Enseña periodismo y estudió veterinaria. Nació en Mercedes, Buenos Aires, pero se enamoró de San Vicente. Pasó sus años infantiles excavando y desenterrando gliptodontes y mastodontes. Tuvo un pasado «izquierdoso» y pensaba que otro país era posible. Hoy enseña periodismo y a escribir con «libertad» Dicen algunos por ahí que la patria del hombre es la infancia, y la mía transcurrió en un pueblo de llanura de la provincia de Buenos Aires. Un pueblo a un costado del río Luján, un hilito de agua, que junto a mi viejo, un paleontólogo hobbista, marcaron lo que luego sería mi una constante en mi vida: la contemplación de la naturaleza. Mi pueblo natal, Mercedes, se hizo conocido porque en él recaló Florentino Ameghino con sus excavaciones paleontológicas, provocando una inesperada pasión por los huesos milenarios entre los pobladores. Mi padre, junto a un gran amigo y hoy paleontólogo de renombre mundial, José Bonaparte, empezaron su carrera paleontológica de la mano de un viejito que había sido discípulo de Ameghino. Así fue como pasé mi infancia excavando y desenterrando gliptodontes y mastodontes ¿como cualquier chico normal no? Rodolfo Nicolás Capaccio no es un profesor común. No es un escritor «normal». Apasionado de la literatura, ganó un premio de la prestigiosa editora española La Sonrisa Vertical, dedicada a los relatos eróticos, con su libro Sumido en Verde Temblor, que cuenta las peripecias sexuales de un naufrago de la expedición de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, recogido por los guaraníes cerca de las Cataratas. Periodista, narrador, profesor de Periodismo, Capaccio busca que sus alumnos amen la libertad de la que él hace un culto. Esa es la consigna, más allá de las pirámides invertidas de las noticias: escribir y pensar con libertad. En este reportaje, el mercedeño, que hace poco sufrió un accidente del que se está recuperando, habla de los tabúes del sexo, del amor y de su pasión por la literatura erótica. Una perla: prefiere las nueces al Viagra. Como me crié en un hogar con gran cantidad de libros, siempre encontré cierto refugio en ellos, y como casi todo aquél que lee con pasión, terminé escribiendo. Así hice un par de colaboraciones en los diarios locales. Luego del secundario, hacia fines de los ’50, en un pueblo de campo de la provincia de Buenos Aires, no había muchas opciones si los padres insistían en la carrera que debería estudiar uno. Así fue como recalé en La Plata para estudiar veterinaria. Definitivamente no era lo mío, pero un poco a los tumbos llegué a tercer año, allí me tocó esa atrocidad del servicio militar. Una experiencia asquerosa que sólo me hizo perder tiempo y fue muy traumática en su momento. Al terminarlo retorné a la carrera y comprendí definitivamente que la veterinaria no era para mí. ¿En qué trabajaba? Siempre fui lavacopas, después mozo, ayudante de cocina, y después encargado de un restaurante, colaborando esporádicamente con algunos diarios de La Plata. Uno de los restaurantes donde trabajé marcó una época, el «Caprex» (Cagazo Pre Examen), detrás de la facultad de Humanidades. Era fantástico, a ese lugar venían todas las minitas de la facultad, yo trabajaba mis ocho horas y después me quedaba con toda la gente. Fue una época gloriosa. Éramos tan románticos… Era un momento histórico y político muy especial, la revolución estaba al alcance de la mano, después el peronismo comenzó a imponerse, y yo nunca fui peronista. Con el golpe del ’66 y el gobierno de Onganía se percibía que en algún momento llegaría algo distinto, que finalmente fue el retorno de Perón, y todo lo que vino después. Pero en esos tiempos pensábamos que una realidad distinta era posible. Por ese entonces tuve un discreto paso por una agrupación medio «izquierdosa», pero sin penas ni gloria. Vivía toda esa atmósfera política, y comencé a escribir mucho y a pintar. Era una fiesta interna por haberme liberado de la presión familiar y una carrera impuesta. En esa época las decisiones familiares no eran muy democráticas, y haberme liberado de todo eso me marcó mucho. ¿Mucha diversión? Por supuesto, muchas peñas y trasnoches literarios. Arreglar el mundo, ese era el sueño. ¿Verdaderamente pensaban que la Argentina se podría arreglar? La verdad que sí, nadie podía imaginarse lo que vendría después. Venía la aurora social, en un país donde todavía había recursos. Un mañana mejor era inminente, pero miren lo que pasó. ¿Cómo llegó a Misiones? Fue por una chica amiga, que me comentó de una escuela que se abría en San Vicente. Ni bien llegué quedé deslumbrado con la provincia. Como no había docentes, me dieron un montón de horas, así me vi de pronto dando clases de Historia, Educación Democrática, Geografía, etc. en el Bachillerato Laboral Polivalente de San Vicente. De todos modos, en algún momento esa vida de campo le habrá resultado un tanto monótona. Si, después de tres años en ese pueblo sin agua, ni asfalto, habiendo venido de una ciudad grande me aburrió un poco. Además sentía un inmenso vacío intelectual que de pronto necesité llenar, y decidí volver a la gran urbe. ¿Cómo se vivió el golpe del ’76 en un pueblito del interior? En ese momento nadie lo percibió en su real dimensión. Seguimos trabajando normalmente, recién al mes se instaló una especie de piquete militar, y comenzaron a hacer algunas indagaciones de posibles sospechosos de militancia política, pero no llevaron preso a nadie. Además, desde la infancia uno se acostumbró a los golpes militares, y teniendo en cuenta el caos y desgobierno en que estaba sumido el país, con alguien nefasto como López Rega en el poder, la idea del golpe no pareció tan aberrante. Obviamente uno no imaginaba las atrocidades que se cometerían después. Hoy puedo decir que el peor de los gobiernos democráticas no puede ser peor que una dictadura. Cuando llegué a La Plata y comprendí lo nefasto y difícil que estaba la situación, con helicópteros sobrevolando y muchos amigos desaparecidos. No dudé, preparé de nuevo mis valijas y así recalé en Posadas. A partir de allí sólo fue trabajo y dedicación a la UNaM Escritor, Periodista, Realizador, Comunicador Social ¿Cual es el Capaccio más auténtico? Sin dudas, con el poncho que me siento más abrigado es el de la Universidad, pese a que sé que esta institución no te ampara, en cualquier momento te deja en la calle, que si le sacás un poco el hombro a un proyecto, el proyecto se cae. Son 22 años que llevo en esta universidad, y uno se empieza a hacer un poco carne. En definitiva, he vivido de y para la Universidad, este último tiempo, un tiempo que ha sido muy productivo para mí. Creo que aparte de lo que he dado institucionalmente, lo que he postergado es la parte como escritor. Por ello, mi ambición es ir, más allá de lo publicado, que lo he hecho en intersticios del trabajo institucional, lo que deseo es tener más tiempo para escribir. Me afloran muchas cosas. Se que cuando me pongo a escribir, uno se embala, pero ahora estoy abocado a la gestión, y me la tomo muy en serio, no puedo hacerlo part-time. Cuando me salga de esto me dedicaré a mis otras cosas. ¿Y la literatura erótica? Siempre he sido un tipo muy liberal, y por sobre todo, soy un tipo sin preocupaciones religiosas de ningún tipo. Esto me parece importante, porque la gente siempre vive con alguna preocupación religiosa desde chico, y yo, debido a mi pasado un poco naturalista, me crié en un hogar donde no me impusieron ninguna conducta en este sentido. Me consideré siempre un libre pensador. No tengo necesidad de creer en algo superior, yo creo en mi ética y mi conciencia, y creo que los seres humanos pueden arreglárselas muy bien entre si mismos, y crear un mundo muy elevado, sin estar pendientes de las sanciones de la Entidad Superior que te va a juzgar, si lo hiciste bien o si lo hiciste mal La creación, lo existente es una cosa demasiado profunda como para circunscribirla a los dogmas de la religión, es como achicar el misterio, y de algún modo bastardearlo. Por lo tanto, me considero con una libertad de pensamiento absoluta (no libertina), y al tener una plena libertad d e pensamiento, lo sexual lo vivo también con plena libertad, más allá de los límites morales que yo mismo me impongo. Lo erótico es algo así como la sublimación de lo sexual, es una especie de búsqueda de un lenguaje más fino, elegante, para expresar lo que en definitiva es la sexualidad. Se sugiere, no como en la pornografía en la que por su mismo nombre (el graphos) muestra lo que se hace. Acá sólo sugerís lo que es posible, y como lo sexual, por supuesto, evidentemente intelectual, porque sólo los animales realizan un acto sexual puramente biológico y orgánico. En el hombre pasa absolutamente por la mente, y donde todo lo que tenga que ver con el cuerpo es susceptible de ser trabajado desde la palabra y la imaginación; y con esa óptica allí considero que todo lo que comienza en ello y sugiere con total libertad es erotismo. Es lo que tiende hacia sin llegar muchas veces a que se concrete. ¿Entonces el erotismo se resumiría a la parte «teórica» del acto sexual, y cuando se lo consuma (a la hora de los bifes) se lo pierde? Creo que el acto sexual es un constante terminar y empezar, lo erótico se debe concretar, llegar a la culminación del acto sexual, y a partir del orgasmo mutuo de la pareja, lograr un nuevo renacer. Tanto éste erotismo, como también la sexualidad, lo veo totalmente abierto a las relaciones no sólo heterosexuales, ni teniendo en cuenta las razas o las edades. El sexo debe ser visto como algo normal a partir del despertar natural del sexo; me parece perfectamente admisible y hasta positivo la sexualidad entre los viejos. En cambio no admito de ninguna manera la sexualidad infantil. Creo que con el sexo uno puede hacer absolutamente lo que quiera, y donde quiera siempre y cuando haya correlación entre las partes, que no haya una parte abusada, ni una abusadora. ¿Que opina del Viagra? Creo que si a uno le hace bien, y realmente lo estimula, no tengo ningún problema. Me da un poco de miedo por los posible efectos colaterales. Tampoco creo que uno deba sobre-estimularse tomando la vida sexual como un competencia. Hay que vivir las edades placenteramente y dentro de lo orgánico hasta donde dé. La naturaleza te marca algunos límites y no me parece que deban ser forzados. Si querés ir un poco más allá, algún rollito debés tener en la cabeza. El Viagra no me lo imagino como una posibilidad para mí todavía. Creo que con unas buenas ensaladas de apio, o nueces se puede ir pasando. En Sumido en Verde temblor, el protagonista precisamente da vuelo al arte culinario y la antropofagia. Lo de la cocina en la novela vino a partir de las lecturas de Alvar Núñez, que describe las prácticas antropofágicas de los Guaraníes (generalmente con fines rituales, pero que se comían algunos humanos, se comían). Creo que la antropofagia es una especie de culminación del erotismo. Hay especies animales que se devoran después del apareamiento, como algunas arañas, la Mantis Religiosa. Obviamente en el ser humano esto no tiene correlato, sí en cambio en una especie de paroxismo erótico, donde creo que uno puede llegar a comerse al otro por amor. ¿Se considera una persona erótica? Absolutamente, soy un tipo alegremente erótico. No vivo el erotismo como algo tan absoluto ni dramático, o que tenga que vivir en una actitud erótica. Vivo el sexo muy alegre y libremente. Me gusta todo lo vinculado con lo sexual, sin traumas. ¿Mira películas pornográficas? Nunca vi cine porno, excepto lo que pasan eventualmente por televisión, pero no Venus, ni alquiler de videos, me choca. Así como no me gustan los cuentos groseros ni chabacanos, ni las revistas pornográficas. No me hace gracia. Si en cambio todo lo erótico vinculado con lo festivo: cuentos, revistas, fotografías, el arte erótico en general. Me gusta la revista Play Boy, donde se nota la calidad fotográfica. Soy un admirador de Robert Mapplethorpe (fotógrafo), veo sus imágenes como si fuesen esculturas, obras de arte maravillosas que me producen gran bienestar al observarlas. ¿Pagó o pagaría por tener sexo? Cuando era más joven, en la época de estudiante nunca tuve problemas. Era como un ritual. Me acuerdo de las «visitadoras», en La Plata, donde había mujeres que hacían el servicio a domicilio para estudiantes, y con precios módicos. Eran los comienzos de los ’60, con las novias casi no había sexo, estaban en los pueblos. Tampoco se estilaba como ahora (lo cual me parece perfecto) que haya sexo más informal, con alguna amistad, con la cual uno tiene relaciones esporádicas y con mayor soltura, eso no me tocó vivirlo. Mi época era casi como la de mi padre, donde primero al prostíbulo, y después el casamiento. Recuerdo una pensión donde también vivían los dueños, y nos invitaban otros muchachos para el día que llegaba la fulana; hasta que alquilamos una casa y éramos nosotros los que invitábamos. En la literatura erótica, más que en otros estilos, el uso de la metáfora es muy particular. Por supuesto, si no, caemos en lo explícito, lo pornográfico. Uno se vale de ciertos recursos para ejemplificar las situaciones. En la novela, como el protagonista era del siglo XIV, debí valerme de elementos acordes a la época, como «el arado», o «el espolón» para representar al pene, hoy tal vez utilizaría otros como «el misil». El relato erótico contempla la denominación «teta» para mencionar los pechos femeninos, no siendo tan explícito para los genitales, tanto masculinos como femeninos. Es cierto, antes de escribir la novela realicé una pequeña investigación, acerca de las denominaciones que se daban en la antigüedad a los órganos sexuales y no pude encontrar casi nada. Don Quijote hace algunas referencias, pero sólo se mencionan las tetas, pero lo demás, sólo metáforas, ninguna nominación directa sobre los órganos sexuales. Como dice Bretón (André) «mi mujer con sexo de gladiolo», eso es verdaderamente hermoso.
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