Cuando una sonrisa, voluntad de trabajo y apertura para los cambios se transforman en éxito

Toda una tradición en su rubro como en la vida pública de la ciudad de Posadas y la provincia, Carlos Staciuk lleva más de treinta años como comerciante, con una misma sonrisa en el rostro y la misma predisposición para hacer las cosas. Su comercio ha cambiado al ritmo vertiginoso del mundo y se ha adaptado a las nuevas exigencias. ´Carlitos´, como lo conocen todos, le comentó a Misiones On Line los inicios y la actualidad de un comercio tradicional que desde 1968 viste las oficinas y escritorios de la región. Se considera un hombre exitoso y dice que la clave del éxito está en brindar un buen servicio y una mejor atención Comenzó como oficial de Justicia en los tribunales provinciales y en sus ratos libres vendía alhajas y relojes para una joyería que estaba al lado de la Catedral. En 1962 se independizó y tuvo que comprar una caja fuerte. Como le costaba mucho, le propuso al proveedor vender para ellos y con las comisiones la pagó, después se transformó en su representante para la región. Luego se asoció al doctor Vicente Losco para vender cajas fuerte y muebles, con quien firmó un papel solo a efectos legales porque , «no debía existir contrato que pudiera suplir la buena fe, porque si uno de los socios tiene malas intenciones, pronto se termina cualquier trato». ¿Cuando comenzó en este rubro? Empezamos con este comercio en 1968 y luego de unos años yo le compré su parte y desde allí junto a mis empleados y mi familia hemos llevado adelante todo esto. Siempre poniendo más de lo que sacamos del negocio. Pasamos por gobiernos militares, peronistas, radicales, crisis económicas, y siempre sobrevivimos trabajando. ¿Tiene una receta para el éxito? El secreto es brindar un buen servicio y una mejor atención al cliente. A la gente le gusta que se la atienda bien, que se le solucione el problema. Yo vendo mucho porque atiendo bien a la gente. A mi me enferma cuando entro a algún comercio y tengo que esperar que los empleados terminen de conversar entre ellos para que me atiendan y encima después te tratan de mala gana. La gente no viene a pedir nada gratis, te está dando su dinero a cambio de algo y por eso hay que hacerla sentir bien. ¿Cómo un comercio tradicional se adapta a los tiempos modernos? Todo comenzó cuando mi hijo, que está manejando el negocio conmigo, ingresó a la facultad. Justo fue en la época de los grandes cambios que implementó Domingo Cavallo. El me hizo entrar en la cabeza esos cambios. Allí buscamos entre todos los proveedores de cada rubro los mejores y solo le compramos a esos logrando precios más bajos y financiación más larga. Así pudimos comprar directamente a los fabricantes logrando los mayores descuentos que puede haber y trasladárselos a los clientes que pueden obtener los mismos precios que en Buenos Aires, Rosario o Santa Fe. Nos ajustamos a los tiempos, fuimos cambiando totalmente de mentalidad. Empezamos a aceptar cuanto modelo nuevo o material importado llegaba, hacemos amoblamientos a medida y por sobre todas las cosas: servicio al cliente y garantía total. Nunca me había llevado muy bien con las computadoras pero tenemos servicio de pedidos y consultas vía E-mail. Nunca vendimos cortinas y desde hace unos años, se ha transformado en uno de nuestros principales productos. Hay que tratar de ajustarse, pero nunca descuidar ni la inversión ni el servicio, porque sino el ajuste se transforma en pérdida. ¿Es decir que los cambios se dieron por hacerle caso a su hijo? Le hice caso en todo y nos ha ido muy bien. Generalmente la gente de mi edad y no tanto piensa que los jóvenes no saben nada y que con la experiencia sola basta. Están muy equivocados, la juventud tiene una capacidad de cambiar impresionante y eso es lo que necesitamos para aceptar los desafíos y buscar nuevos horizontes. ¿Recuerda algún hecho especial con la atención de la gente? Hace algunos días, a un abogado que nos había comprado un sillón se le salió una rueda y como todos los empleados estaban afuera agarré mi coche y fui yo mismo. Traje el sillón, le cambiamos la rueda y se lo llevamos inmediatamente sin cobrarle un peso porque «es una atención de la casa». Esa misma persona, a la semana siguiente trajo un colega del interior que nos compró muebles para su estudio por 5000 pesos, y todo esto es en base a la atención y a los cambios. ¿Siempre estuvo en la ´tradicional esquina de San Luis y Entre Ríos´? Inicialmente, el negocio estaba ubicado al lado de lo que es hoy, sobre la calle San Luis, en un local alquilado al escribano Gueret. En este lugar, el señor José Acosta tenía un negocio de venta y reparación de heladeras y cámaras frigoríficas. Yo siempre le decía que cuando quisiera vender me avisara a mi primero, porque sabía que los vecinos querían comprar también. Yo no quería irme de aquí porque la gente se acostumbra a un lugar y si te vas de ahí perdés la mitad de la clientela, entonces cuando quiso vender, empeñamos todo y compramos la esquina. ¿Y como llegó a todo esto? La idea era remodelar un poco lo que estaba, pero cuando comenzamos a construir una pared, se nos caía la otra, porque la construcción era de 1890, con ladrillos asentados en barro y no resistía mucho. Entonces hicimos un proyecto de varias plantas, con departamentos arriba, pero después nos dimos cuenta que era necesario mucho lugar para poder mostrar bien los muebles y dejamos los departamentos de lado y llegamos a lo que es hoy. ¡Hoy es toda una tradición! Hoy después de muchos años, servimos de referencia (risas) porque la gente dice ´de lo de Carlitos Staciuk dos cuadras para allá o para el otro lado´. La gente es cómoda y costumbrista y si vos te vas de un lugar no te va a buscar sino que se va a ir al que conoce que vende lo mismo. ¿Qué haría con una moneda de un peso? Una moneda de un peso es un dólar. La gente no tiene conciencia de eso. Hay que guardarla poco tiempo, el suficiente para saber en que la vas a invertir. Con todo este tema de la convertibilidad nos han enseñado a la fuerza el valor del centavo. Yo tomé conciencia cuando hace unos años con mi hija, en una cola de un supermercado de los Estados Unidos, una señora mayor no quería irse de la caja porque la empleada no tenía un centavo para darle de vuelto. Así hay que cuidar los centavos para que se multipliquen. ¿La atención al cliente es una de las claves de éxito? Totalmente, y sobre todo trabajar de forma personalizada. A la gente le gusta sentirse atendida e importante cuando entre a un comercio. ¿Se siente un hombre exitoso? Creo que sí, porque yo vengo de la cuna más humilde. Mis padres vivían a 5 leguas de Oberá en el medio de la selva y mi madre salía a carpir y me llevaba en un cajoncito para que no me picaran las víboras o las arañas. Supimos lo que es ganar el dinero con el sudor de la frente y hoy me pongo a pensar en todo lo que tengo y solo doy gracias a Dios. Fui empleado, vendedor a comisión, cuentapropista por la calle, empresario, tengo el concepto de la vida bien definido y por eso no escatimo esfuerzos en seguir trabajando y dar a los que tienen menos una ayuda silenciosa.

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