La pequeña es oriunda de Puerto Rico y padece de leucemia linfoblástica aguda. La Provincia le otorgó un subsidio de 3.000 pesos. «Esto pasa porque la Nación no envía medicamentos, ni vacunas, ni leche», se lamentó el ministro Albrecht. La pequeña Lucía de tan solo tres años es una de las tantas víctimas de un sistema sanitario cuyos engranajes nunca terminan de aceitarse. Con una leucemia linfoblástica aguda (cáncer en la sangre) debió trasladarse junto a sus padres hacia Buenos Aires para continuar la lucha por su vida, ya que la falta de drogas oncológicas en la provincia de Misiones le anticipaban una derrota inevitable. Las penurias de la niña comenzaron en su localidad natal, Puerto Rico. Allí, luego de varios estudios de sangre, los médicos detectaron que tenía un bajo porcentaje de glóbulos rojos. A pesar de las transfusiones de sangre de donantes que se acercaron gracias a la difusión mediática de su caso, y de las dosis de hierro, antiparasitario y calcio dadas por sus padres, Lucía no mejoró. «Eso se le notaba en su cara amarillita y en sus ganglios hinchados», recordó con tristeza su papá Walter Muzzio, un formoseño de 25 años, Por este motivo, en la clínica de Puerto Rico recomendaron hacerle estudios más complejos en el hospital Madariaga de Posadas. En la capital provincial, confirmaron la enfermedad y comenzaron el tratamiento. «Con la orden del ministerio de Salud de Misiones fui a la farmacia y a la semana me dieron las drogas y cuando se terminaron solicité más, pero me dijeron que la Nación no las estaba mandando», destacó Muzzio. «Son drogas que valen al menos unos tres mil pesos para cada etapa del tratamiento. Y si no las retiro en forma gratuita por orden del ministerio provincial, no las puedo pagar», lamentó. Este malestar por la falta de medicamentos es compartida por el propio ministro de Salud de Misiones, Telmo Albrecht. «Esto pasa porque la Nación no envía medicamentos, ni vacunas, ni leche». Todos los días recibimos pedidos de 2000 o 3000 mil pesos para medicamentos que debemos pagar de nuestro bolsillo, cuando la Nación los puede conseguir a 500 pesos», enfatizó el ministro Albrecht. Molesto por una situación que -asegura- le fue planteada a par nacional Héctor Lombardo, el funcionario provincial agregó que la familia Muzzio recibió un subsidio de 3.000 pesos para comenzar su nueva vida en localidad bonaerense de Ramos Mejía, cerca del hospital Posadas, donde fue derivada Lucía. VIAJE A LA ESPERANZA A pesar de la grave enfermedad, hay algunas esperanzas. «Por estar entre los 2 y 6 años, y ser una nena, el oncólogo me dijo que estaba en el grupo que mejor recibe la quimioterapia», dijo Walter. Mientras sólo tenían corticoides para administrarle a Lucía, su papá abrió la cuenta benéfica 407-516-586/6 en el Banco Nación, sucursal Posadas, a nombre de su hija, para comprar medicamentos y aún la mantiene abierta para los que quieran hacer una donación. «Pero nunca llegaba a juntar el dinero y me comuniqué con algunos legisladores provinciales y nacionales con el fin de lograr la derivación de la nena a un hospital de Buenos Aires, para que se le pudieran hacer estudios más avanzados y conseguir los medicamentos de forma gratuita», destacó. «Esto a duras penas se logró -resaltó Muzzio- para el 15 de agosto, cuando ya hacía dos semanas que no se le suministraba las drogas». Un papá con título de técnico maderero -una industria importante en Misiones pero casi inexistente en Buenos Aires- y una mamá de sólo 23 años -embarazada de cuatro meses- se fueron a vivir a la localidad bonaerense de Ramos Mejía. «Vivimos en un departamento alquilado, cuyos propietarios nos bancan bastante porque saben que yo estoy sin trabajo y mi nena está muy enferma», contó agradecido Muzzio, aunque él y su mujer debieron estar por un tiempo a cientos de kilómetros de distancia de su otro hijo, Esteban, que todavía no cumplió un año. UNA PILETA «CASI VACÍA» «La primer etapa del tratamiento Lucía la terminó a duras penas. Fueron tres meses, bastante más de lo normal. Para darle aliento a Lucía trajimos a su hermano a Buenos Aires y si antes no tenía ganas de hacer nada, ahora se mueve todo el día», contó. Con la perspectiva de dos años de tratamiento en Buenos Aires, Lucía ya inició la segunda etapa «que es como tirarse a una pileta casi vacía porque no sabemos si va a funcionar. Hasta ahora va espectacular, apoyada por toda la familia», comentó. «Ahora lo que necesito es conseguir un trabajo para poder mantener a mi familia en Buenos Aires, y no tener que seguir pidiéndole ayuda a mis familiares o a extraños», pidió Muzzio, quien además de técnico maderero tiene estudios en computación, y proyecta para el año próximo estudiar Ingeniería Informática, gracias a una beca que le brinda la Universidad de La Matanza. Muzzio no deja de nombrar a las personas que los ayudaron y si bien su pedido es conseguir un trabajo, también tiene un sueño: «Viajar en avión a Misiones para Navidad para estar con la familia porque Lucía los extraña mucho. No podemos hacerlo en micro porque con esta enfermedad no puede resistir un viaje tan largo».







