Tigre, mucho más que un equipo de fútbol

El conjunto de Santo Pipó representa mucho más que la ilusión del ascenso para el fútbol de Misiones. Es la fiel expresión de nuestro interior luchador y trabajador que sabe transitar su camino con humildad y esfuerzo. Por eso y por haber sido el capo futbolístico durante el 2000, Tigre se quedó con el premio de «Personaje deportivo» de la temporada. Con una fe inquebrantable, casi rozando la tozudez; con un grupo de gente humilde y trabajadora, amante del esfuerzo, representante de nuestro sufrido interior, Tigre de Santo Pipó se convirtió en el personaje deportivo del 2000. Dueño único del sueño del ascenso para el fútbol de Misiones, el conjunto liderado por la familia Pigerl recorrió buena parte de la extensión del país, jugó cerca de 40 partidos y mantuvo (y mantiene) en vilo al pueblo futbolero de la tierra colorada. LAS EMOCIONES El 2000 arrancó de forma particular para Tigre, es que por primera vez en sus numerosas incursiones en el fútbol nacional, el Felino había dejado en el camino a los equipos de la provincia y encaraba decidido las disputas ante los conjuntos de toda la patria. Y así fue nomás. Comenzaron los viajes, los rituales se fueron instalando cada día más profundamente en la intimidad de un grupo en el que cada cual cumplió su función con respeto y voluntad. Las relaciones se hicieron amistosas y los kilómetros trajeron historias y anécdotas imborrables. En el comienzo Tigre fue arrollador, sumó una decena de victorias consecutivas y lentamente su nombre corrió de boca en boca para terminar instalado como el Deportivo Misiones, el equipo de todos, el equipo del sueño del ascenso. Y así Villa Sarita, en donde el heroico conjunto piposeño hizo las veces de local, vio llenarse sus tribunas de ilusiones y esperanzas. Los hinchas, estos raros hinchas misioneros, se sacaron la modorra de los años de quietud y se entregaron efusivos para acompañar y apoyar al equipo de la provincia. Llegaron desde Roca, Corpus, San Ignacio, Eldorado y hasta Iguazú para cubrir con cinco mil almas el estadio de Guaraní. El plantel llevó sus paquetes de yerba y su buena onda a lugares tan diversos como alejados. Pasaron por Santa Fe, Corrientes, Mar del Plata; Misiones On Line estuvo junto a ellos en Bahía Blanca, Mendoza y Catamarca. Fueron viajes que nos llenaron de emoción y que sirvieron para compartir y mostrar la vida de la «familia del fútbol». Y Tigre llegó a la final, a ese cuadrangular final en donde se repartirían los ascensos y las tristezas. LAS TRISTEZAS Y una vez más no pudo ser para el fútbol de nuestra provincia. Ese paso final quedó muy cerca y la vuelta desde Mendoza, en donde al pie de la cordillera Tigre perdió su chance, fue con la rara sensación del deber no cumplido, del sueño trunco, de las ambiciones por el piso. Pero también el grupo regresó con la voluntad plena de volver a intentarlo, de tomarse revancha. Plétora de ganas de ir por más, de aceptar nuevamente el desafío y ese desafío llegó pronto y Tigre lo afrontó. Otra vez la misma historia, pero ahora con mayor dificultad. Es que eran seis los equipos de Misiones para un solo lugar. Y enfrente estaba el regreso del Guaraní al fútbol nacional, con todo lo que eso implica. Y también Oberá, con dos ilusiones grandes como hermosa la Capital del Monte. Y Eldorado con su equipo y Apóstoles con lo suyo. Pero estaba Tigre, para demostrar y demostrarse que lo de la temporada anterior no había sido casualidad. Fueron diez fechas apasionantes, luchadas, parejas. Pero finalmente prevaleció, una vez más, Tigre; el humilde equipo de Santo Pipó. Terminó el 2000. Un año cargado de emociones y experiencias. También se viene el 2001, un año que lleva marcado a fuego la impronta del ascenso que debe llegar para nuestro fútbol. Otra vez será Tigre y otra vez seremos todos los misioneros los que estaremos junto a él.

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