El ultramenemista Jorge Asís vino a Misiones y defendió con vehemencia la estabilidad del gobierno de la Alianza. Dice que «el 90 por ciento de los compañeros» son honestos. Asegura que hay que olvidar las utopías y que los principios ideológicos del peronismo se mantienen, pero «con sustanciales modificaciones». «Menem puede volver», promete Jorge Asís es conocido por su fidelidad y fascinación por la provocación. Ya desde la época de Flores robadas en los jardines de Quilmes, su nombre está teñido de escándalo, agitando en su sola mención un vendaval de improperios. Su nuevo paso por Misiones provocó como siempre, pero esta vez a los propios «compañeros» que escucharon su disertación anoche en la sede del partido Justicialista. Primero con su defensa al «apuntalamiento» del gobierno de Fernando de la Rúa y después por su autocrítica al mismo peronismo. Jorge Asís es escritor, periodista y político. Menemista a ultranza, fue uno de los mayores exponentes de la cultura del poder de la década pasada. Frívolo pero a la vez profundo en sus análisis. Caricaturesco, pero reconocido por su defensa del idioma castellano. Hasta se jactó de vender más que Jorge Luis Borges. Su escritura cruda y vehemente, sazonada de esquirlas de humor (a veces bastante chabacano), lo puso en una vereda transitada con dificultad por los escritores argentinos: los medios masivos. Asís escribía para que se hable de él, ese parecía ser el designio, si se recuerda otra novela cuya bandera era el escarnio: en Diario de la Argentina se encargaba de sacar los trapitos al sol de todo lo que sucedía puertas adentro de las oficinas y los pasillos del «gran diario argentino». Asís, nombre que para muchos está ligado a los best sellers de los años 80 junto a Enrique Medina; Asís, el mismo que para otros se retrotrae a la «instauración» del castellano como «lengua oficial» en todo shopping de la era menemista (¡vaya paradoja! Un secretario de cultura de un gobierno que no tuvo prurito alguno en «globalizar» la economía, levanta su diccionario de Don Quijote, buscando conservar el resto de espíritu nacionalista que los capitales multinacionales se encargaron de borrar); Asís, el escritor y político oriundo de Avellaneda que usa un moño siempre alerta como el francés Jacques Lacan, aunque desde su alejamiento del centro del poder está más moderado y usa corbatas. En su disertación ante un auditorio sesgado entre funcionarios y militantes, Asís se encargó de dejar en claro que «el peronismo debe apuntalar» al gobierno de la Alianza y «no puede apostar al fracaso del gobierno». «Hasta tenemos que arriesgarnos a ser coresponsables del fracaso, pero no apostar». Su definición de la oposición no cayó muy bien entre los militantes, que quieren «patear la muleta» de la administración radical para que se caiga antes de tiempo. «Es una locura pensar en el fracaso del gobierno», repitió, antes de decir que «De la Rúa tiene posibilidades de salir adelante». Sin embargo, opinó que el gobierno aliancista está lleno de «mediocridad». En la presentación de su discurso, el ex secretario de Cultura y embajador de Menem tiró su primera perlita: «Me irrita que la actividad política pareciera estar siempre bajo sospecha y estoy seguro que el 90 por ciento de los compañeros está limpio». Dejó margen para un diez por ciento de ¿corruptos? EL SEÑOR DE PATILLAS «El país extraña a un país conducido a pesar de las criticas a veces justificadas. No se si estamos en un postmenemismo o en premenemismo, porque no se si le va a alcanzar a nuestro líder para volver», indicó. En ningún momento pronunció la palabra Menem, sino que se refirió al ex presidente como «el señor de patillas». Al final, en diálogo con Misiones On Line, respondió que «puede ser él u otro, pero seguro el Justicialismo». A pesar de confiar en que el justicialismo ganará las elecciones presidenciales del 2003 hizo una dura crítica a los «precandidatos» peronistas. «Me parece cretino llegar al gobierno, a ser gobernador, como escala presidencial. Me parece irresponsable que se pierda el 70 por ciento del tiempo haciendo campaña en vez de gobernar, que es para lo que los votaron». Aunque sin nombrarlo, apuntó directamente a Carlos Ruckauf, pero aseguró que «muchos políticos hacen política para los medios, que en vez de descriptores se convierten en escenario de la lucha política». Ex marxista, pragmático pero sin abandonar el romanticismo, opinó que «el peronismo resuelve, aunque con impurezas y algunas irregularidades, pero se la banca». Instó a sus oyentes a abandonar las «utopías» y explicó que «los principios ideológicos del peronismo se mantienen, pero con sustanciales modificaciones, porque es otro mundo. El mundo del 45 no es el del 90 y el peronismo estuvo bien en crear un Estado benefactor y estuvo bien en transformarlo en el 90. Para despedirse, volvió a hacer un encendida defensa del gobierno aliancista: «Entre la pena y la nada, prefiero la pena».







