La SAGPyA responsabilizó a las restricciones comerciales de la Unión Europea

El subsecretario de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, Jorge Cazenave, afirmó ayer en España que las restricciones comerciales de la Unión Europea (UE), entre otras la de importar carne de ganado alimentado a pasto, «provocaron monstruosidades como la crisis de las vacas locas o el problema de las dioxinas». El funcionario dijo que la Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB), o mal de la vaca loca, se podría haber evitado si la importación de harinas vegetales hubiera sido «más barata» o con la compra de bovino de países en los que se garantiza la alimentación del ganado con hierba. El mal de la vaca loca tuvo su origen en el Reino Unido, sentenció, debido a que las reses ingerían alimentos elaborados con cadáveres de ovejas, y también se refirió al problema de las dioxinas, ya que en ambos casos «se trata de una alimentación a base de materiales propios de cloaca, en lugar de productos naturales». Para Cazenave, las restricciones comerciales provocan que los ganaderos estén obligados a aplicar una alimentación «forzada» a su hacienda por motivos económicos y, en el caso de la soja y cereales, el sector opta por el producto europeo «porque es más barato y está subvencionado, aunque lleve altas cantidades de fungicidas y productos químicos». En opinión del funcionario argentino, el problema de la EEB hizo sufrir al sector vacuno argentino un descenso de ingresos en torno a los 15 ó 16 millones de dólares, por la caída de precios y de ventas, y citó como ejemplo a Alemania, donde el precio para los exportadores ha caído de 7.000 a 5.000 dólares por tonelada. Argentina puede exportar a la UE 28.000 toneladas de carne de vacuno con arancel reducido, por las que factura unos 180 millones de dólares, mientras que las ventas mundiales de este producto generan 500 millones de dólares, explicó el subsecretario a la agencia Telam. Respecto a la repercusión de la prohibición de harinas animales en la UE, Cazenave dijo que puede significar que Argentina incremente en 2,5 millones de toneladas el volumen de envíos de compuestos vegetales al mercado común. En este contexto, defendió que en la Organización Mundial del Comercio (OMC) «se debatan de una vez las cuestiones agropecuarias» y haya una reflexión sobre la liberalización del comercio, teniendo en cuenta la seguridad del consumidor y evitando las «distorsiones» derivadas de las distintas políticas de subsidios al comercio. En el marco de la OMC «queremos un diálogo real» sobre agricultura, pidió, atacando a la protección y los subsidios que defienden tanto norteamericanos como europeos. El funcionario agrícola se refirió también al conflicto existente con España debido a las denominaciones de origen y la homonimia respecto al vino de «La Rioja», y remarcó que Argentina «no puede cambiar sus nombres, que además llevamos con cariño porque fueron puestos por los españoles, por lo que tenemos la misma tradición». En este punto, abogó por un acercamiento entre las partes y dijo que «ha avanzado bastante el diálogo» entre el sector vitivinícola español y el argentino.

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