El apoyo del gobierno local dará vuelta el resultado, estiman en la Nación. Se quiere evitar otro Yacyretá. Por eso habrá un severo estudio previo del impacto. El primer consorcio que vio el negocio fue bautizado como GEM (Generadora de Energía del Mercosur). Bajo sus siglas se esconden varios de los grupos económicos y de la construcción más poderosos de Argentina, Paraguay y Brasil. Los ecologistas anticipan su rechazo y el intendente de Corpus no quiere que su localidad se convierta en un pueblo fantasma [su_note note_color=»#cdcdcd»]El estudio será elaborado por los técnicos propuestos por Misiones; la Universidad Nacional de Misiones y la Comip. No se descarta la incorporación de consultoras privadas en cuestiones ambientales.[/su_note]En la Nación predomina la convicción de que con el apoyo del gobierno misionero esta vez el plebiscito por Corpus será una historia diametralmente distinta al revés de hace casi cinco años. Los técnicos ya se alistan para hacer un «profundo estudio ambiental» que debría estar terminado a mediados de año. Ya se habla de noviembre, un mes después de la consulta, como la línea de largada del proyecto que significará una inversión superior a los 3 mil millones de dólares. El mercado argentino y paraguayo no justifican por sí solos la construcción de la obra. Se necesita de alguna forma el compromiso de compra del Brasil. Para evitar la repetición de experiencias como el resultado plebiscito del ’96 en el que, dicen, predominó la desinformación sobre el proyecto, los técnicos de la Comip no quieren desembarcar en Misiones hasta tener terminado un estudio ambiental que revele cuál será el verdadero impacto de la nueva represa. El estudio será elaborado por los técnicos propuestos por Misiones; la Universidad Nacional de Misiones y la Comip. No se descarta la incorporación de consultoras privadas en cuestiones ambientales. «Si el Gobierno destraba una partida de un millón de dólares pendientes, quizás parte de esos fondos podrían ser aportados a la medición del impacto», reveló ayer una fuente de la Comip. La represa estaría ubicada en Itacurubí, aguas arriba de San Ignacio -a 65 kilómetros de Posadas- o en Pindoí, frente al puerto de Corpus. Anoche el gobierno provincial reunió a una comisión de asesores que cuenta con técnicos y políticos para impulsar la obra. Se llegó a la coincidencia de que se la apoyará si es beneficiosa para Misiones y se acordó el llamado a un nuevo plebiscito, que podría llegar a obviarse si hay un consenso de la comisión asesora, que representa a una gran parte del arco político y económico de la provincia. Impacto Ambiental «Estamos apremiados por el tiempo, porque si el plebiscito en Misiones se hará en octubre, para julio debemos tener terminado el diagnóstico» sobre las consecuencias de esta nueva represa, reveló ayer un experto de la Comip. El apuro, sin embargo, no significa improvisación. En la Comip, cuyos expertos ya asesoran a los funcionarios del Gobierno sobre las idas y vueltas del proyecto, aseguran que será un «estudio ambiental profundo» que debe servir como base para «esclarecer a los misioneros sobre las ventajas» de Corpus. Ésta es la carta fuerte sobre la que trabajarán los expertos para desplegar una fuerte campaña que apuntará a desvanacer el temor popular a una nueva represa. Saben que ahora corren con una ventaja que no tenían hace cinco años cuando el senador Julio Humada, por entonces hombre fuerte del PJ, lanzó el plebiscito provincial convocando a votar por el «No» de antemano. Una oposición a la que no tardaron en sumarse varias organizaciones ecologistas de la provincia. «Ahora las autoridades de la provincia son las que están muy interesadas en que el proyecto se ejecute», afirmó la fuente, un experto que pidió la reserva de su identidad por el prurito que suelen poner los técnicos al hablar de cuestiones de alto contenido político. Día «D» Eso no impide que en la Comip, por ejemplo, ya se hable del «Día D». «Si el plebiscito de octubre nos da luz verde para Corpus, es casi seguro que en noviembre comenzará la etapa licitatoria». Es que desde hace meses, cuando los presidentes de la Argentina y Paraguay firmaron la carta de intención para construir la represa, varios consorcios integrados por grupos nacionales e internacionales forman lista de espera para presentar sus ofertas. (ver aparte) Dentro del estudio ambiental también figurarán otras cuestiones sensibles como las mal llamadas «obras complementarias» un término acuñado durante las décadas en que los gobiernos y la conducción de Yacyretá -una represa que aún no pudo completar su nivel de embalse por esta causa- consideraban a las relocalizaciones y obras de infraestructura necesarias para atenuar el impacto como meras necesidades secundarias. «Lo importante es que se defina una política de expropiaciones para evitar lo que pasó con Yacyretá. Hay que saber de antemano qué tierras se expropian y qué zonas serán sujetas a relocalización. Lo bueno de Corpus es que no afectará zonas densamente pobladas y, además, como el río a la altura de Pindoí tiene zonas de costa alta -similares a lo que se conoce como un cañón- no se inundarán más de 7 mil hectáreas en Misiones», explicó la fuente. Otro de los puntos sensibles son las obras de saneamiento. La represa producirá un efecto de desaceleración de las aguas en todo el Alto Paraná, y una consiguiente aceleración del deterioro de la calidad del agua si las poblaciones río arriba siguen vertiendo deshechos sin tratamiento. «Pensamos que eso se solucionará con plantas locales de tratamiento de residuos cloacales, pero eso es algo que estará contemplado en el proyecto», dijo. Lo que nadie sabe, sin embargo, es cómo contener la afectación de la fauna ictícola. Yacyretá ya diezmó en forma alarmante la población de peces aguas arriba del dique. Y la experiencia con otras represas también demostró que aún no existe un método que permita asegurar la supervivencia de los peces.







