Hincha de Banfield, padre de cinco hijos y amante del mar

El perfil de Eduardo Duhalde Eduardo Duhalde se convirtió anoche en Presidente de la Nación, aunque que seguramente no como lo soñaba el 24 de octubre de 1999 cuando compitió en las urnas con Fernando de la Rúa y mucho menos poco después cuando anunció que se alejaba de la política para retornar a su cátedra universitaria. Después que el PJ perdió las elecciones del 99 frente a la Alianza, en efecto, Duhalde anunció que volvería a dar clases de Derecho en la Universidad de Lomas de Zamora y reabriría la inmobiliaria en la calle España al 200 de esa ciudad bonaerense, aunque nunca se alejó verdaderamente de la actividad política. Hasta tal punto fue así que, pese a que concretó el regreso a la Universidad y reabrió su inmobiliaria, nunca abandonó la jefatura del PJ bonaerense ni la titularidad del Congreso Nacional partidario y, mucho menos, la disputa interna que siempre mantuvo con el ex presidente Carlos Menem. Pasados dos años de la derrota de 1999, «el Cabezón» o «Tachuela», como lo llaman sus amigos, se consagró el 14 de octubre último senador nacional por la provincia de Buenos Aires, con una mayoría aplastante sobre la Alianza, que alcanzó a poner en la Cámara alta al ex presidente Raúl Alfonsín. A partir de ese momento, la debacle de la Alianza se precipitó y, con la crisis institucional derivada de la renuncia de De la Rúa, las aspiraciones presidenciales de Duhalde volvieron a primer plano y se hicieron sentir en el debate interno del justicialismo. Nacido bajo el signo de Libra hace 58 años, Duhalde se casó con Hilda «Chiche» González en 1971. La había conocido mientras trabajaba de guardavidas en una playa de Pinamar, su ciudad preferida para veranear y donde disfruta de otra de sus pasiones, la pesca, preferentemente de tiburones. Duhalde es padre de cinco hijos -Juliana, Analía, María Eva, Agustina y Tomás-, hincha de Banfield, en cuyo estadio suele ocupar un modesto palco, y experto nadador, aunque esa relación especial con el mar pasó por la dura prueba de un accidente que sufrió al salir a pescar en Pinamar. El 19 de diciembre del año pasado Duhalde fue rescatado en altamar luego de pasar más de seis horas a la deriva, porque la embarcación en la que navegaba junto a su hijo Tomás y otras cuatro personas sufrió un desperfecto y perdió todo tipo de contacto con los controles de la Prefectura Naval. Su esposa, «Chiche», siempre tuvo un lugar relevante en el proyecto político de Duhalde. En 1997, en los comicios legislativos en los que el justicialismo fue derrotado por la Alianza, ella ocupó el primer lugar en la lista de diputados, a la par que conducía el área clave de la política social en el distrito y le daba forma a su proyecto de «manzaneras» que la acompañaban en su tarea en la provincia. Por entonces Duhalde ya acreditaba una vasta trayectoria política. Lejos estaba su graduación como abogado y escribano, en 1970, y la puerta de entrada a un cargo público, desde las filas del sindicalismo. Eso sucedió cuando trabajaba en el departamento de Asuntos Legales de la Municipalidad de Lomas de Zamora. En 1971 comenzó a militar activamente en las filas del Partido Justicialista de esa comuna del sur del conurbano bonaerense. Fue en el ’73 cuando ocupó su primer cargo político como concejal en su ciudad y un año más tarde, con la comuna en estado de acefalía, asumió como intendente interino, cargo del que fue destituido en 1976 por el golpe de Estado con que se inició la última dictadura. Durante los años del régimen militar, Duhalde y su mujer se refugiaron en el negocio inmobiliario. «Se nos ocurrió poner una inmobiliaria y nos fue increíblemente bien», suele recordar Duhalde cuando se le pregunta por esa etapa. Con la vuelta a la democracia, en la elección de 1983 volvió al cargo de intendente de Lomas, en 1987 ganó una banca en la Cámara de Diputados por la provincia de Buenos Aires y más tarde fue nominado vicepresidente primero de ese cuerpo. Se acercó a Carlos Menem en los años ’80, cuando fracasaron sus negociaciones con la renovación peronista. La asociación resultó un éxito: ambos ganaron la interna partidaria y en 1989 llegaron a la presidencia y vice de la Nación, venciendo con gran amplitud a un radicalismo muy golpeado por el deterioro final de la gestión presidencial de Alfonsín. Sin embargo, en 1991 renunció al cargo de vicepresidente, con el visto bueno de Menem, para probar suerte en un distrito clave, la provincia de Buenos Aires, donde ganó cómodamente en ese mismo año y desde el cual comenzó a proyectarse para la candidatura presidencial. Esa aspiración quedó trunca en 1999, cuando, escoltado por Ramón Ortega, perdió los comicios a manos de la Alianza UCR-Frepaso que por entonces ganaba fuerza con las promesas de cambiar el modelo económico y combatir la corrupción, entre otras. Aun derrotado y con promesa de retiro, Duhalde ya había amasado un enorme capital político y construido una red que le permitió sortear, dos años después, el designio según el cual los ex gobernadores de la provincia de Buenos Aires no podían sentarse en el sillón de Rivadavia.

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