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Caso Baseotto: el Vaticano habla de violación a la libertad religiosa

Lo hizo a través del vocero del Papa, Joaquín Navarro Valls. Advirtió que impedir actuar «a un obispo nombrado legítimamente» sería atentar contra la libertad de culto. El Gobierno rechazó la acusación.
El Vaticano subió la apuesta en su enfrentamiento con el presidente Néstor Kirchner por el destino del obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto. La Santa Sede le replicó con dureza al mandatario por su decisión de quitarle el aval a Baseotto y dejarlo fuera del cargo. Por boca nada menos que del vocero del papa Juan Pablo II, el español Joaquín Navarro Valls, advirtió que, si se impidiese al religioso el ejercicio de su ministerio pastoral, se estaría frente a «una violación de la libertad religiosa».

El Gobierno, a través del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, salió a responderle. El funcionario rechazó que la Casa Rosada esté violando la libertad religiosa. Puntualizó: «Monseñor Baseotto ha tenido una serie de expresiones que el Poder Ejecutivo consideró poco felices». Esto llevó a que Kirchner anulara el viernes el decreto de su designación, de 2002, le sacara el rango de subsecretario y le quitara el sueldo. O sea, para el Estado, Baseotto no es más el obispo castrense.

La gravedad que la curia romana le otorgó al conflicto no sólo quedó patentizada por el derecho que, a su juicio, se podría llegar a violar (un derecho, dicho sea de paso, muy caro a la Iglesia Católi ca). Sino también porque la reacción se conoció a través del vocero papal, que no suele referirse a cuestiones de la Iglesia en cada país, y mucho menos en base a informaciones periodísticas. El mismo lo reconoció: «Habitualmente no hago comentarios sobre noticias de prensa», dijo.

Como ocurre habitualmente, cada palabra de Navarro Valls estaba calibrada milimétricamente. El vocero, al referirse a «las medidas del Presidente que anuncian las agencias de noticias respecto a monseñor Baseotto», anticipó que el Vaticano «queda en espera de una comunicación oficial de la parte argentina al Pontífice, que lo nombró obispo castrense». Una elegante manera de decir que cuando Kirchner le quitó el aval a Baseotto, primero lo anunció públicamente en vez de comunicarlo antes a Roma.

A continuación, vino el párrafo más jugoso. «Obviamente, si se impidiese ejercer el ministerio pastoral a un obispo nombrado legítimamente por la Santa Sede, según las normas de derecho canónico, y de los acuerdos vigentes, nos encontraríamos de frente a una violación de la libertad religiosa, además de los mencionados acuerdos», dijo Navarro Valls. Mañana el Gobierno informará oficialmente a la Iglesia sobre el retiro del aval al obispo.

La otra reacción contraria a la decisión presidencial llegó de la cúpula del Episcopado, que hasta ahora había guardado silencio frente al caso Baseotto. Pero fuentes eclesiásticas dijeron que la gravedad de la medida exige tomar posición. En un breve comunicado, la considera «apresurada y unilateral». Lamenta, además, que «desde su inicio y hasta el momento este conflicto, librado a la competencia de los medios, no haya sido atendido con la prudencia que merecía».

Ahora, el centro de atención de la Iglesia será ver si Baseotto podrá realizar los oficios de Semana Santa. El martes debería oficiar la misa crismal. El comunicado lo da a entender: «Deploramos que esta determinación (…) entorpezca, precisamente en estos días de Semana Santa, el desarrollo del ministerio de que la Iglesia encomienda al obispo castrense». Los obispos llaman, además, al diálogo. Y advierten que puede haber «intenciones encubiertas» que busquen profundizar el conflicto.

Ayer, el ex presidente Eduardo Duhalde —que prestó en su momento el acuerdo para la designación de Baseotto— consideró «absolutamente correcta» la decisión de Kirchner. Y declaró inadmisibles los dichos de Baseotto.

El obispo había sugerido —en base a una cita bíblica— que el ministro de Salud, Ginés González García, merecería que «le colgaran una piedra al cuello y lo arrojaran al mar» por declararse a favor de la despenalización del aborto y el reparto de preservativos entre los jóvenes ante el sida. Esto llevó a Kirchner a solicitar su remoción al Vaticano, que rechazó el pedido. (Clarín).

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