indicador del buen pasar de Nozzi y compañía, es una fachada: nunca lo terminaron de pagar. Lo único que parece cierto es una gran simulación, que se supone montada para cerrar un negocio aún en sombras.

El simulador principal, creen los investigadores, es el hombre que hacía esquí acuático aquella mañana, el que se presentó como secretario privado y en realidad vivía en el lujo: Luis Raúl Menocchio (42), el prófugo al que sus conocidos le pusieron el cariñoso apodo de «El Gusano». Capaz de borrarse las huellas digitales con una operación, someterse a cirugías estéticas para cambiar de apariencia, y de cruzar la frontera con distintos nombres, él parece ser la clave del caso.

El asesinado Claudio Nozzi (46) lo conoció hace unos años, cuando trabajaba como gerente de ventas de las señales Fox y HBO y Menocchio manejaba una turbulenta empresa de TV por cable en Paraguay. «El Gusano» había llegado a ese país luego de quedar involucrado en una estafa al ex Banco de Misiones.

En Asunción del Paraguay, Menocchio se asoció con el formoseño Eduardo Maciel (57) en el negocio del cable. Pero pronto empezó a tener problemas por supuestas estafas —se habla de engaños con autos de lujo y distintas mansiones— y con piratería en la empresa de tevé. Cerró esta compañía, puso una agencia de seguridad y se compró un avión.

Ya se hablaba de drogas y fiestas sexuales cuando, en la noche del 15 de agosto de 2004, Menocchio fue con una mujer al bar de Maciel en Asunción, «Puerto Madero». Jugaron al billar y hablaron de una deuda de 300.000 dólares que había entre ellos.

Los testigos vieron que Menocchio se fue del bar ya de mañana con su 4×4, su chica, «El Gordo» Maciel y la pareja de éste, Graciela Méndez (22). Los últimos dos volvieron a ser vistos el 27 de agosto, cada uno metido dentro de un tambor metálico sellado con cemento y arrojado en un arroyo en las afueras de Asunción. Sus cuerpos habían sido perforados con un calibre 22.

Dicen que desde entonces Menocchio invitaba a sus conocidos a «dar una vuelta» en 4×4 y se reía. El 9 de setiembre ordenaron su captura, pero él ya era Hugo Jara. Viajó a México, se hizo cirugías estéticas, borró sus huellas, se tiñó de rubio y se mudó a Buenos Aires, a casa de Nozzi, en el barrio cerrado «La Colina».

Desde entonces se presentaba como su «secretario». El 28 de febrero zarpó de Buenos Aires en el yate Trasulag II, con el capitán Vicente Astorga. Luego se sumaron Nozzi, el falso cocinero Luis Ramírez, la falsa actriz Silvia Heredia (¿es la chica que acompañaba a Menocchio en el bar de Asunción?) y el falso objetivo de buscar locaciones para una película de Nozzi.

Al llegar a Corrientes, los simuladores se alojaron en el Hotel de Turismo. De allí surge un dato clave: Menocchio durmió en una suite, mientras que Nozzi y el resto fueron a habitaciones comunes. En el yate pasaba lo mismo: el camarote principal, en suite, era de «El Gusano».

En el mismo Hotel de Turismo estaban alojados dos policías de la Federal, abocados a la búsqueda del secuestrado estudiante Cristian Schaerer. Los simuladores dejaron sus habitaciones el 7 de marzo y se sabe que Nozzi pasó esa tarde en Paraguay. Lo que no se sabe es qué hizo.

El grupo se reunió en el yate, anclado en el kilómetro 1.325 del Paraná. Anclado diez kilómetros más abajo apareció, a las 19.40 del 10 de marzo, el cuerpo de Nozzi. Tenía cinco tiros calibre 22, estaba atado con cadenas y candados y se supone que su asesino pretendía que así su cuerpo no se viera. Algo falló.

A la mañana siguiente, Prefectura llegó al yate. Menocchio y Heredia hacían esquí acuático con un gomón, mientras los mismos dos policías de la Federal que habían estado en el Hotel de Turismo estaban en cubierta.

Todos fueron demorados en la Subprefectura Itatí. Los policías explicaron que en la tarde del jueves habían recibido desde Buenos Aires una denuncia por la desaparición de Nozzi (la presentó su ex esposa) y que, como pensaron que era un secuestro, lo rastrearon hasta el yate. Allí llegaron el jueves de noche. Y se quedaron a dormir, a esperarlo.

En Prefectura sostienen que los policías nunca avisaron de esto, mientras que los federales dicen que sí lo hicieron. Los liberaron tras varias horas, lo que motivó peleas en los altos mandos de estas fuerzas. La investigación aún no está satisfecha en este punto.

Heredia, Ramírez y Menocchio siguen presos. «El Gusano» dijo que Nozzi fue a Paraguay para lavar 10 millones de dólares. Y que su asesinado socio Maciel se quedó con 100 millones que iba a lavar. Negó ambos crímenes, pe ro ya se determinó que él compró las cadenas que ataban al productor. El juró que eran para el yate pero dejó dudas porque, se sabe, nada es lo que parece. (Clarín).

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