El director del área, Ricardo Barchuk estimó que en Posadas el 50 por ciento del agua tiene contaminación bacteriológica. Estimó que aumentarán los casos de hepatitis por la mala esterilización de la materia fecal, uno de los principales transmisores La muerte de dos jóvenes presuntamente por hepatitis fulminante revela una realidad mucho más dura que una simple casualidad. Según el director de Salubridad Ambiental de la provincia, el virus de la hepatitis, del que uno de los principales transmisores es el agua, puede ser masivo en los próximos años cuando la represa Yacyretá eleve la cota a nivel 83 porque subirá las napas freáticas y cuánto más elevadas estén, más se contaminará el agua por pozos negros, desagües cloacales y desechos industriales. Ricardo Barchuk, director de Salubridad, hará un análisis del agua en las zonas de residencia de los jóvenes para determinar si está contaminada y si pudo haber transmitido el virus de la hepatitis fulminante. Sin embargo, el funcionario adelantó que el agua en Posadas «tiene un 50 por ciento de contaminación» y que «cuando hay una población importante, puede ser del 100 por ciento de contaminación bacteriológica». Barchuk atribuyó esta situación a la inexistencia de una red cloacal en los barrios posadeños y a falta de agua potable en la periferia. «Yacyretá complicará las cosas, porque al haber pozos de agua no perforados y una red cloacal insuficiente, no habrá una buena esterilización de la materia fecal, uno de los transmisores de la hepatitis fulminante. En los años venideros, los casos de hepatitis van a aumentar», alertó. Por su parte, el director de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, Julio Estévez, señaló que «no tengo elementos para determinar si se trata de una hepatitis de tipo A o B». Las direcciones de Epidemiología y de Salubridad Ambiental investigan desde el miércoles la misteriosa muerte de dos jóvenes que habrían sido infectados por un virus letal. El primero de los casos ocurrió hace tres semanas, el segundo el lunes y ambos decesos se emparientan por un diagnóstico de hepatitis «fulminante», o insuficiencia hepática aguda grave que no tiene un «tratamiento específico». Según las fuentes consultadas, que se den dos casos en una misma ciudad y tiempos casi simultáneos «es inédito». Hasta ahora los médicos no conocen el origen y el transmisor de la enfermedad y sólo se tiene un indicio: uno de los jóvenes ingirió pollo posiblemente contaminado. Sin embargo, el mayor transmisor es el agua contaminada con heces (materia fecal), lo que acrecienta los riesgos para toda la población. Lo que une a ambos casos es que los jóvenes iban al mismo colegio, aunque las muertes se produjeron en época de vacaciones primero y en huelga docente después. Cristian Cabral tenía 18 años y era abanderado del Instituto Posadas. Pensaba estudiar periodismo y era fanático de Los Redonditos de Ricota, La Renga y River Plate, su gran pasión. Estaba de novio hace un año y diez meses con Ivana Pellegrini. La vida le quedó corta. El domingo ingresó al sanatorio Buenos Aires y en un principio le diagnosticaron apendicitis. El lunes le anunciaron el alta, pero pocas horas después pasó a urgencias y estuvo a punto de ser trasladado a Buenos Aires. Murió. La cercanía de la muerte fue uno de los factores que le jugó una mala pasada. Hace dos domingos asistió a dos velorios y ese mismo día se le comenzaron a notar los primeros síntomas de la enfermedad, pero familiares y amigos consideraron que era producto de la depresión por el fallecimiento de su abuela. Cristian había comido «pollo con mayonesa», comprado en una carnicería posadeña. En caso de que la carne esté contaminada, puede ser un transmisor, pero los médicos casi lo descartan. Cuando se dieron cuenta de la gravedad de su estado ya era tarde, teniendo en cuenta que la enfermedad -en caso de que sea hepatitis aguda- tiene muy poco tiempo de incubación y los médicos no detectaron la enfermedad. Del otro caso, poco se conoce, ya que desde Salud Pública no se informó, pero los síntomas son similares. Como para hacer más difusa la situación creada por dos casos similares de una enfermedad que es «inédita» según Esper, el fallecimiento de Cristian Cabral está rodeado de puntos oscuros que involucran a la atención recibida en el sanatorio Buenos Aires. El acta de fallecimiento está firmado por el médico José Alvarenga. Según el padre del chico, le hicieron un mal diagnostico -dijeron que tenía apendicitis-. Con una ecografía descartaron la cirugía y después de la muerte en la historia clínica señalaron que el fallecimiento se produjo por un paro cardiorrespiratorio. Recién el jueves los análisis determinaron que se trataba de una hepatitis. También le cambiaron la hora del fallecimiento -fue el lunes a las 19.50- y pusieron que había muerto a la mañana y lo más grave, cambiaron la dirección del sanatorio por una ficticia. Los familiares iniciarían acciones legales contra el sanatorio. Alvarenga no se encontraba anoche en el sanatorio, pero el médico de guardia en terapia intensiva señaló que Cristian tuvo un «cuadro de hepatitis fulminante».



