No tanto por el juego, sino por el asombroso vendaval con el que se jugaron los últimos veinte minutos del partido. El duelo finalizó empatado en uno y el resultado le vino bien a los dos. Hubo bastante gente y se disputó en un clima caliente y de nervios exasperados. Duelo de pesos pesados; partido duro y emotivo, que se terminó jugando bajo un vendaval de nervios, truenos y lluvia bíblica, que le dio un aura de encuentro inolvidable. Es que el clásico de pueblo que se disputó en «El Pueblito» entre Tigre de Santo Pipó y el Candelaria puntero e invicto del Oficial terminó siendo un duelo memorable. Terminó 1 a 1 por uno de esos caprichos del fútbol. Podría haber sido 2 a 2 o si cualquiera ganaba, también hubiera estado bien. En definitiva el resultado les sirve a los dos. A Candelaria porque supera la siempre complicada prueba que significa jugar en «El Pueblito» y a Tigre porque queda a la expectativa y se recupera de su derrota ante Mitre. POCO FÚTBOL En la primera etapa las cosas fueron sumamente parejas. Más que nada porque las defensas se mostraron sólidas y efectivas a la hora de controlar a los complicados delanteros rivales. Mientras Dardo Romero se devoraba con sus largos pasos la velocidad del Luchi Quiroga, Joselín Cubilla, por su parte, le ganaba permanentemente a Han del Valle en el otro lado del campo de juego. El único que inquietaba con sus ganas y su polenta, era Darío González, el que, por momentos, pudo doblegar la tenacidad defensiva de Ayala. Durante los primeros 45 hubo algunos intentos, pero todo muy leve, salvo al final. A los 41 Piris tardó una eternidad para definir un mano a mano ante Rosa que era la apertura del marcador. Y bueno, ya lo dice el axioma futbolístico, goles que se pierden en un arco, se sufren en el otro y eso es lo que le pasó a Candé. A los 45 el recién ingresado Richard Núñez lo tocó en el área a Martínez y el árbitro cobró bien el penal que Dante con remate suave y esquinado transformó en gol. LA LLUVIA BÍBLICA En la segunda etapa Candelaria salió a defender su invicto con el ahínco necesario como para arrinconar a Tigre. En los primeros tres minutos tuvo tres corner y, a los nueve, luego de otro lanzamiento desde la esquina, llegó el empate. La pelota le quedó a Dardo Romero, el tres la paró con gran calidad y sacó el latigazo de zurda que un defensor en la línea logró frenar. Pero claro, estaba Han del Valle, uno de esos goleadores que si está de frente al arco, no perdono y el grandote no perdonó. El duelo quedó 1 a 1 y todo pintaba para partidazo. Lástima que al árbitro Vera el partido le quedó tan grande que con una par de piernas fuertes que se registraron, el duelo se le fue de las manos. Romero con dos golpes muy duros contra Alan, fue el que desató la calentura general. Vera ni siquiera amonestó al lateral y Dante fue por la revancha. El tema es que el Pelado anda medio descontrolado y se tomó venganza a la vista de todos, sobre todo del árbitro, que no tuvo opción y lo expulsó. Con la expulsión el partido se abrió y de igual forma se abrió el amenazante cielo para dejar caer sobre la zona una lluvia asombrosa y casi bíblica. Allí la cosa se puso para cualquiera. La pelota era incontrolable. Casi no se podía jugar ni por lo bajo, ni por lo alto. La cancha ya estaba anegada y por los aires al balón se lo llevaba el viento. Pero el duelo ganó en nerviosismo y en espectacularidad. Asombraba ver a los 22 jugadores luchando y corriendo ante una lluvia apoteósica. Así se fue el partido, se acabó entre gente corriendo de la lluvia y jugadores enojados con el bajo arbitraje.
Acá están, estos son






