José Wipplinger critica la política económica porque no hay medidas concretas a favor de la producción, pero es optimista de cara al futuro. Su secreto para acumular una fortuna. [su_note note_color=»#cdcdcd»]Francisco José Wipplinger se define políticamente como de la bandera social, sin aclarar si es radical o justicialista.[/su_note]¿Alguien que empieza a los 12 años siendo ayudante de camionero puede tener una flota de camiones, campos, forestaciones y hasta un diario? Sí. La respuesta a esa pregunta se llama Francisco José Wipplinger (61) ¿El secreto? La intuición, la perseverancia. Esos es la llave del éxito para este empresario de origen paraguayo, pero que no quiere irse de la tierra colorada que lo adoptó. Francisco José Wipplinger es dueño de FJW transportes, con más de 90 unidades grandes y más de 200 en total, tierras, campos, forestaciones y el diario Primera Edición. «Ser empresario es como la filosofía, o la poesía, no se puede explicar, se hace», asegura. A los doce años ya recorría las rutas misioneras como ayudante de camionero. Trabajo duro por aquellas épocas en las rutas sin asfalto de la provincia. El andar sobre un camión, le privó de la escuela, pero agradece que le haya pasado eso, porque desarrolló un olfato para los negocios que no hubiera tenido con estudios y un análisis más profundos de las situaciones que le tocó enfrentar. Para don Pepi, como lo llaman, la escuela de la vida, también deja sus enseñanzas. Ya grande, asegura que no piensa en irse del país y tiene una visión distinta del capitalismo: las empresas andan bien cuando sus empleados viven con dignidad. Se define políticamente como «de la bandera social», sin aclarar si es radical o justicialista. «Esos fueron años de ahorro, pero a diferencia de otros, yo con mis ahorros me compraba una cubierta, para mantener el valor del dinero. Lo difícil fue comprar el primer camión, que fue cuando tenía 29 años mediante un crédito con el Banco Nación». «A los 20 tuve un camioncito viejo, pero quebré», rememora sentado en el elegante despacho que tiene en el diario. «Cuando empecé, era otro país, uno podía tomar créditos y ganar, por la inflación y la licuación de las deudas. El transporte es muy dinámico, se paga con los ingresos de la producción. ¿Cuántos camiones tiene su flota ahora? Ahora tengo más de 90 camiones grandes, pero casi 200 en total. El despegue fue en el 82, en medio de una gran recesión: cuando terminó la guerra, compramos 20 unidades y después, con la inflación, se licuaron las deudas, cuando estaba (Domingo) Cavallo en el Banco Nación. En el 89, la hiperinflación volvió a licuar todas las deudas que teníamos. ¿Cómo hizo para crecer? Nunca dejamos de apostar e invertir en la provincia. ¿Cómo ve la política económica actual? Ahora es muy mala y si no hay un cambio de timón, el blindaje no servirá más que para prolongar la agonía. Para poner en pie al país, hay que bajar los impuestos para que se pueda invertir y generar mayor mano de obra. Eso elevará los salarios y generar reactivación. Hasta ahora las medidas que he visto, no sirven para nada. ¿Es pesimista? Quiero ser optimista, pero no veo medidas concretas. ¿Cómo llegó a ser dueño de un diario? Me entusiasmé con una oferta y una propuesta de un amigo periodista, pero después me di cuenta de que no era tan fácil. ¿Está arrepentido? No, no estoy arrepentido, estoy contento, porque desde los medios se puede hacer mucho por la sociedad y por luchar contra la corrupción. ¿Es difícil la competencia con El Territorio, con 75 años de trayectoria? No es competencia, son otros estilos, pero además, la competencia es sana para la sociedad, porque todo monopolio es perjudicial ¿Cuántos empleados tiene actualmente? Cerca de 300 entre el diario, el transporte, y las demás empresas. ¿Cómo se lleva con ellos? Tengo buen trato con el personal, me gusta llevarme bien. Las empresas son de todos los que trabajan, lo que es de uno son los sinsabores y los placeres. Yo sólo soy un administrador que maneja el poder y cuando me muera, lo heredaré a mis hijos, que si lo saben manejar, lo mantendrán, sino, lo perderán. ¿Se arrepiente de algo a lo largo de su carrera como empresario? No me arrepiento de nada. Tata Dios me dio más de lo que podía pedir y estoy agradecido, empecé de la nada y formé una familia y una empresa. ¿Cómo define ser empresario? La lucha no es fácil, porque la empresa solo tiene sentido si todos los empleados pueden vivir con dignidad. ¿Le pesó no tener estudios? No, porque gracias a que no tuve la suerte de estudiar, desarrollé otras cosas. Si hubiera estudiado no hubiera desarrollado la intuición por ejemplo. ¿Cuánto valen sus empresas ahora? «El valor es lo que te pagan y nadie te quiere pagar lo que vale», se evade. ¿Cómo ve al país para crecer’ No hay reglas claras, no hay seguridad jurídica, no se puede invertir así. ¿Qué hace si le dan una moneda de un peso? La reinvierto, espero el crecimiento. Comprar cosas para crecer. ¿Espera que se revierta la situación? Si, espero que se revierta, dentro de un mes o en este año. Confío en la Argentina, porque el mal no es solo argentino, sino que viene importado de afuera. Tal vez nuestros hijos o nietos puedan verlo. Argentina dentro del continente tiene un buen nivel humano. Hay mucho por hacer.







