Buscando la verdad sobre la represión ilegal

La Justicia Federal investiga el secuestro y la desaparición del ingeniero Alfredo González, docente de la UNaM, durante la dictadura en 1978. Se identificó ya un Centro Clandestino de Detención y a policías y militares involucrados en la represión ilegal. [su_note note_color=”#cdcdcd”]La picana y los golpes con toallas mojadas eran moneda corriente en “la casita de los mártires”, según los diversos testimonios que pasaron por la Cámara Federal de Apelaciones durante el año.[/su_note]El Juicio por la Verdad, abierto en la Cámara Federal de Apelaciones de Posadas, para conocer el destino que sufrió el ingeniero químico y docente de la UNaM, Alfredo González, detenido durante la dictadura militar y desaparecido desde entonces, permitió ya establecer que el académico murió durante una de las salvajes sesiones de tortura, y a la vez posibilitó establecer la existencia de un Centro Clandestino de Detención (CCD) conocido como “La casita de los Mártires”, un destacamento de la Policía Provincial ubicado en cercanías del arroyo homónimo y del aeropuerto posadeño, por donde pasaron decenas de presos políticos misioneros.“Él murió delante mío”. El testimonio de Miguel Alejo Holowaty, del 6 de diciembre pasado, fue determinante en la investigación para conocer el final del docente universitario. Holowaty, oriundo de Leando Alem y hoy residente en Asunción, Paraguay, conoció al ingeniero González a través de su hermano, que era propietario de una fábrica de productos de limpieza llamada “Multibrill”, donde el académico se desempeñaba como químico.Según el testigo, reconoció a González en el CCD de las afueras de Posadas, y la última vez que lo vio con vida lo observó muy maltratado, con heridas purulentas y rodeado de un enjambre de moscas verdes.Holowaty no fue el único que sostuvo, en la causa que tramita el expediente 1-531 / 04 , que el docente de la UNaM murió cuando era picaneado sobre el elástico metálico de una camita que había en una de las dos precarias habitaciones que constituían el CCD “casita de los mártires”.Ya en la anterior ronda de testimonios ante el juez federal Ramón Chávez, el correntino Mario Alfredo Marturet, compañero de militancia del ingeniero González en la Democracia Cristiana, había señalado que su amigo “murió durante una sesión de tortura”. Lo mismo afirmó el comerciante Moisés Hassan a la jueza Analía Cáceres, el 6 pasado, atribuyéndole la versión al fallecido obispo Jorge Kemerer, a quien se lo habrían informado fuentes vinculadas al gobierno provincial de entonces.Alfredo González estuvo detenido en dos ocasiones. Primero, en la misma noche del golpe de 1976, y pasó seis meses entre Candelaria y Resistencia. La segunda, fue en 1978 y es la que investiga el tribunal tras la denuncia presentada por su hermana, María Amelia González.negrita/Torturas y torturadores/negritaLa picana y los golpes con toallas mojadas eran moneda corriente en “la casita de los mártires”, según los diversos testimonios que pasaron por la Cámara Federal de Apelaciones durante el año. La falta de comida y las violaciones a las detenidas mujeres eran también parte del trato. “Una vez me ofrecieron comida y me pasaron un hueso por la boca y un trapo mojado”, contó el brasileño Fabiano Gómez da Silva, desde aquella época radicado en Misiones.“Nos ponían picana hasta que nos tragábamos la lengua”, testimonió Holowaty, argumentando que “la cabeza me quedaba caliente por varios días”.”Te vamos a dejar como para que no puedas tener un hijo”, le dijo a Graciela Franzen el entonces subjefe de la Policía de la Provincia, Juan Carlos Ríos, mientras era picaneada en los genitales en mayo de 1976.Franzen, hoy delegada provincial del INADI, tenía 21 años y era estudiante en la facultad donde había sido docente el ingeniero González.De los testimonios de Holowaty, Franzen, Marturet, Héctor Montejano, Gómez da Silva, y el comerciante Hassan, surgieron también los nombres de quienes pudieron estar detrás del secuestro y el asesinato del ingeniero González y otros muchos presos políticos hoy desaparecidos.Julio César Leumann y un ingeniero de apellido Colombo, académicos de la UNaM, fueron señalados como mentores intelectuales de la detención de González, a quien definían como “un zurdito” y contra quien alentaron varios panfletos descalificatorios.Los policías Ríos, Miguel Ángel Silvero, el tristemente célebre “comandante Puma”; Juan Carlos Lezcano, Papachón Maciel, el “facha” Castillo, los suboficiales “Polaco” y “Ruso”, y Bruno Rejálaga, que hoy estaría desempeñándose como responsable de la seguridad de la Cámara de Diputados de la Provincia, son algunos de los verdugos identificados por las víctimas en las cuatro rondas de testimonios que se realizaron en el marco del juicio que trata de establecer qué pasó con el ingeniero González luego de su secuestro en 1978. Se sabe que murió mientras era torturado, pero todavía resta identificar a los responsables.



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