En esto hay muchos responsables que ahora deberán dar las explicaiones del caso. ¿Hay culpables en el bochorno que se vivió ayer en la cancha de Itapúa en ocasión de la tercera final de la Liga Provincial? Sí y varios. Indudablemente que la principal falla aquí fue de la gente de la Federación Misionera de la especialidad, responsables directos y principales del espectáculo, los que no tuvieron o el coraje o los medios reglamentarios para obligar a Mitre a jugar en otra cancha que no sea la del Itapúa, por más que eso le cueste perder su localía. Además ya en el primer partido disputado allí se habían detectado varias falencias que se podrían haber subsanado para este tercer encuentro y que no se hicieron. Luego las culpas son para el club Mitre, que alquiló su estadio a una ropería y que debió alquilar, él mismo, la de Itapúa para poder jugar. También, pero no en grado menor, la responsabilidad es de los propios árbitros. Desde hace tiempo se viene diciendo que no tienen ni el nivel ni la personalidad para este tipo de encuentros y que, en muchos casos, inclinan la cancha a favor de algún equipo (pasó el miércoles cuanto pitaron el partido para Mitre). Ellos con su omnipotencia y sus falencias generaron en su contra un clima hostil que algún día iba a estallar y ese momento fue ayer. Nadie justifica una agresión, pero errores técnicos y falta de preparación son, lamentablemente, características propias de nuestro arbitraje. Finalmente la culpa es del público, que vive una contienda deportiva, más allá de rivalidades o de camisetas, como si fuera la vida misma, sin entender que es un juego. Juego en donde unos ganan y otros pierden, nada más.







