El inicio de los trámites para construir Añá Cuá; las idas y venidas para aprobar la Ley de Expropiaciones en Paraguay; las obras complementarias; los manifestantes; las carpas que se van y las que vendrán; el medio ambiente; son algunas de las cuestiones sobresalientes asociadas con la gran represa y sus efectos Todo lo que esté relacionado a la sigla EBY o lleve el nombre de Yacyretá, produce cierto escozor en una parte importante de los habitantes de las ciudades de Posadas y Encarnación, es por eso que durante el año 2000, esa sensación se notó varias veces, ya que desde la entidad se produjeron varios hechos que venían reclamando los misioneros y encarnacenos afectados por el embalse. Entre los temas más importantes que tiene que ver con la represa y sus consecuencias, está el llamado a licitación para la ampliación de la potencia de la central, agregándole tres turbinas en el vertedero del brazo Añá Cuá. Esto significa más ingresos para la EBY, más energía producida para -seguramente- exportar a Brasil, y por sobre todas las cosas tres a cuatro años de trabajo para mucha gente de la zona. Otro de los avances en este sentido, tuvo que ver con la aprobación luego de muchos años de discusiones y acusaciones cruzadas de la «ley de expropiaciones» en el Paraguay, que permitirá avanzar rápidamente en la realización de las obras complementarias faltantes en territorio de ese país y en Argentina. Además, y casi sobre el fin del año, la EBY a través de la entidad internacional de resolución de conflictos sociales, Green Cross, accedió a estudiar las demandas económicas y brindar asistencia en varios rubros a los afectados que desde hacía más de 18 meses estaban instalados frente a la sede posadeña de la Entidad. Muchos más temas preocuparon a los habitantes de la región respecto de la represa y sus efectos. La avenida costanera de Posadas, las filtraciones a los esteros del Iberá, el costo de la energía para las poblaciones a pié de presa, los barrios, las cloacas, los convenios discutidos con la municipalidad de Posadas y tantas otras cosas. Pero, seguramente esa preocupación se trasladará por algunos años más, ya que las autoridades de todos los ámbitos han coincidido en que dentro de 5 o 6 años, la finalización de las obras complementarias permitirán elevar el nivel del río hasta la famosa cota 83, y allí no se terminarán los problemas ni las peleas, comenzarán otros nuevos y un poco más al norte con actores parecidos: Misioneros, paraguayos, el río Paraná en medio y un gigante de hormigón que cambiará para siempre la historia y las costumbres del lugar.







