El hecho ocurrió ayer a la tarde en el barrio Olimpia. Apuñaló a su ex concubina dentro del auto y la arrojó sobre una calle. Se refugió en su casa pero la Policía lo localizó. Anoche era intervenido quirúrgicamente. La locura volvió a cobrarse una víctima ayer a la tarde cuando un hombre apuñaló reiteradamente a su ex concubina y luego intentó suicidarse clavándose el mismo puñal en el pecho. El drama se desató cerca de las 17.00 cuando Eustaquio Báez, de 56 años, interceptó a su ex pareja, quien salió de su casa para participar de una ceremonia religiosa que se iba a realizar en la capilla del barrio Olimpia, en la zona Suroeste de Posadas. La mujer fue obligaba a subir al viejo Fiat 125 por Báez, quien desesperadamente intentaba recomponer la relación. El hombre había vivido en concubinato con Gladis Luisa Rivero (43), durante cinco años. Debido a la negativa de la mujer, el despechado individuo extrajo un cuchillo de gran tamaño y le asestó varias puñaladas, provocándole la muerte casi en el acto. Báez arrojó el cuerpo de su ex concubina en la intersección de las avenidas Monseñor DAndrea e Ituzaingó y partió velozmente en su auto. El hecho fue presenciado por varias personas que inmediatamente alertaron a la Policía. El homicida tras consumar el hecho fue hasta su casa donde esperó tranquilamente la llegada de los uniformados. Cuando el móvil policial se estacionó frente a su domicilio, en el barrio Itaembé Miní II, donde vivía solo, se encerró en la casa. El hombre tomó el mismo puñal que utilizó para matar a Rivero y se lo clavó en el pecho, señalaron voceros policiales. Con el arma blanca encajada en el pecho, Báez fue trasladado en forma urgente al Hospital Ramón Madariaga, donde fue intervenido quirúrgicamente y quedó internado en grave estado. Anoche trascendió que la mujer tenía cuatro hijos, pero sólo vivía con ella una nena de 13 años, ya que los otros tres se habían independizado. Las actuaciones sumariales de rigor se labraron en la Seccional Sexta con intervención del juez de Instrucción Eduardo DOrsaneo.
La acusación y la defensa






