Una pelea chica

Nuevamente el radicalismo está a punto de enfrascarse en una interna que por los antecedentes inmediatos, puede ser de todo, menos beneficiosa para el partido. Ni los gestos de grandeza -como el de Mabel Gómez de Marelli- ni la decisión de Maurice Closs de resignar su puesto a manos de Mario Losada para que busque su segunda reelección y pueda seguir como vicepresidente del Senado parecen conformar a los ávidos de peleas por un cargo o un posicionamiento. La pelea simplemente se remite a los cargos más chicos, pero que tientan a muchos a meterse a la política y armar su estructura. Ni la presidencia del partido ni uno o dos diputados más interesan a la sociedad, a la que se promete un gran cambio o el bienestar extrañado. Ninguno de los dos cargos cambiará la vida de nadie, salvo a los propios protagonistas. Lo curioso de todo es que ambos sectores -los encuentristas y los renovadores- aseguran contar con encuestas favorables a la Alianza y herramientas para beneficiar a los misioneros. Las mezquindades de unos y otros, hacen que esas «propuestas» sean divididas en cálculos egocéntricos y se pierdan en agotadoras internas. El acuerdo nunca estuvo tan cerca, pero a la vez, nunca tan lejos. Poco aporta un consenso traído de los pelos y sirviendo a los intereses de los candidatos. El consenso debe servir a la sociedad y a lo que quieren los que dan los votos. Si no se apunta a eso, las urnas volverán a castigar a los candidatos del partido centenario, que, por ir divididos vienen de sucesivas derrotas. Y parece que no aprenden.

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