El valor de la hoja verde y canchada cayó a niveles que hacen difícil la supervivencia de los colonos. Mientras el gobierno apuesta a la reconversión y habla de superproducción, los productores reclaman que se fije un precio mínimo. El proyecto de Ley Yerbatera espera en el Congreso de la Nación. En otros tiempos fue el «oro verde» que impulsó el desarrollo económica de un sector importante en la economía misionera. Hoy, aunque la yerba mate continúa siendo el símbolo de la provincia, el sector vinculado a su producción primaria atraviesa una de sus crisis más agudas de los últimos años. Este año el kilogramo de hoja canchada cayó hasta los 2 o 3 centavos y solamente dos o tres de los grandes molinos llegaron a pagar 6 centavos; muy lejos de los 12 que aspiran los productores. En ese contexto, los colonos con pocas hectáreas de plantación y los tareferos fueron los que más sufrieron la crisis. El clima de efervescencia y de descontento alcanzó un grado a tal que a principios de abril llegó el paro agrario y las carpas comenzaron a multiplicarse en los márgenes de las rutas misioneras. A partir de allí comenzó un duro enfrentamiento entre los dirigentes agrarios y el gobierno, quienes no dudaron en enrostrarse mutuas culpas. Desde una vereda, los colonos nucleados en la Asociación de Productores de la Zona Sur (ApaZur) y en la Federación de Cooperativas (FEDECOOP) insistieron en que el Estado Provincial debía intervenir y fijar un precio mínimo para yerba canchada. Lo que pretendían en definitiva era que la molinería se viera «obligada» a dejar de lado el argumento de la oferta y la demanda y paguen un monto que -insistían- les permitiera sobrevivir. Embarcado en un proceso de diversificación aún incipiente, desde el Ministerio del Agro y la Producción replicaron que la crisis yerbatera tenía como principal causa la sobreproducción: se había plantado más yerba de lo que el mercado reclama. Así transcurrieron los días. En el medio se concluyó que la proliferación de marcas de una bajísima calidad y a precios irrisorios que inunda el mercado también aportan a la depresión del producto. El paro se terminó en un mes, pero las carpas en algunas localidades como Oberá continuaron hasta noviembre. La conformación de la Mesa Yerbatera fue fundamental, porque no solo sirvió como espacio de catarsis de sus integrantes sino que fue el ámbito donde se gestó el proyecto de Ley Yerbatera que aguarda su tratamiento en el próximo período legislativo del Congreso Nacional. El que termina fue un año duro, durísimo y que marcó un punto de inflexión porque la crisis mostró a las claras que el único camino posible es el trabajo conjunto. Productores, molineros, gobierno y legisladores deberán recurrir a toda su voluntad e ingenio para el «oro verde» recupere el brillo perdido.







