Tras matar al empresario, Pablo León se refugió en Corrientes protegido por grupos vinculados a la prostitución

Un oficial logró ubicar los boliches gay que frecuentaba, pero no pudo detenerlo porque el sospechoso viajó a Posadas y se entregó. Sus familiares se negaron a declarar en el juicio. El juicio pasó a un cuarto intermedio hasta el lunes, Unos días después de matar al empresario Hugo Héctor Sipituca, el joven Pablo Andrés León viajó a la ciudad de Corrientes y allí buscó la protección de grupos vinculados a la prostitución y explotación de boliches gay. Incluso llegó a vincularse sentimentalmente con el dueño de uno de esos locales nocturnos, de acuerdo con la declaración que brindó esta mañana un oficial de Policía. El subcomisario Rodolfo Kuzak relató que estuvo unos diez días en Corrientes trabajando junto con efectivos de la Policía de esa provincia. En base a algunos testimonios estableció que el sospechoso solía llegar a los boliches cerca de las 2.00 y permanecía hasta el cierre. En base a fotografías fue reconocido por una prostituta que antes había estado en Posadas y por un patovica. Esta investigación hechó por tierra la versión que ayer dio el imputado al prestar declaración ante el Tribunal, al sostener que permaneció escondido durante diez meses en la ciudad brasileña de Uruguayana. Esta mañana también declaró Carmen Graciela Martínez, cuñada de la víctima, quien aseguró que Sipituca solía darle dinero a León. Recordó que unos seis meses antes de su muerte, el empresario cayó en un pozo depresivo y no quería atender a nadie, incluso por teléfono. Esta mañana también se presentó ante el Tribunal la esposa del imputado, quien se negó a declarar amparándose en sus derechos. Idéntica actitud asumieron el padre del joven, Carlos Rubén León, su esposa, Natividad Alegre; y Orlando González, cuñado de León. La suegra del imputado, Lucía Beatriz Leguiza, sostuvo que «el sábado 20 de setiembre mi hija vino sola a casa porque Pablo tenía que viajar a San Vicente. Mi yerno volvió el domingo a las 9.30 y nos contó que la perra había hecho un desastre en la casa y se demoró limpiando. Ese día lo invitaron a un asado pero no quiso ir», recordó la mujer. Agregó que «el lunes comenzó a ponerse muy nervioso y no quería volver a la casa. A la tarde salió y ya no lo vimos más», indicó. Varios efectivos de la Dirección de Investigaciones prestaron declaración pero no aportaron datos de relevancia, al igual que el albañil Hugo Chigal, quien realizó trabajos en la casa de Sipituca y vio llegar a Pablo León a la vivienda. Por su parte, Mario Armando Chávez dijo que conocía a la víctima desde hace más de diez años y mantenía una relación de amistad. Agregó que a León lo conoció unos cuatro años antes del homicidio cuando lo vio en compañía del empresario. CONFESION El 20 de setiembre de 1997, León le dijo a su esposa que tenía previsto viajar al interior y no regresaría hasta el día siguiente, motivo por el cual la joven se trasladó a la casa de sus padres, en el barrio Los Pinos. El imputado viajó a San Vicente junto con Sipituca en el Peugeot 504 gasolero del empresario. Regresaron cerca de las 18.00 y se instalaron en la vivienda ubicada sobre la avenida Ituzaingó, en la zona Oeste de Posadas, donde residía el joven. Según declaró León, la víctima comenzó a recriminarle por el inminente nacimiento de su segundo hijo, la falta de compromiso para con la relación que mantenían, y el poco cuidado que el muchacho tenía de su aspecto personal. Posteriormente, Sipituca le habría insinuado sus intenciones de mantener relaciones sexuales quitándose la ropa. Ante su negativa, el empresario le habría tomado de los cabellos, produciendo -según León- su reacción: tomó un martillo y lo golpeó en reiteradas oportunidades en la cabeza. Posteriormente cargó el cuerpo en el auto y lo llevó hasta la avenida Tomás Guido, donde fue encontrado dos días después.

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