«Cacho Bernal»: batero y arquitecto

«Cacho» Bernal, batero con 30 años de trayectoria y arquitecto. Crea ritmos con la misma pasión con la que diseña casas y edificios junto a Pili, su mujer. Juega con la música desde los 13 años. Odia a los músicos que tocan para la tribuna y lo tiene loco la falta de respeto generalizada que se gestó en estos últimos diez años en la Argentina. – Soy baterista. Pero como baterista también soy medio percusionista, me gusta mucho el laburo musical de la percusión, la batería en función de la música, no en función de una máquina de producir ritmo, por eso puede ser que me llaman para tocar.Ignacio Roa, un excelente baterista cubano decía que uno tiene que tocar lo más musicalmente posible para que me contrate un pianista, un guitarrista, un cantante, porque si lo hago para mostrar a otro batero lo que soy capaz de hacer, me muero de hambre y uno tiene que vivir de lo que uno hace. Algunos están acostumbrados a estar becados, eso significa hacer lo que quiere, ser muy locos, pero sin ningún mango; y, si uno es un músico, uno tiene que dignificar la profesión, laburar, cobrar por lo uno hace y hacerlo de la mejor manera posible. – ¿Qué es para vos hacer música? – Entiendo a la música como un juego, si uno no es capaz de jugar con la música, no sirve. Uno tiene que expresarse y divertirse mientras toca. Jugar dentro de un código, todos los días. – ¿Qué tipo de música preferís tocar? – Siempre intenté tocar de todo, con mucho respeto hacia la música, eso me llevó a tocar con mucha gente. Con Jimmy Ledesma, a quien conozco hace muchos años, coincidimos en que uno puede estudiar música, ser un excelente ejecutante, con un técnica impresionante, pero sin perder de vista la música. Eso me llevó a tocar con gente muy capa, gente que toca mejor que yo, con quien uno puede aprender mucho. Así me moví mucho, toqué en Chaco, Corrientes, Buenos Aires, y aprendí mucho con Lito Nebbia, Fito Páez, Teresa Parodi, entre los más conocidos y con otros más capos que ellos pero que son desconocidos para la gran mayoría. Toco más con gente que no es de acá y fuera de acá, eso es un poco paradójico. Hace poco decidí contactarlos para que vengan a Posadas. La mayoría es gente con la que estoy trabajando o con quienes estamos en proyecto de hacerlo, entre ellos el Negro Aguirre, Ricardo Paniza, Pellican, y muchos que quedaron en el tintero y no vinieron, pianistas como el Flaco Manzoni que vino varias veces; Ara Tokatlian, ahora con Jimmy Ledesma. – ¿Podrías sobrevivir como batero? – Tengo la ventaja de tocar lo que quiero porque vivo de la arquitectura, tengo esa ventaja; quizás otro eso no lo puede hacer. – ¿Estudiaste formalmente para esta pasión? – A mí siempre me gustó investigar mucho el concepto de jazz trasladado a cualquier tipo de música. El jazz es una música fundamentalmente de libre expresión, tiene toda la libertad que no tiene otro tipo de música, un montón de códigos que no tiene otra música, en base a una estructura sobre la que uno puede jugar. El tema, en el jazz, es sólo un excusa, lo importante es todo lo otro. Cuando uno se pone a tocar se produce como una charla, un ida y vuelta; y cuando eso se da, yo soy feliz, y si a eso se agrega que haya un tercero que está escuchando y sabe lo que está pasando entre el otro músico y yo al tocar, soy doblemente feliz. El tipo que está ahí, sabe lo que está ocurriendo ahí, ese concepto trasladado al folclore, a cualquier otro tipo de música, es lo que más me apasiona. Yo toco con Ramón Ayala, me encanta el Gualambao, hace rato que estoy investigando sobre ese ritmo y también la galopa. Desde el ochenta y pico yo tenía un grupo que se llamaba Khorus, de fusión folclórica, en el Chaco, con ellos salimos ganadores del pre Cosquín, tocamos en todos lo festivales Mar del Jazz que se hacían en Buenos Aires, era un festival alternativo de jazz, donde se incorporaba al folclore dentro del jazz. Me gusta mucho el folclore, pero insisto en la importancia de la música en general y para eso hay que estudiar. Hoy y en día, con el tema de las opciones que ofrece por ejemplo Internet, uno puede tener a mano la última clase de los mejores músicos del mundo. – ¿Cuándo comenzaste con la batería? – Voy a cumplir 43 años, comencé a tocar a los 13. Recién ahora me doy cuenta que voy a cumplir 30 años con la música. Vengo de familia de músicos. Tengo un tío que toca piano y trompeta, se fue a estudiar composición y armonía a Río de Janeiro y se quedó. Escuché música toda mi vida, porque mi viejo es músico. Desde muy chiquito me di cuenta que mi juego preferido era hacer música, lo mismo le pasa a mi hijo Mauricio (14), él toca la batería, tiene una banda de rock y hace dos años está estudiando piano. – ¿Cómo se te ocurrió eso de incorporar llaves como elemento sonoro? – No hay nada que sea original. Si uno logra un incremento de un uno por ciento sobre algo que ya está, ya estoy feliz. Lo de las llaves, vi un día y me puse a investigar lo que se podía hacer con ellas. Ahora todo el mundo me regala llaves, suenan bárbaro y son baratas. Es trabajoso porque uno tiene que ir probando cada una, afinarlas porque cada una suena diferente. Las organizo de graves a agudas. Me encanta incorporar instrumentos acústicos artesanales, que uno mismo tenga que armar. – ¿Hubo algún momento en que hayas sentido que fue lo máximo a lo que aspirabas? Todavía no llegó el gran día, yo disfruto de todo. Puedo decir que fue lindo tocar con Lito Nebbia, a quien lo escuché de chiquito y con quien nunca pensé grabar, que me consulte por ejemplo qué me parecía uno u otro ritmo. Disfruto mucho de ese tipo de trabajo, como también lo disfruto cuando toco con Gastón Nakasato o con Dany González (bajista de Los Pie). No creo en el éxito, eso no me abruma ni me interesa. Me interesa la música, sin éxito ella puede existir igual, si viene acompañada, bien, pero no es la finalidad. – ¿ Algún proyecto especial? -Este año, tocar con mi hijo. Ya lo estamos haciendo, pero la idea es hacerlo con un grupo, al que pienso incorporar también a mi viejo, ya que es el culpable de toda esta explosión musical en la familia. – ¿Qué tipo de músicos no te gusta? – No me gusta la gente que toca para la tribuna. Eso se da no sólo con algunos bateros, también con los guitarristas, con los pianistas. Tocar para la tribuna es tocar todo lo que uno sabe en tres compases, pero me parece que la música pasa por otro lado. Si lo hace porque en algún momento lo necesita, después de tocarse todo, me enloquece. Hay muchos que son capaces de hacer eso. -¿Qué evaluación hacés de lo que ocurre en Posadas con la movida cultural? – A mí me embroma bastante de lo que ocurre acá; es ese algo raro que hay, no sé si es de falta de respeto o qué, pero deberían suceder más cosas de las que están ocurriendo. Hay gente muy telentosa, pero suceden menos cosas que en otros lugares donde hay menos artistas talentosos. No sé si es por el calor, por la siesta, por la falta de lugares, no sé; quizás pase por las personas. -¿Formaste parte de la cooperativa de artistas? – Sí. Participé de la Cooperativa de Trabajadores de la Cultura, un proyecto que se pinchó por muchos motivos. Lo que pasa es que era una cooperativa muy amplia, cuando tenés en un mismo grupo donde están actores, músicos, bailarines, las necesidades y las motivaciones son muy diferentes. Si fuera una cooperativa sólo de músicos sería muy diferente; pero no existe un espíritu de grupo, cada uno patea para su arco a la hora de los bifes. En ese sentido, lo que más me preocupa es la falta de formación. Por eso desde el año pasado estoy trayendo gente, primero al Negro Aguire, después Ricardo Pelican, que en Buenos Aires es el docente de jazz más capo. Me parece que en Misiones faltan modelos y formación y desde el Estado no se hace nada para mejorar eso a nivel de la música popular y eso es grave. – ¿Y el proyecto de los talleres de La Estación? – Creo que no dio resultados, para que rinda sus frutos, las cosas se plantean con planificación y con una estructura determinada. Aunque este no es un problema sólo de Posadas, sino la planificación cultural es un problema del país todo. -¿ Cómo se soluciona eso? – Es una cuestión de sentido común. Si uno no sabe nada y va a hacer una casa, lo primero que uno hace es ir a hablar con alguien que ya la hizo. En cultura es lo mismo, si uno se va a ocupar de la cultura, primero tiene que ir a hablar con un tipo que maneja cultura en otro lugar parecido al tuyo, por ejemplo en el Chaco. Si yo no sé nada, voy a ver cómo funciona algo que funciona realmente. Eso es sentido común. No es un problema sólo de plata, es cuestión de parar la pelota y ver qué se hace, aunque no haya plata. Por ejemplo se podría intentar trabajar a través de un fundación. Además hay cursos para estudiar gestión cultural. – ¿Admirás a alguien en particular? – Alguien?…admiro a la gente que lucha por la justicia social, en serio, como no existe acá. Admiro al pueblo cubano porque creo que existen pocos pueblos donde estén tan unidos como allí. – ¿Y en Política? – En la Universidad milité en Partido Intransigente (PI) y de ahí no me moví. Por ahí ando yo. Pero hoy en día estoy muy defraudado por todo. Creo que la única salida es luchar cada uno desde lo que uno hace. En mi lugar de trabajo trato de ofrecer en lo que pueda a los obreros de la construcción, por eso nunca voy a poder tener una empresa. Trabajamos juntos con mi esposa que también es arquitecta, muy bien, eso es lo raro. – ¿Algo que no te banques? – Odio falta de respeto, y cada vez el mundo está más lleno de eso; del tipo que te pasa por arriba y no le importa. La falta de respeto a los niños, eso me tiene loco, porque el modelo de falta de respeto que se generó en estos diez últimos años va a costar mucho revertirlo. Me tiene loco que eso esté ocurriendo en los hogares, en la calle, en los trabajos, desde los gobernantes.

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