«Rincón Musical», más de 32 años vendiendo la música que escuchan los misioneros. Un lugar mezcla de bar sin copas y paseo. Se inauguró en 1968, cuando los gustos musicales, los avances tecnológicos, la música y hasta la manera de pensar de la gente eran otras Desde hace exactamente veinte años, la esquina de San Lorenzo y Córdoba es conocida como unas de las intersecciones neurálgicas del microcentro posadeño que ameniza con sus ritmos el trajín diario. El paso del tiempo se puede ver en los mobiliarios, en los carteles con su nombre y en los empleados que hace más de veinte años están al servicio de quienes desean satisfacer sus necesidades musicales. «Rincón Musical», inició sus actividades comerciales a mediados del año 1968, cuando los gustos musicales, los avances tecnológicos los materiales de difusión y hasta la manera de pensar de la gente eran otras. Surgió como una idea de Celio Mendrado Clausen, quien aún hoy se encuentra al frente del comercio. La primera ubicación fue en un local de la calle Bolívar 196 (de la vieja numeración), entre Ayacucho y Junin, frente al viejo Correo Central. La prosperidad de los primeros años de la década del 70 sumada a la audacia comercial, hicieron que desde 1971 hasta 1976, contara con dos sucursales ubicadas en Colón y San Martín y en avenida Mitre 190. Por sus estantes y bateas han pasado grabaciones de todos los ritmos y los artistas más variados, y por la memoria de sus empleados un sinnúmero de clientes y amigos que ha diario se suelen juntar en una de las esquinas sin sillas y mesas más tradicionales del microcentro capitalino. Luis Fernando Espíndola es una de las patas de la mesa en que se sostiene «Rincón Musical», pues hace 21 años que está trabajando para la firma. Se considera un «amante de la música en todas sus expresiones» y si tuviera que iniciar de nuevo su vida, elegiría la misma profesión que le ha dado de comer estos últimos 21 años. Sin las viejas bateas de Long Play, sin las cajas enormes de los magazines track, entre modernos exhibidores de acrílico porta CD y cajas de Cassettes y con Ricky Martin sonando de fondo, Espíndola le contó a Misiones Off Line parte de su vida en uno de los comercios más tradicionales de la ciudad. ¿Cómo comenzó en esta profesión? Hace un poco más de 20 años que ingresé a trabajar a Rincón, cuando entré, a los pocos meses nos mudamos al local actual que está cumpliendo 20 años. ¿Cómo es que se sobrevive en un rubro tan cambiante como el de la venta de música? Los cambios suceden mucho más rápido de lo que uno de imagina. Siempre pensamos que los avances de la tecnología nunca nos van a afectar y sin embargo cuando menos pensamos, nos están cambiando la vida. Cuántos nos decían que el CD nunca iba a reemplazar al disco de vinilo y cuando nos dimos cuenta, el mercado solo exige CD. ¿Y el magazine? Ese es el ejemplo mas claro. El magazine nació y murió para siempre en menos de tres años. Cuando habíamos logrado imponer los reproductores de magazine y comprado un cargamento gigantesco de cajas forradas en nylon para guardarlos en los autos o donde quisieran, empezaron a llegar los cassettes, que en menos de un año y medio desplazaron totalmente a los grandotes. Una causa era el tamaño, ya que el cassette era casi la mitad del otro y además por fidelidad. A pesar de que el magazine tenía las grabaciones hechas en ocho bandas y el cassette en dos, la calidad de la cinta del cassette superaba a la del magazine y el sonido era muy superior para la época. ¿Sucedió lo mismo con los discos de vinilo? Con los discos de vinilo pasó más o menos lo mismo. Tenían muy buena fidelidad, con los accesorios adecuados en un buen equipo de música se lograba muy buen sonido, eran de fácil transportación, durables, pero cuando apareció el CD lo borró casi por completo en poco tiempo. ¿Todavía siguen vendiendo discos? En Posadas, poco y nada y en el resto del país es casi nula la venta de vinilos. Los piden los Disck Jockey, algunos coleccionistas, los nostálgicos y algún que otro atrasado que sigue teniendo «Winco» en su casa. Ya no los traemos más, estamos vendiendo lo que nos ha quedado en stock y si alguno pide algo en especial lo mandamos a buscar a Buenos Aires o a las distribuidoras de Brasil, donde todavía se sigue consumiendo el disco de vinilo. ¿Tuvieron alguna época de furor en las ventas? Siempre vendimos bien, aunque sin separarnos mucho de la situación general. Según las épocas lo que iban cambiando eran los gustos, pero las cantidades de discos, cassettes o CD siempre son parecidas. Lo que se vende mucho, hace veinte años y ahora, es la música más tradicionalista: tango, chamamé, folklore en general. Lo que va cambiando son los ritmos que consume la gente más joven. En los 70 se escuchaba la música disco, en los 80 una variedad muy especial del rock, en el principio de los 90 invadió el rap, el pop mezclados con el rock y sobre el final de la década la denominada «música alternativa». ¿Cuál es el secreto para perdurar en el tiempo en un rubro tan cambiante? Una sola receta: trabajar, trabajar y seguir trabajando. ¿Tienen clientes fijos que cuando llega algo especial lo apartan para ellos? Si, muchos. Hay gente que hace más de veinte años que escucha un tipo de música y sigue todas las ediciones de determinado conjunto o le gusta escuchar música de tal o cual país y nosotros cada vez que llega algo que sabemos les va a interesar, lo apartamos y los llamamos para ver si lo quieren, aunque la mayoría son amigos de muchos años y todos los días se dan una pasadita, aunque sea para saludar. ¿Cómo conviven con lo ilegal del otro lado del río? Cada vez nos va cavando un poquito más la fosa, es algo a lo que en un tiempo nos podíamos enfrentar con calidad, pero ahora se nos hace casi imposible. No por la calidad de producto, porque acá los seguimos superando, pero la gente busca precio en detrimento de la calidad y eso solo se encuentra del otro lado. ¿Y cómo conviven con el gran monstruo de la venta de música que se instaló al lado del local de Rincón? (Musimundo)? Nos significó un golpe durísimo, más que nada en lo que respecta a precios, porque nosotros tenemos una clientela que la gran mayoría sigue siendo fiel. Pero en cuanto a precios, sí nos ganan. Porque sólo les podemos competir con determinados artículos. Si ellos hicieron una mala compra y tienen que sacársela de encima, no les importa el precio que pongan para la venta al público ni que sus vecinitos de al lado tengan existencia de lo mismo al precio normal, entonces nosotros nos tenemos que guardar esos CD por meses hasta que a ellos se les ocurre subirlos o se les terminan. Pero, a Dios gracias, que hay muchos intérpretes o ritmos en los que no están capacitados o no tienen el poder de reacción de los chicos para buscar una determinada música y es ahí donde nosotros ganamos. ¿Y en que le gana Rincón a Musimundo? Generalmente en los ritmos folklóricos o tradicionales. Sucede algo muy particular y es el hecho de que la gente que atiende al público es muy joven y no tiene mucha idea de música, salvo lo último o los artistas del momento. En eso nosotros ganamos, les damos a los clientes una atención más personalizada y más adaptada a la idiosincrasia del lugar. ¿Los clientes son de todas las edades? Si, de todas las edades. Los jóvenes son los que más música consumen aunque la plata se la den los padres. ¿Qué es lo que más compran? En este momento, lo que más se vende es la música alternativa: Nirvana, ACDC, Redondos, Divididos, Reminent, No Don’t, etc, aunque nunca decayeron nuestros fuertes que son el chamamé, el tango y el folklore en general. ¿Y la cumbia? Aunque siempre mantuvo su nivel de ventas a través del tiempo, ha decaído bastante en cuanto al verano pasado. Puede ser porque la gente escucha otra cosa o porque en Paraguay la mayoría de la música que se vende es de este tipo. ¿Qué anécdota especial recuerda de estos últimos 20 años en los que se ha dedicado a vender música? Nada en especial, aunque todos los días suceden hechos curiosos de gente que viene a buscar un tema al que solamente conoce tarareándolo y nosotros tenemos que adivinar de que se trata. Además, con el paso del tiempo, Rincón se ha transformado en una especie de bar sin mesas y sin bebidas, porque mucha gente no se vuelve a su casa o no deja el centro sin pasar a saludar o entrar a charlar un rato. ¿Cómo ven los cambios que ha tenido el centro en estos últimos años? Ha cambiado y mucho. Esto no es lo mismo que hace 10 años atrás. Antes los comercios se extendían por San Lorenzo hacia Mitre y ahora se han diseminado más hacia los costados y la Mitre pasó a ser una avenida casi sin negocios. Además, no se sabe cual es el perfil que se le quiere dar al centro, porque un día dicen que van a poner una costanera, al tiempo cierran varios locales de una cuadra y nunca más vuelven a ocuparse, entonces no sabemos como se piensa estructurar el comercio del centro. ¿Si tuviera que elegir una profesión elegirían nuevamente la música? Si, sin lugar a dudas. Trabajé en varias cosas simultáneamente pero siempre regresé a mi amor que es la música.







