Aunque las acciones de minimización del impacto ambiental también incluirán las obras de saneamiento básico, hay un punto oscuro que sólo se podría resolver con una política de control mucho más dura que la actual. Es que actualmente ya es preocupante el escurrimiento de restos de agrotóxicos, desechos químicos y fertilizantes en los cursos de agua secundarios y las napas que vierten sus aguas al Paraná. Cuando la represa produzca el efecto de desaceleramiento del Paraná, se producirá un efecto de mayor acumulación de esos residuos químicos. Por ejemplo, si los registros de potasio fuesen elevados el río podría cubrirse de algas. Y si ocurriera lo mismo con otros elementos como el mercurio, se corre el riesgo de contaminación y serios daños a la salud de la población. En la Comip confiesan que ése es un problema imposible de solucionar con otra obra que no sea un control muy estricto por parte del Estado del manejo de los residuos químicos y restos de agrotóxicos; como también de los materiales que se vierten al río.







