Una riqueza biológica extraordinaria

Los esteros y lagunas del Iberá, con sus ecosistemas, integran una de las áreas biológicas más extraordinarias de Argentina y son considerados uno de los santuarios naturales más importantes del mundo. Ubicación El «Sistema Iberá» (I: agua; berá: brillante, en idioma guaraní) cruza en diagonal la provincia de Corrientes, desde el nordeste hacia el sudoeste. Se encuentra ente 50 y 80 metros sobre el nivel del mar, emplazado entre dos cuencas hidrográficas conformadas por los ríos Paraná y Uruguay. Esta planicie, con una superficie aproximada de 13.000 Km2, abarca el 14 por ciento del territorio provincial. Es un gigantesco laberinto verde formado por esteros, pantanos, bañados, cañadas, riachos, canales, arroyos y lagunas. Estas alcanzan dimensiones colosales, como la laguna Luna, con una superficie de 78 Km2. Las lagunas más importantes son: Laguna Superficie (Km2) Profundidad (m) Luna 78 2,5 Iberá 53 3,2 Fernández 39,5 3,0 Trim 21,4 1,8 Disparo 18 Medina 17,1 Galarza 15,5 2,3 Paraná 14,8 otras superficie total 57,9 315,2 ¿Qué son los esteros? Los esteros son superficies anegadas permanentemente y la enorme masa de plantas que contienen, dan forma a un suelo flotante llamado «embalsado». Los embalsados se originan por el entretejido vegetal de camalotes y llegan a tener varios metros de espesor. Con el paso del tiempo, la tierra acumulada favorece la germinación de semillas de plantas y árboles. Sin embargo, estas islas de materia vegetal son separadas por el viento y las corrientes, dando origen a «islotes flotantes» que son llevados a la deriva. Origen Todo comenzó hace 60.000 años. En aquel tiempo, el Paraná (quinto río más largo del mundo) atravesaba el centro del actual territorio correntino, hasta que un día poderosas fuerzas geológicas elevaron el terreno, forzando al Paraná a buscar un nuevo curso. Al escurrirse la mayor parte de las aguas, quedó una inmensa depresión en el terreno. Gracias a las abundantes lluvias de la región, este enorme «plato» natural se transformó en un eficiente colector y distribuidor del agua. El clima subtropical húmedo de la región favoreció el desarrollo de una rica flora y fauna silvestres. Flora En las tierras altas que bordean los esteros, la vegetación se enriquece con sabanas y bosques naturales, en los que predominan el timbó, también llamado «oreja de negro» por la forma de sus frutos; el lapacho, de bellísimas flores rosadas; el guayabo y numerosas lianas, epífitas y coloridas bromelias. Existen también palmares, donde se desarrollan cinco especies muy diferentes entre sí: la palmera yatay, la palma blanca, la pindó, la mbocayá y la pigmea yatay poñí. Fauna La gran variedad faunística incluye más de 350 especies de aves. Se destacan las acuáticas, como el martín pescador, la cigüeña, el jabirú, el chajá, el ipacaá, el aguilucho pampa, las garzas, la espátula rosada y varias especies de patos silvestres.Encuentran su alimento en las cristalinas aguas de lagunas y esteros, donde viven mojarras, morenas, tarariras, bagres, dorados, surubíes y la temida palometa. Entre las casi 40 especies de anfibios presentes sobresalen las ranitas trepadoras. En el grupo de los reptiles se hallan dos especies de yacarés: el negro y el overo (también llamado ñato o de hocico corto). Estos fueron tenazmente perseguidos por su piel, pero afortunadamente, sus poblaciones se hallan en recuperación. Es común verlos asolearse en las costas de los embalsados. Su alimentación consiste en caracoles, escarabajos, tortugas de agua, culebras, peces y anfibios. Las hembras construyen un montículo donde llegan a depositar entre 40 y 60 huevos. La boa curiyú es pariente de la anaconda y puede superar los tres metros de largo, pero al igual que los yacarés, es totalmente inofensiva para el hombre. Entre los mamíferos, encontramos carpinchos, los roedores más grandes del mundo, que caminan con asombrosa mansedumbre entre la vegetación, al tiempo que las hembras y sus crías nadan en fila por los riachos, sin ninguna prisa. También en el agua está al animal más inquieto del lugar: el lobito de río. Este simpático acróbata acuático de cuerpo alargado y piel finísima, es la conocida nutria del hemisferio Norte. El ciervo de los pantanos, es el más grande de los cérvidos autóctonos sudamericanos. Su imponente figura rojiza fue objeto de una caza indiscriminada. En los malezales situados al noroeste de la Reserva, aún es posible encontrar algunos venados de las pampas, pariente de los que habitan en la costa del río de la Plata, aunque perteneciente a una subespecie diferente. Ya en tierra firme, los pastizales que rodean a los esteros dan refugio al aguará guazú (aguará: zorro; guazú: grande). Es el cánido más grande de Sudamérica. De hábitos solitarios, sale de noche en busca de sus presas predilectas, como ratas, cangrejos y pichones de aves. Come también vegetales y frutas. Es un gran caminador y su andar es muy raro porque camina llevando, en cada paso, las dos patas de un mismo costado hacia delante. La creencia popular lo vincula erróneamente con la leyenda del «lobizón», porque los que no lo conocen y lo ven de noche, creen que están viendo un lobizón, por su gran tamaño. También, se creía (equivocadamente) que come ovejas. Se ha demostrado que no es así. Por eso fue víctima de una agobiante e injusta cacería. Un hermoso chamamé, cuyo autor es Antonio Tarragó Ros, habla del aguará guazú. Dice así: «Ventea tu cara pequeña en la brisa del alba la flor del olvido patitas de junco costero, pelito de ciervo, vení que te quiero es triste pensarte aterido, ojitos de estrella que muere en el río queremos salvarte chamigo, gurises del pago ¡ofrézcanle abrigo! Aguará guazú, luz del pajonal, sol de invierno frío. Aguará guazú, che yaguá de miel, quiero darte abrigo. Virgen de Itatí, bendecile angá, es un correntino, que no tiene paz, aguará guazú, quiero darte un nido.» Monumentos Naturales Provinciales Con el fin de lograr la protección y la recuperación numérica de las especies integrantes de la fauna silvestre provincial y que están en serio peligro de extinción, el Poder Ejecutivo de la Provincia de Corrientes, por Decreto 1555, ha declarado Monumento Natural Provincial al ciervo de los pantanos, al aguará guazú, al lobito de río y al venado de las pampas. Esta disposición también tiene vigencia en el orden nacional e internacional, a través del Libro Rojo o Cites, que es parte de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. El carácter de Monumento Natural Provincial significa que, en relación a estas especies, queda absolutamente prohibida la captura en cualquier medio donde se encuentren en el territorio provincial, al acosamiento, la persecución, la tenencia, tránsito y /o comercialización de estas especies, estando ellas vivas o muertas, de sus despojos o elementos elaborados de estos. La ley les otorga la máxima protección. Especies amenazadas Están en peligro de extinción los mamíferos, como el oso hormiguero, el oso melero (tamanduá), el yaguarundí o gato moro, el gato montés, y el cabasú grande, entre otros. Entre las aves se pueden citar el ñandú, tucanes, loros, lechuzas, águilas y pequeños pajaritos selváticos. También reptiles como yacarés, tortugas y la boa acuática o curiyú. Entre los peces se detectó la disminución del manguruyú y del sábalo. Con respecto a las plantas, corren peligro de desaparecer de la flora argentina unas 200 especies de vegetales que viven en nuestra región, si no se toman las medidas adecuadas para su conservación. Factores alteran la naturaleza La fauna silvestre ha sufrido un descenso notable por la cacería deportiva y comercial ineficazmente controlada. El motivo de la caza comercial es la obtención de pieles y carnes. Sus víctimas son el yacaré, el carpincho, el lobito de río, el ciervo de los pantanos y el venado de las pampas (estos últimos son perseguidos como objeto de la caza deportiva). Las pieles son motivo de un tráfico ilegal internacional de gran envergadura, al igual que el comercio de aves y monos vivos. La gente mata al aguará guazú por un prejuicio cultural en la parte rural es asociado a la leyenda del lobizón. Además, los ambientes naturales se ven reducidos por la ampliación de las fronteras agrícolas y ganaderas. Con el crecimiento de las ciudades, paralelo a los avances científicos y tecnológicos, el hombre se fue olvidando de la naturaleza del paisaje, provocando cambios en los ecosistemas como desequilibrios del ciclo del agua, desvío y contaminación de los cursos de agua, creación de embalses, represas y canales. La contaminación ambiental es causada por residuos urbanos, industriales, pesticidas y biocidas (empleados, por ejemplo, en el cultivo del arroz). La tala indiscriminada de árboles afectan a las especies. Estas modificaciones alteran también el suelo, disminuyendo su fertilidad. Los pobladores El Iberá fue ocupado por el hombre desde hace siglos. Luego de la conquista española y con la expansión de la ganadería en la provincia, las tierras aledañas a los esteros fueron transformadas en estancias. Allí se afincaron los gauchos correntinos. Son excelentes jinetes, diestros en la doma, el arreo y en el manejo del lazo, y viven en la periferia de los esteros, pues no se internan en ellos. Otros pobladores, son los «mariscadores» o gente del estero. Ellos no pertenecen a la tierra firme. Su mundo está en el intrincado paisaje acuático, cargado de los sonidos de la bulliciosa vida animal. Pasan la mayor parte de su vida en canoas, alimentándose mediante la caza y la pesca. Para desplazarse entre los embalsados utilizan una pértiga de caña, llamada «botador». Viven en las escasas tierras altas del interior, en chozas rudimentarias. Los cazadores pasaban largas jornadas obteniendo decenas de cueros, pieles y plumas. De regreso en el pueblo, la mercadería era canjeada por tabaco, yerba, azúcar, bebidas alcohólicas y, con suerte, por unos pocos pesos, lo que obligaba a emprender una nueva excursión de caza. La continuidad de esta situación durante décadas, provocó una dramática disminución en el número de animales Fundación de la Reserva Natural Iberá Con el objetivo de preservar el Sistema del Iberá, dando una última esperanza a los pocos animales sobrevivientes, fue declarado en 1983, Reserva Natural, por ley 3771 de la Provincia de Corrientes. Esta Reserva continúa siendo el área natural protegida más grande de Argentina. Acceso Para acceder a la Reserva Natural Iberá, es conveniente tomar como base de actividades las localidades de Mercedes, Posadas o Colonia Carlos Pellegrini. Mercedes cuenta con un fácil acceso de vías de comunicación terrestre, y se halla a solo 120 km de los Esteros, por ruta provincial 40. La laguna Iberá es el epicentro de la Reserva. Sobre sus costas está el pequeño poblado de Colonia Carlos Pellegrini, al que es posible arribar en auto desde Buenos Aires (800 kilómetros) por la Ruta Nacional 14 hasta el paraje Cuatro Bocas, en el sur correntino, y luego por las rutas provinciales 119 (hasta Mercedes) y 40. Los esteros del Iberá pueden ser visitados en cualquier época del año, aunque el verano suele ser muy caluroso. En los días soleados de invierno se realizan excelentes avistajes de fauna mayor (carpinchos, ciervos y yacarés) y en la primavera el número de especies de aves aumenta mucho. Su fauna despierta el interés de sus visitantes, ya que cuenta con especies extinguidas en otras partes del mundo. Es posible hoy en esta cuenca, realizar actividades de turismo aventura, a cargo de una serie de estancias del lugar.

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