Se buscará que los potenciales inversores en turismo conozcan los márgenes de ganancias. En la industria maderera se apuntará a la fabricación de muebles. También se intentará colocar los productos hortícolas en el exterior. «Será una tarea difícil, pero lo importante es tener claro el objetivo», sostuvo Abel Motte. Mediante una serie de estímulos, el gobierno se propone para el 2001 fortalecer la economía local con capitales que inviertan en la provincia y con la reformulación de algunos sectores productivos que se desarrollan en Misiones. Básicamente, se apuntará al turismo, a la producción frutihortícola y a la industria maderera para convertirlas en las puntas de lanza de un proceso destinado a promover el comercio exterior y darle mayor valor agregado a los productos locales. «Es una tarea difícil, pero lo importante es tener claro el objetivo», sostuvo el subsecretario de Comercio Exterior e Integración Abel Motte, quien delineó los puntos centrales de la estrategia a encarar. «Pretendemos que el turismo no sea solamente recibir visitantes, sino ofrecer a empresarios interesados todos los elementos para proyectos integrales de inversión», refirió. La idea es que los probables inversores cuenten con información respecto a costos, volúmenes de turistas e incluso los márgenes de ganancia que pueden obtener. De esta manera, el Estado actuaría como una especie de «asesor» que mostraría las ventajas de establecerse en Misiones. «No trabajar solo en la promoción tradicional del turismo, sino en las cifras precisas relacionadas a la actividad», remarcó. DE ASERRADEROS A FÁBRICAS DE MUEBLES En cuanto al sector maderero, Motte explicó que la meta es buscar que se incorpore mayor valor agregado a los rollos que se sacan del monte misionero. Esto se lograría mediante un proceso de industrialización que no se termine en las tablas, vigas y tableros que salen de los aserraderos, sino que estas se transformen en muebles, tanto para el mercado interno como el externo. «Una tonelada de madera vale 100 dólares, mientras que una tonelada de muebles vale 1000 dólares», ejemplificó. Según este funcionario, San Juan de Puerto Rico, los Estados Unidos y algunos países del África podrían convertirse en clientes de los productos locales. «La idea es que las PyMES dejen de ser aserraderos y se transformen en fábricas», apuntó. Para alcanzar este objetivo, el gobierno pondría a disposición toda la información respecto a créditos para incorporar nuevas tecnologías, como así también los contactos iniciales con los posibles compradores. Por otra parte, al igual que en el turismo, se tentará a las fábricas interesadas en instalarse en Misiones con documentación referida a los costos de inversión y de la madera, tanto de los bosques nativos como de los implantados. En ese sentido, comentó que ya hubo contactos previos con madereros y PyMES de la zona de San Pedro, para trabajar en la forestación sustentable del «Corredor Verde» y la reserva de biosfera «Yabotí». FRUTAS Y VERDURAS AL MUNDO Finalmente, mencionó que la tercera pata en que se apoya el rediseño propuesto se encuentra en la incipiente producción frutihortícola de Misiones. Nacidas del necesario proceso de reconversión a las plantaciones tradicionales como el tabaco, la yerba mate y el té, las frutas y verduras que se producen en las chacras de la provincia podrían transformarse en una fuente de ingresos atractiva para los colonos. En consonancia con lo expresado por el director nacional del INTA, Oscar Costamagna, el subsecretario Motte destacó que el futuro para los minifundistas es insertar sus productos en las cadenas de supermercados y en los mercados concentradores de frutas del exterior. «Buscaremos lograr una vinculación con grandes mercados de consumo de materia frutihortícola como los Estados Unidos, por ejemplo», señaló. Aunque advirtió que para alcanzar esas plazas se necesita de un alto grado de calidad y certificación, Motte se mostró optimista en que la variedad de los productos y el trabajo de los minifundistas puedan superar esas exigencias. «Esto también tienen sus ventajas financieras para estos productores, porque no es lo mismo dedicarse al cultivo de frutas o verduras en 100 hectáreas que en 20. En este último caso, la mano de obra se puede cubrir con la familia, lo que a su vez baja los costos», concluyó el funcionario.
Técnico contento






