Admite que es una buena alternativa para la diversificación, pero que debe hacerse con asistencia técnica. El mayor peligro es el «bagre africano», un animal carnívoro y de conducta agresiva que puede contaminar ríos y arroyos. «Sin asesoramiento se puede perder la inversión realizada», advirtió el Director de Acuicultura. [su_note note_color=»#cdcdcd»]"Esto no implica que los productores no puedan montar sus pequeños estanques, pero es necesaria la asistencia técnica", reiteró Pfaifer, en una recomendación que apuntó directamente a los doce productores de Campo Viera que estuvieron en la localidad bras[/su_note]El Ministerio del Agro y la Producción de Misiones pidió a los colonos que decidan incorporar a la cría de peces como una actividad de diversificación productiva dentro de sus chacras que busquen el asesoramiento de los técnicos del organismo, debido a los riesgos que implica la introducción de especies consideradas dañinas. Con la aclaración previa que la piscicultura es una actividad que puede ser un negocio rentable, el director de Acuicultura Guillermo Pfaifer alertó sobre las características del «bagre africano», un animal que se caracteriza por devorar a los demás peces, a raíz de su conducta agresiva. «Se trata de una especie que generalmente es vendida en el Brasil y que es comprada porque se pueden criar en ambientes donde otros mueren», sostuvo Pfaifer. Según este licenciado en Genética, estas características son engañosas, ya que este pez puede convertirse en una verdadera plaga para los cursos de agua cercanos a los estanques donde se cría. «Debido al desarrollo de su aparato respiratorio puede sobrevivir en condiciones extremas con muy poco agua e incluso puede trasladarse de estanque en estanque. Pero el mayor problema se da cuando llueve mucho y es arrastrado hacia arroyos o ríos cercanos, donde pone en riesgo la población ictícola», detalló. Pfaifer hizo hincapié en que la falta de asesoramiento puede llevar a los colonos a perder la inversión realizada. «La característica del hombre de campo es ir siempre para adelante, pero en ese afán a veces se dilapida el esfuerzo y, lo que no es menos importante los cuatro o cinco mil pesos que le puede costar el emprendimiento», añadió. En ese sentido, aclaró que en este caso se trata de pequeños estanque destinados prácticamente al consumo familiar que son barridos por las lluvias o que fracasan porque no cuentan con todos los elementos necesarios en su instalación. «Hay que entender que la piscicultura es un negocio», enfatizó, para luego agregar como ejemplo que para el cultivo de la «tilapia» (una especie que se avizora como sustituta de la merluza) se requiere una inversión cercana a los 40.000 pesos y un predio aproximado de una hectárea, entre estanques y zonas de tratamiento del agua. «Esto no implica que los productores no puedan montar sus pequeños estanques, pero es necesaria la asistencia técnica», reiteró, en una recomendación que apuntó directamente a los doce productores de Campo Viera que estuvieron en la localidad brasileña de Tres de Maio y recorrieron instalaciones relacionadas con la vitinicultura, ganadería y piscicultura. CONSUMO INTERNO Y EXPORTACIÓN Abundante en aspectos técnicos, la explicación del funcionario marcó la paradoja que se da con respecto al Brasil que, mientras mantiene una absoluta prohibición de ingresar alevinos vende hacia fuera especies como el «bagre africano». Según este profesional, los peces son muy sensibles a cualquier tipo de enfermedad. «Israel produce anualmente 8.000 toneladas de ‘carpa’, pero desde el año ’99 tienen problemas con un virus que se introdujo y que se activa cuando el agua llega a los 24º. Los peces que lo contraen mueren al poco tiempo», comentó. En ese contexto añadió que bien desarrollada la piscicultura se puede destinar al consumo local y hacia mercados extranjeros. «Debido a que está extinción, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación restringió de 650.000 a 35.000 toneladas el cupo de pesca de merluza en el país y la «tilapia» es una especie que apunta a reemplazarla», destacó. EMPRENDIMIENTOS EN LA PROVINCIA En Misiones, la «tilapia» se cría en la estación de piscicultura de 25 de Mayo, que se financia con recursos del Fondo Especial del Tabaco. Allí, en un predio de una hectárea, entre estanques y laboratorios, los ejemplares llegan a su desarrollo comercial (unos 500 gramos) en unos seis meses. El emprendimiento más grande de la provincia se localiza en San José y pertenece a la firma yerbatera Rosamonte. En 120 hectáreas se instalaron los estanques, la fábrica de alimentos y el frigorífico, para la cría de pacúes con destino al mercado local, nacional e internacional. En la misma localidad, funciona otro emprendimiento a cargo de Javier Glinka. Se trata de tres hectáreas donde se crían pacúes y carpas. En este caso, además de los ejemplares adultos también se comercializan los alevinos. Otra alternativa de la piscicultura es la cría para los emprendimiento del tipo «pesque y pague», como los ubicados en Oberá y en Montecarlo. En estos lugares, los propietarios del predio generan una modalidad turística que les permite una fuente de ingresos alternativa. En ese sentido, Pfaifer insistió en que conviene que cualquier tipo de variante de la piscicultura sea asesorada por el Ministerio del Agro. «También hay clubes de pesca que quieren criar peces y lo hacen con buena intención, pero también en estos casos es necesario hacerlo de una manera que realmente beneficie al medio ambiente», concluyó.







