El primer consorcio que vio el negocio fue bautizado como GEM (Generadora de Energía del Mercosur). Bajo sus siglas se esconden varios de los grupos económicos y de la construcción más poderosos de Argentina, Paraguay y Brasil Apenas los gobiernos de Argentina y Paraguay tomaron la decisión de impulsar Corpus, varios consorcios se anotaron en lista de espera. Es que el negocio de Corpus suena tan atractivo como la inversión que significa. La central se construirá por el régimen de iniciativa privada. Es decir, el consorcio adjudicatario deberá invertir los 2.800 o 3.000 millones de dólares (el monto podría incrementarse si se opta por construir una central para vender energía de punta) a cambio de la concesión de explotación comercial por tres décadas Al término de este plazo, el concesionario puede pedir una prórroga o el Estado incorporará la central como activo público para reconcesionarla. Con el reciente acuerdo para duplicar la venta de electricidad a Brasil y el llamado a licitación para una central complementaria de Yacyretá en el brazo de Aña Cuá, Corpus se ha convertido en una suerte de «vedette» que serviría para atender con prácticamente toda su producción la creciente demanda de consumo del vecino país. El primer consorcio que vio el negocio fue bautizado como GEM (Generadora de Energía del Mercosur). Bajo sus siglas se esconden varios de los grupos económicos y de la construcción más poderosos de Argentina, Paraguay y Brasil: Industrias Metalúrgicas Pescarmona (proveedora buena parte de las turbinas de Yacyretá); Techint; Impregilo (una de las ejecutoras de la obra civil de Yacyretá); Benito Roggio (el grupo económico considerado como el de mejor llegada al actual Gobierno) y Sade, la constructora que el Grupo Macri vendió a un hólding sueco cuando decidió mudar casi todos sus negocios al Brasil. Los socios paraguayos serían dos empresas (ya ligadas a la ejecución de Itaipú) vinculadas al grupo que maneja el ex presidente de ese país, Juan Carlos Wasmossy. Y por Brasil fueron reclutados la filial de la alemana Siemens; una subsidiaria de la multinacional ABB; Odebrecht y la Copres (Cooperativa de Electricidad del Estado de Paraná). Es decir que el consorcio no sólo ataría Corpus a sus intereses vinculados también al transporte de energía sino que también sumó un socio que puede considerarse el dueño del mercado cautivo del consumo eléctrico de uno de los estados sureños altamente industrializados de Brasil. El segundo grupo está integrado exclusivamente por corporaciones japonesas con alta especialización en industria electromecánica y también en la construcción: Mitsubishi; Toshiba; Hitachi. El trío nipón corre con otra ventaja, su cuarto socio es nada menos que el Banco de Tokyo, como agente de financiamiento del proyecto. Hay un tercer grupo que, sin embargo, habría dejado enfriar su interés inicial. Es la multinacional ABB (cuya filial brasileña ya forma parte de GEM) unida a la megacorporación Enron. Dicen que ésta última es la que ya no demuestra mucho interés en seguir en carrera por Corpus.







