Bush es el nuevo presidente de Estados Unidos y Gore reconoce su derrota

El candidato demócrata dijo anoche que está «firmemente en desacuerdo» con la decisión de la Corte Suprema, que le negó la posibilidad de un recuento de votos en Florida. Pero agregó que aceptaba el fallo y su derrota · George W. Bush es el nuevo presidente electo de los Estados Unidos. George Bush es el nuevo presidente de los Estados Unidos y el actual vicepresidente tuvo que bajar los brazos en los comicios más discutidos y disputados en más de un siglo en Estados Unidos, debido a la imposibilidad de revertir la situación en el Estado de la Florida, reconocieron varios de sus asesores. Al Gore tomó su decisión 12 horas después de dos fallos judiciales adversos y el primer indicio concreto lo dio el jefe de su campaña, William Daley, cuando dijo que había dispuesto «poner fin a los esfuerzos para el recuento de votos (en la Florida)» Posteriormente, varios asesores del vicepresidente manifestaron a los principales medios de prensa que Gore «ha decidido poner fin a la lucha». De todos modos se crea una situación interesante, ya que en una elección en la que votaron 103 millones de ciudadanos, Gore terminó con una ventaja numérica de 300.000 votos sobre el gobernador de Texas, George W. Bush. Pero, con el triunfo de Bush en la Florida, sólo por medio millar de votos, el candidato republicano acumula 271 votos en el Colegio Electoral, uno más que la mayoría necesaria, y Gore totaliza 267. Para Gore el trago es muy amargo, no sólo debido a esa ventaja en la votación total, ya que hace poco más de un año Gore aparecía como el probable ganador y contaba con el apoyo total del presidente Bill Clinton. Se midió con Bush, un hombre que inicialmente resultó poco carismático y sobre el cual surgieron dudas en la prensa sobre su real capacidad para gobernar. Posiblemente la rigidez de Gore, que siempre ha insistido en la micro-administración de todas sus actividades, le quitó flexibilidad a su campaña, abriendo posibilidades para los republicanos. La estrategia electoral no fue quizá de las más felices y así Gore perdió las elecciones en Teneesse, su estado natal, y en Arkansas, el estado de Clinton. Triunfos en esos dos distritos hubieran neutralizado las posibilidades de Bush, aún con una victoria en la Florida. Ahora Gore enfrenta el momento más triste, luego de cinco semanas de forcejeos judiciales los más altos tribunales de la Nación y de la Florida, que dieron fallos negativos, aplastando sus esperanzas de alcanzar la Casa Blanca. Si bien es cierto que Gore fue asesorado por abogados muy capaces, especialmente el jefe del equipo, David Boies, las deficiencias del sistema electoral, que saltaron ahora a la luz, y una gran falla estratégica para el recuento, parecen haber sellado sus esperanzas. En primer lugar el gobernador Bush, que se aferró a una ventaja reducida de votos, pudo aprovechar legalmente esas diferencias de criterio que hay para el recuento de votos, no sólo ya entre los condados de la Florida sino también entre los distritos electorales de un mismo condado. Eso facilitó la apelación de Bush ante la Corte Suprema de la Nación con el argumento de que se violaba el principio de igualdad ante la ley. El otro error, quizás el más crucial, fue la decisión de Gore de pedir el recuento manual de votos sólo en los condados donde se sabía que había mayoría demócrata, en lugar de solicitar que se hiciera en todo el estado. Thomas Merril, profesor de leyes en la Universidad Northwestern, dijo que Gore «no puede culpar a nadie sino a sí mismo». Explicó que ese pedido limitado de recuento «presentó la apariencia de intentar manipular los resultados. Dio la impresión de que Gore no quería una acción equilibrada» y transmitió esa percepción al sistema judicial. Asimismo ha surgido la impresión de que Boies, en su argumentación final ante la Corte Suprema, en Washington, se equivocó al no tratar de definir con precisión como los encargados de un eventual recuento debían evaluar la intención de los votantes. El presidente del Centro Brenan de Justicia en la Escuela de leyes de la Universidad de Nueva York, Joshua Rosenkrantz, defendió la postura demócrata de buscar el recuento a los condados donde había mayoría de ese partido, tomando en cuenta las limitaciones de tiempo. «Lo que trataron de hacer fue limitar el recuento a los distritos donde pensaban que tenían la mayoría», agregó. Comentó que a nadie se le ocurrió que «los recuentos en algunos condados podrían ser considerados como una violación a la protección igualitaria (una claúsula constitucional). Esa fue una teoría que surgió». Y finalmente fue esa teoría la que fue esgrimida por los abogados de Bush y tuvo su eco en la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

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