Un pesticida dañino y en extinción

El bromuro de metilo se usa para el control de los patógenos de los vegetales originados en el suelo, aunque se centra en un reducido número de hongos y únicamente en los nematodos formadores de nódulos (Meloídogyne spp.). Según investigaciones realizadas en España (donde se acelera su eliminación como pesticida) incluso en algunos casos la aplicación del bromuro de metilo puede incrementar la severidad de patógenos tales como Pseudomonas solanacearum, Phytophthora spp., Olpidium radicale y otros organismos que no son controlados por el fumigante. También se destaca que existe un gran número de ejemplos donde la aplicación de bromuro de metilo no resuelve los problemas fitopatológicos. La eficacia del bromuro de metilo depende, además, de las condiciones del suelo, tales como pH, contenido de humedad, profundidad, materia orgánica, actividad biológica y temperatura. Existen alternativas para la mayoría de los usos del bromuro de metilo, que dependen del patógeno a controlar y del cultivo. Los productos o métodos alternativos viables no tienen que ser necesariamente idénticos al bromuro de metilo, pero deben ser eficaces y económicamente similares frente a aquellos patógenos que se controlan con bromuro de metilo. A corto plazo -dicen los estudios- las alternativas químicas proveerán el control necesario de los patógenos que actualmente se controlan con bromuro de metilo. Sin embargo, -concluyen- en el futuro, las alternativas no químicas serán las más sustentables. EFECTOS NOCIVOS Alrededor del 80% del bromuro de metilo aplicado al suelo pasa a la atmósfera y en la estratosfera contribuye a la destrucción de la capa de ozono. Aproximadamente entre el 30-40% de la destrucción del ozono total es atribuible a este producto. El bromo procedente del bromuro de metilo es unas 50 veces más efectivo como destructor del ozono que los átomos de cloro procedente de los CFCs. Ante la evidencia científica del impacto del bromo sobre la capa de ozono se han iniciado acciones legales y prácticas para la reducción de este producto. Hay que recordar que se han observado pérdidas superiores a un 40% en el agujero de ozono en el norte de Europa en el último invierno y esta reducción también afecta a la Antártida. Además de su impacto sobre la capa de ozono, el bromuro de metilo es tóxico para los seres humanos, afecta a los otros seres vivos, y contamina las aguas subterráneas, razones por las cuales se suprimió en Holanda. Por otro lado, el bromuro de metilo produce una disminución en la biodiversidad de los suelos; su uso en viveros de frutales y cítricos puede dar lugar a la eliminación de las micorrizas. La aplicación crónica de bromuro de metilo al suelo puede producir disminución grave en la diversidad y en la actividad enzimática de los suelos, creando en el futuro problemas en la descomposición de la materia orgánica y la aparición de nuevas enfermedades producidas por hongos y bacterias, al disminuir la actividad biológica y la capacidad de autorregulación de los suelos originando problemas de «cansancio del suelo» que son difíciles de explicar.

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