Se abren nuevas e innumerables oportunidades para el aprovechamiento de la ciencia con fines productivos, al tiempo que cambian la estructura del sector y los patrones y requerimientos institucionales para el desarrollo tecnológico. En este escenario las relaciones entre agricultura e industria se vuelven mucho mas estrechas y significativas, y la dinámica y el éxito del desarrollo tecnológico agropecuario pasa por la existencia de mecanismos que posibiliten y potencien un efectivo relacionamiento entre el sector público y el privado. En la Argentina estas realidades tienen una dimensión especial dado el peso gravitante que el sector agropecuario tiene en el conjunto de la economía, no solo en términos de la oferta de productos primarios de exportación e insumos para un vasto y diversificado espectro industrial, sino también, por sus encadenamientos con los sectores productores de insumos y bienes de capital y la demanda final de alimentos. Procesos de cambio estructural implementados han permitido reposicionar la economía nacional para aprovechar estas nuevas oportunidades, lo cual supone una mayor integración a los mercados internacionales y la adopción de reglas de juego basadas en la creación de ventajas competitivas dinámicas sustentadas en capacidades tecnológicas y gerenciales crecientes. Se han realizado desde hace muchos años, inversiones para desarrollar una infraestructura de apoyo científico y tecnológico a la agricultura y la agroindustria. El INTA cuenta a estos efectos con una masa crítica de investigadores e infraestructura científico-tecnológica de primer nivel y probada experiencia, la cual constituye un inmejorable punto de partida para encarar con éxito las demandas de esta nueva etapa. En estos últimos años estas capacidades se han visto incrementadas y fortalecidas por la paulatina flexibilización de la estructura organizativa y operativa del INTA, particularmente en lo que hace al aumento de las actividades conjuntas con los sectores empresariales, a través de la modalidad de Acuerdos y Convenios con diversos sectores relacionados, los cuales le han permitido incrementar su capacidad de negociación y gestión tecnológica, incorporando la dinámica privada a la actividad de investigación. La implementación de una propuesta que incluyera la posibilidad de optimizar las aptitudes y destrezas de vinculación institucional con las empresas, incluyendo la posibilidad de compartir el mismo ámbito físico con estas y asistirlas en sus necesidades tecnológicas, constituyó entonces para el INTA una lógica evolución de estos procesos de relacionamiento oportunamente iniciados, por lo que en el año 1999 pone en marcha a nivel nacional sus Parques de Innovación Tecnológica, para favorecer la innovación en el sector privado y dar mayor competitividad a las empresas, contribuyendo al desarrollo de nuevos productos, insumos, servicios y procesos. Acelerando la transferencia de tecnología y agregando valor a toda la cadena de producción. EL SECTOR PYME Y LAS ECONOMÍAS REGIONALES Estos Parques de Innovación Tecnológica aportan a la actividad agropecuaria en su conjunto una serie importante de beneficios, entre los cuales cabe señalar; el aumento de la velocidad de transferencia de conocimientos a los sectores productivos, mejor respuesta del sistema tecnológico por su complementación con las actividades empresariales, prestación de servicios tecnológicos altamente calificados, disminución de costos de generación de tecnología por la concertación en su generación y uso, mayor facilidad de acceso a los mercados y la promoción de actividades empresariales latentes. Para esto el INTA implementa igualmente una red de asistencia para las empresas relacionadas/instaladas, poniendo en funcionamiento Parques Tecnológicos en distintos puntos del país; tal el Centro Nacional de Investigaciones de Castelar, Pergamino y Balcarce, en Buenos Aires; Marcos Juarez en Córboba; La Consulta en Mendoza; Alto Valle en Rio Negro y Rafaela en Santa Fé. Cada uno de ellos con el concurso de sus propios recursos humanos, capacidades tecnológicas y facilidades para asistir a las empresas, favoreciendo al mismo tiempo la importante interacción empresa – empresa. A corto plazo se incrementará la capacidad de esta red con la incorporación de dos nuevas sedes en el NOA y NEA, lo que permitirá entonces al sistema de Parques Tecnológicos INTA estar presente en la mayor parte de las regiones del territorio nacional. Concretamente, los emprendedores y empresarios interesados en esta propuesta, encuentran: – Apoyo para la creación y consolidación de empresas de base tecnológica. – Espacio físico para la operación de incubadoras e instalación de empresas. – Soporte gerencial y de gestión tecnológica. – Facilidades para el acceso a laboratorios específicos e instrumental. – Asistencia para la búsqueda de oportunidades de mercado y el desarrollo de innovaciones en productos/servicios. – Vinculación con el sistema institucional de desarrollo e innovación tecnológica. – Capacitación empresarial en técnicas de marketing y gestión de estratégia empresaria. – Asistencia para el acceso al crédito. Esta novedosa experiencia del INTA – con un número importante de emprendimientos actualmente en marcha en sus diferentes unidades operativas – se suma a iniciativas similares existentes hoy dia en muchas partes del mundo, en las cuales los Parques o Polos Tecnológicos se han vuelto una especie de marca registrada de la investigación científica y tecnológica de alta calidad, en campos como la alimentación, la biotecnología, la electrónica y computación, la preservación del ambiente y los servicios calificados. Recientemente y como elemento de apoyo al conocimiento y desarrollo de su sistema en red de Parques de Innovación tecnológica, el INTA ha diseñado una web a la que puede consultársela en www.inta.gov.ar/pit






