Un año y medio internado sin que nadie se haga cargo de su operación

El caso de Ángel Miranda se hizo conocido a través de los medios. Sin recursos, el gobierno le prometió costear la operación hace tres meses, pero hasta ahora nada ha pasado. Sale más caro internado que si lo curaran. Piensa dejar el hospital Madariaga aunque no lo curen Ángel pasa sus días en el hospital Madariaga en medio de una constante incertidumbre, al punto tal que a veces no sabe para qué lado arrancar. Quiere irse, pero tiene miedo. Se queda, pero el miedo no se va. Desde no saber si someterse a la intervención quirúrgica que necesita para no quedar hemipléjico, hasta las disputas de las religiosas que pretenden quedarse con él como si fuera un «verdadero trofeo». La historia de Ángel Miranda, comenzó hace exactamente un año y medio en Monte Carlo, cuando un balde con mezcla se le cayó en la nuca, mientras realizaba una changa de albañilería, que le provocó una lesión en una de las vértebras, que le está presionando la médula osea. Después de recibir atención en el hospital de área de Monte Carlo, fue trasladado al Madariaga, donde los especialistas determinaron que tenía que someterse a una intervención quirúrgica, para colocarle una prótesis. El hombre, que celebró su cumpleaños número 35, el 2 de agosto del año pasado en el nosocomio, es soltero, carente de recursos, de poca instrucción y no tiene ningún familiar, según confiesa. Con esta realidad, pasó un año y tres meses internado, sin que nadie lograra que se arbitren los medios para que la operación se realice. Hasta que su caso se hizo público a través de los medios de comunicación. Fue entonces cuando las autoridades de salud, incluido el propio ministro Telmo Albretch, se comprometieron a dar una «inmediata solución» al problema de Ángel. Se logró conseguir la prótesis, cuyo costo era de 1200 pesos, y se dijo que en cuestión de días se le iba a implantar la prótesis y tras de un mes de recuperación, Ángel podría volver a Monte Carlo. Pero todo fue tan solo promesas. El tiempo transcurrió y sigue internado, aguardando que los médicos se decidan a practicarle la intervención. Cuál es la razón por la que aún no han tomado tal determinación. Bien no se sabe, pero en un principio se dijo que no había sangre del tipo B negativo, de la que Ángel es poseedor. Lo llamativo es que el Estado no hace las cuentas como corresponde, ya que si lo hubiera hecho, habría arbitrado los medios como para solucionar en forma urgente la situación de Ángel. Una internación le cuesta al Estado 80 pesos por día, entre comida, atención de los profesionales, servicio de hotelería, proporcional de luz, agua, entre otros ítems, lo que significa que la Provincia lleva gastado en éste hombre la, para nada despreciable cifra de 43.760 pesos, que se pudieron haber invertido en otras tantas necesidades que sufre el hospital y en curar el dolor del hombre. Consultado por Misiones On Line, el director del hospital, Sergio Pablo Krávetz, se mostró extrañado por la noticia, y declaró que «yo creía que ya había sido operado y que estaba recuperándose en su casa». Ante la insistencia del cronista acerca de cómo podía ser que el director desconociera esta situación, el profesional contestó «no puedo saber sobre los casos de las 300 camas que tiene el hospital». Obviamente que un año y medio de internación cansa hasta al más resistente y eso le ocurre a Ángel, quien confesó que esperará un par de semanas más y se irá a Monte Carlo, «a estar con mis hermanas en la religión», en referencia a uno de los grupos religiosos que lo visita. Se estaba refiriendo a los Testigos de Jehová, que le prometieron llevarlo y cuidarlo, en sus filas, como si la solución de Ángel pasara por una oración. Enterado de esta situación, otro grupo religioso, en éste caso correspondiente a la Pastoral de Salud de la Iglesia Católica, reaccionó y le preguntó cómo podía hacer eso, teniendo en cuenta que «comulgaba». Extrañado y desorientado, Ángel los miró y no supo qué responder. Cómo poder hacerlo, si la vida le ha jugado tan en contra, a éste hombre de 35 años que no tuvo estudios, no tiene recursos económicos, no tiene familiares a quienes recurrir. Lo lamentable, es que éstas mujeres no se hayan dado cuenta de ello, y lo ayudan, casi como condicionándolo a que, como contrapartida, sea de tal o cual religión. Ángel sigue en el hospital. Seguro llegarán nuevas promesas de que aliviarán su dolor con la operación. Pero las promesas se repiten y nadie hace nada. Esta vez, la excusa de falta de recursos no es válida, porque sale más cara la enfermedad que el remedio.

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