El remisero Pablo León se sentará hoy en el banquillo de los acusados para ser juzgado por el homicidio de Héctor Sipituca

La defensa buscará atenuantes para evitar que sea condenado a prisión perpetua. El remisero está preso desde julio de 1998 pero el hecho ocurrió en el 97. Declararán 16 testigos y el debate finalizaría el viernes. El brutal asesinato del empresario posadeño Héctor Hugo Sipituca será ventilado hoy en un juicio oral y público que sentará en el banquillo de los acusados al remisero Pablo León, quien estuvo prófugo durante casi un año y luego se entregó ante la Justicia. La situación del imputado es muy comprometida y está previsto que hoy por la mañana brinde una extensa declaración ante los jueces relatando el hecho y su incursión en el submundo de la prostitución desde su adolescencia. León será defendido por los abogados José Jacobo Máss -defendió al médico de El Alcázar Hugo Fernando Salazar del Risco- y Roberto Sena, quienes intentarán evitar que el joven sea condenado a prisión perpetua exponiendo una serie de atenuantes. Durante el debate está previsto que declaren 16 testigos y es probable que la sentencia se conozca el viernes. El cuerpo del empresario Héctor Sipituca fue encontrado el 23 de setiembre de 1997. Estaba en el asiento trasero de su automóvil Peugeot 504, que había sido dejado estacionado sobre la avenida Tomás Guido, a metros de su intersección con López y Planes. El cadáver, que ya estaba en proceso de descomposición estaba desnudo y atado con una cadena. Además, presentaba numerosas lesiones, entre ellas quemaduras con cigarrillos, mordiscos y heridas cortantes. El caso fue investigado por la jueza de Instrucción Demetria González de Canteros, quien centró sus sospechas en Pablo León al hallar en la agenda de la víctima anotado en varios lugares el nombre del remisero. La magistrada ordenó allanar el departamento de los suegros de León, en el barrio Los Pinos y la casa que éste ocupaba con su joven esposa en la avenida Ituzaingó, entre Zapiola y Monseñor D`Andrea, en la zona oeste de Posadas. En ese lugar la Policía halló sábanas y prendas de vestir con manchas de sangre, una maza y otros objetos contundentes con los que supuestamente fue golpeada la víctima. Para ese entonces, Pablo León había desaparecido sin dejar rastros. La Policía lo buscó en distintos lugares de Posadas y luego la búsqueda se extendió a Buenos Aires y la ciudad de Corrientes, pero sin resultados positivos. Tras permanecer prófugo durante diez meses, el 1º de julio de 1998 Pablo León se presentó en el juzgado de Instrucción 3, que ya estaba a cargo del juez Eduardo D’Orsaneo. Pero el magistrado no pudo indagarlo porque el abogado del remisero presentó una recusación y la causa pasó a manos del juez Horacio Enrique Gallardo, quien le dictó el procesamiento y la prisión preventiva. Durante la instrucción de la causa ocurrió un hecho poco común: desaparecieron misteriosamente del juzgado de Instrucción 3 la maza, una pala, las prendas de vestir con manchas de sangre y la cadena para perros que fue usada para arrastrar el cadáver hasta el auto del empresario. Los elementos de prueba nunca fueron encontrados y la única prueba de su existencia es, precisamente, el acta de allanamiento.

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