Fue un año de crecimiento para el tenista misionero José «Chucho» Acasuso. Tuvo grandes actuaciones, con una final y dos semis en los challenger que disputó y, además, quedó al borde del cuadro principal en su primer Grand Slam, el Abierto de tenis de París, Roland Garros. Cada año tiene una impronta con la que quedará marcada en la historia, esa será la frase que todo utilizarán para recordar una temporada. En el caso del tenista misionero José «Chucho» Acasuso el 2000 bien puede ser considerado el «año de la inserción». Es que durante los doce meses el posadeño se dedicó, con su tranquilidad de siempre, a culminar la etapa más trascendental y fundamental de todo tenista: meterse en el reino único del tenis mundial. Y Chucho lo hizo. DESPACITO Con su estilo tan personal y particular, el misionero no tuvo un arranque de temporada deseado, es que ese fue el resultado lógico luego de una merecidas vacaciones y de una floja pretemporada. Entonces a nadie extrañó que Chucho no obtuviera los buenos resultados del 99. Recién en mayo volvió a su nivel y comenzó la Chuchomanía del 2000. En la provincia de Santa Fe, en Venado Tuerto, el misionero se adjudicó el 21 de mayo el Future de aquella ciudad luego de una gran actuación en la que reafirmó su nivel y ganó confianza en la semana previa al inicio de su primer Grand Slam de su carrera: Roland Garros en París. Allí Acasuso quedó al borde de ingresar al cuadro principal del torneo mayor al perder ante el alemán Bjorn Phau por 7-5 y 6-2, pero el camino ya se comenzaba a vislumbrar. Luego del Abierto de Francia llegaron varias giras por Europa, en las cuales el misionero fue intercambiando buenas con malas, pero siempre con actuaciones destacables. En el challenger de Furth, Alemania inscribió su nombre en las semifinales y se llevó una interesante parte de los 50 mil dólares del premio y con ello cerró el primer semestre entre los 200 mejores jugadores del orbe. LA GIRA DE CIERRE Luego de un frustrado paso por la Davis, Acasuso apuntó todos sus cañones a la Gira Ericsson, uno de los eventos de mayor trascendencia del tenis Latinoamericano del 2000. Allí sí surgió el nivel de Chucho, allí volvió a ser la gran promesa. En la segunda etapa de la gira, disputada en Lima, Perú, el misionero accedió a las semifinales el mismo día de su cumpleaños en donde perdió ante el costarricense Marín. Era el anuncio, un pequeño anticipo de lo que sería su mejor actuación en la historia. El gran golpe lo dio en Montevideo, Uruguay, cuando llegó a la final luego de una semana para el recuerdo. En la definición perdió ante Guillermo Coria en otro partidazo y se quedó con las ganas. Finalmente terminó el año en el puesto 176 del mundo y en esta temporada decidió encarar el año con una buena pretemporada y una gran ambición: entrar a la elite de los cien primeros del mundo. Tiene con qué.







