Diego Sartori dice que quiere cambiar la economía para que sirva a la comunidad. Dice que el secreto del éxito está en ser creíble y en servir a la gente. Se considera un patrón accesible y que está dispuesto a solucionar los problemas de sus empleados [su_note note_color=»#cdcdcd»]Empezó a trabajar a los 13 años. Pasó de los juegos infantiles y de un amor juvenil a las responsabilidades de un adulto, pero se enorgullece de haber empezado de abajo.[/su_note]Maneja la comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados, fue Subsecretario de Industria y Economía de la Provincia de Misiones. Sabe mucho de economía y sus ideas muchas veces molestan a «compañeros» y rivales en la política. Diego Sartori (42) piensa, como pocos, que «la economía debe estar al servicio del hombre». La empresa familiar es una de las más importantes de la provincia -Adolfo Sartori S.A- y tiene una flota de camiones con más de cien unidades, además de estaciones de servicio, tierras forestadas y sociedad. Tiene un capital superior a los seis millones de dólares y no vive de la política a pesar de ser uno de los diputados que mayor proyección tiene en el partido gobernante. Su fortuna la comenzó a amasar cuando apenas estaba entrando en la adolescencia. A los trece años pasó de los juegos infantiles y de un amor juvenil a las responsabilidades de un adulto. Y ahora, 29 años después, se enorgullece de haber empezado «de abajo». Casado y con 2 hijos, Diego Sartori quiere devolverle a Leandro N. Alem, el lugar que lo vio nacer, las cosas que el pueblo le dio. ¿Cómo empezó a trabajar en la empresa familiar? Empecé a trabajar a los 13 años. Mi padre nos llevó a mi hermano y a mi a colaborar en la empresa. En ese momento estábamos en plena construcción de las estaciones de servicio y yo era el encargado de la obra y el personal. ¿Cuándo se dedica de lleno a la empresa? Fue en 1976 cuando me metí de lleno a la empresa. En la estación de servicio de Santa Ana me quedé solo. Estuve diez años ahí. Fui playero, despachante, limpiaba los camiones. Empecé bien de abajo. Mi padre tuvo un rol muy importante en lo que aprendí. Con muchos errores al principio, que él tuvo que pagar, pero sirvieron para aprender. ¿Cómo fue el crecimiento de la empresa? Siempre quisimos expandirnos, empezamos por el área forestal, el transporte y sociedades con otras empresas de transportes y de combustibles. ¿No se arrepiente de haberle dedicado su juventud a la actividad empresaria? No, porque ahí nació mi vocación por la política, porque aprendés a hablar con las personas, a negociar, a buscar el consenso. Y con mi hermano siempre nos propusimos ser honestos y trabajar por el bien de la comunidad y de los empleados. Hoy por suerte, el grupo Sartori es una empresa importante que tiene entre 230 y 240 empleados. ¿Cómo se lleva con sus empleados? Me llevo bien, por suerte. Soy de acceso directo cuando tienen algún problema, a pesar de que hoy no estoy más en el directorio, porque pedí licencia para dedicarme a la política. Solo soy un accionista de la empresa, que la manejan otras personas del grupo familiar. ¿Qué perdió con la empresa, dedicándose de tan joven? Si, perdí mucho. Se pierde un poco la irresponsabilidad sana de ser joven, pero no me arrepiento porque creo en Dios y en el destino y el mío por ahí fue crear fuentes de trabajo. Pero se pierde esa irresponsabilidad de ser joven. ¿Cómo lo veían sus compañeros, trabajando de tan chico? Me veían muy ocupado y absorbido a los 18 años por la empresa, pero admiraban el trabajo. ¿Siguió estudiando después de terminar la secundaria? No, terminé la secundaria y abandoné la universidad al poco tiempo. Hice muchos cursos terciarios e incluso estudié en Washington, Estados Unidos. ¿Cómo está la empresa ahora? Es un momento complicado, como todos. Nos afectó mucho el MERCOSUR, por el combustible más barato en el Brasil y la compra de YPF por parte de Repsol. La empresa es una que trata de seguir estando aunque sea con ganar poco dinero. ¿Qué piensa de la economía actual? La economía globalizada se come al hombre y ese no debe ser el objetivo del hombre. Ahora todos tienen miedo de perder el trabajo, por la inestabilidad laboral y eso me preocupa. Quisiera cambiar eso como político. Si antes trabajábamos 14 horas para ganar, ahora tenemos que trabajar 20 para ganar lo mismo. La economía tiene que estar al servicio del hombre y hoy es al revés. Todos los extremos son malos, cuando se criticaba al comunismo se decía que era lo peor para el hombre, pero el capitalismo salvaje no es mejor y al pueblo no se le puede pedir más. ¿Lo afectó mucho la crisis? Este es un momento sin precedentes. A mi me gusta planificar la empresa, pero ¿cómo hacemos ahora los que queremos planificar? Yo no viví las crisis severas de la economía mundial, como el crack de la Bolsa en 1930, pero creo que este es uno de los peores momentos de la economía mundial. ¿Considera que el país puede crecer? Soy optimista, este va a ser un mejor año. Espero que el país y el gobierno se ponga a crecer para poder salir de esta larga recesión. Siendo empresario, cómo le nace la vocación política… La vocación siempre estuvo. Pero fui invitado por (Ramón) Puerta -presidente del Justicialismo misionero- cuándo él era diputado nacional. Y desde Alem comenzamos a pelear para lograr el ITC diferenciado para los combustibles en 1991. En el 94 acepté dedicarme a la política y pagué todos los derechos de piso: Fui concejal y gané las internas necesarias. ¿Se pierde mucho con la política? Sí…se pierde mucho. A pesar de que el grupo (Sartori) está armado, yo era una pieza fundamental y como no quiero ser mediocre en nada de lo que hago, me dedico tiempo completo a la política. Por suerte, cuento con un buen equipo en la empresa. ¿Cuál es el secreto del éxito como empresario? Ser creíble para la gente y cumplir lo que uno dice. Servir «a» y no servirse de la comunidad. ¿Qué haría si le regalan una moneda de un peso? La acepto, pero tiene que ser un regalo a cambio de nada. La voy a cuidar o invertir para solucionar algún problema de alguien.







