Después del secundario, las opciones se presentan como un abanico en las ciudades más grandes de la provincia y son escasas en el interior. La Universidad Nacional de Misiones y las escuelas normales son las únicas con carreras gratuitas. Un informe completo sobre la oferta educativa misionera y de Encarnación Hay un refrán popular que circula y afirma que «el dinero no hace a la felicidad, pero cuando se va…bien que se la lleva». Aplicado al momento de decidir qué estudiar podría adecuarse en la expresión «el dinero no hace a la profesión…pero bien que la define». Tal es la encrucijada en la que se encuentran y se des-encuentran padres e hijos desde que «el nene o la nena» inicia el último año de la secundaria y se extiende hasta bien entrado el año siguiente, cuando en reuniones familiares y folletos de por medio, tratan de definir los pasos que seguirá quien decida «ser alguien en la vida». Qué estudiar, cuáles son las posibilidades, dónde es materialmente posible hacerlo y hasta dónde las expectativas de los jóvenes pueden ser satisfechas por el billetera de los padres, constituyen los interrogantes básicos que habrá que contestar antes de tomar una decisión en el núcleo familiar. En la Provincia «que supimos conseguir», las grillas vocacionales y las consultas con psicopedagogos y orientadores poco o nada ayudarían a definir el futuro de la mayoría de los jóvenes; más bien podrían contribuir con agravar el estado de incertidumbre y frustración que genera la certeza de «no poder estudiar lo que se quiere». Las opciones que se presentan en cada una de las localidades de la provincia no condicen con el promocionado «derecho a la educación pública y gratuita», ya que las ofertas, más allá de la Universidad Nacional de Misiones, el magisterio y el ingreso a las fuerzas de seguridad, cuesta dinero; cantante y sonante, de ese que hace rato insiste con escurrirse del hogar en tareas de salvataje para la luz, el agua, la comida de todos los días y la salud. Serás lo que debas ser o si no serás maestro El primer lugar en la lista de posibles carreras es el de los magisterios, aunque la moderna nominación insiste con la denominación de Profesorado para la Enseñanza Básica -EGB 1 y EGB 2-. La oferta de ingreso libre y gratuito está disponible en las escuelas normales diseminadas a lo largo del territorio provincial, con una matrícula anual que supera la capacidad de empleo disponible en las escuelas. Más por necesidad económica que por vocación, el ingreso a esta opción de proyección futura incierta se convierte en una salida motivada por la imperiosa necesidad de no quedarse con un certificado de terminación de estudios cuyo valor está seriamente cuestionado y que no garantiza ningún empleo. Obtener el título de maestro o profesor elemental lleva tres años de estudios, atravesados por las dificultades de lectoescritura básica que comienzan en la primaria -ahora EGB-, se acentúan en el secundario -ahora EGB 3 y Polimodal- y se agravan ante la necesidad de aprobar dos Lenguas y su didáctica. Quienes finalmente logren superar «esta selva que se atraviesa a machetazos» -como sostiene un graffiti escolar- verá los resultados evidentes de la sobreoferta que se manifiestan en las largas «colas» de egresados que pululan en las entradas de cada una de las secretarías escolares del interior y la capital. Desde las cuatro o cinco de la mañana, los «maestros» comunes, especiales y de Educación Física esperan entre plegarias, ruegos y favores especiales de por medio, escuchar el llamado divino de la secretaria o el secretario de turno que pronuncie la palabra mágica: hay una vacante en tal o cual escuela. Tras lo cual se espera con ansias que el convocado no esté presente en la fila del día, hecho que significará ser inmediatamente reemplazado por «el que sigue», es decir uno mismo. Entre lo público y lo privado La Universidad pública y gratuita, con aulas atestadas de jóvenes que buscan su destino, se volvió pequeña. Ante la demanda, y desregulación de por medio, la provincia se vio invadida de propuestas «educativas» y empresariales para todos los gustos, aunque para pocos «bolsillos». Universidades, institutos y academias incluyen en sus cartillas ofertas de carreras tradicionales o estudios a tono con los nuevos tiempos que se viven. El estudiante que no desee o no logre acceder a algunas de las facultades dependientes de la Universidad Nacional de Misiones en Posadas, Oberá, Eldorado -con subsede en San Pedro- o Apóstoles, podrá escoger entre las ofertas privadas donde deberá abonar cuotas que van desde 20 pesos hasta más de 400, según la cotización «del prestigio» o «buen nombre» de las instituciones que se establecieron principalmente en Posadas y se extendieron a algunas de las ciudades más grandes del interior. Otra de las posibilidades abierta y a la que se accede por vocación o restricciones económicas es la escuela de oficiales de la Policía. La escuela de Cadetes, ubicada en Villa Lanús, Posadas, prepara oficiales en una carrera que abarca la formación en materias básicas y específicas de la fuerza de seguridad. Los estudiantes cobran un mínimo sueldo mientras estudian y tienen un destino fijado apenas egresan. Gendarmería, Prefectura y Ejército también permiten el ingreso a la carrera de oficiales, para lo cual exigen un examen de ingreso en materias generales y uno de aptitud psico-física. En los tres casos, una vez superada la instancia de exámenes preliminares, los aspirantes debern trasladarse a otras provincias.







