Insinuado apenas entre las primeras canciones, la negativa a la construcción de la represa se volvió poco a poco la palabra de la multitud La primera vez que desde el escenario se escuchó «no a Corpus», el aplauso fue la respuesta; la segunda tuvo un acompañamiento más numeroso, entre palmas, gritos y algunos puños en alto. Cuando la televisión había dejado de transmitir para todo el país, junto al repertorio más conocido por la multitud, la postura de Gieco fue asumida en forma de grito por los más de 10 mil asistentes al show: «No…a Corpus, no…a Corpus», como expresión unánime de los asistentes. Plebiscito adelantado del Alto Paraná o euforia y simple adhesión al artista popular, en la cancha de Sportivo Eldorado la gente además de cantar, saltar y aplaudir, hizo escuchar su voz. Chiapas, Pinochet, Las Madres de Plaza de Mayo, «los obreros que murieron en la lucha», los «desaparecidos de Uruguay, Chile y Argentina», los «asesinos, genocidas» y la «no depredación de la selva misionera» fueron los otros tópicos que abordó el discurso contestario de León Gieco durante más de dos horas, tiempo durante el cual tuvo el acompañamiento masivo en sus letras o el respetuoso silencio de los que escuchan a un ídolo. Los invitados El «sapucay» se desató con la entrada del «Chango Spaciuk» y su acordeón. Después vino el silencio, en momentos en que se concretaba el abrazo de voces entre el maestro y su discípulo más cercano, Abel Pinto. El joven llegó vestido de negro y con la imagen en celeste y blanco de las Islas Malvinas en el pecho; lo recibió el aullido generalizado de la platea femenina y la silenciosa expectativa que culminó en aplauso cerrado. Con código típicamente rockeros, brazo extendido al público y dedos en señal de amor, Andrés Giménez, del grupo A.N.I.M.A.L, llegó al escenario para desatar un tímido «pogo» en la parte central del campo de juego. En el cierre «para la televisión», a los invitados foráneos se sumaron los locales Hermanos Acuña, para una interpretación de «Sólo le pido a Dios» que en forma de plegaria colectiva comenzó en el escenario y alcanzó las gradas, donde se multiplicó. La invocación previa, en boca del juglar fue una especial dedicatoria destinada a «los desaparecidos de Argentina, Chile y Uruguay, a Chiapas, a los obreros que murieron en la lucha, a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.







