El Deportivo Misiones empató 1 a 1 ante Liniers en Bahía Blanca y consiguió, una fecha antes de la finalización de la ronda, su clasificación para el cuadrangular final «Al final de los partidos nos abrazamos, festejamos y estamos muy contentos», explica Roberto Geck el ritual luego de casi todas las actuaciones de Tigre a lo largo del Argentino B de fútbol. Y en ésta ocasión no podía ser otra manera. Sólo que ahora el festejo y los abrazos, luego del empate en un tanto ante Liniers en Bahía Blanca, tienen el aditamento especial de ser el resultado de la clasificación del Deportivo Misiones al cuadrangular final del campeonato. No era un partido más para el fenómeno futbolístico de la provincia, era la posibilidad de «llegar lejos y realizar algo muy importante, mas para nosotros que siempre estuvimos intentando llegar», reconoce el arquero. Y sintetiza sus sentimientos de la siguiente manera: «Como jugador estar en las finales es lo mejor que te puede pasar. De todas formas no hay que quedarse, acá si no ascendes es lo mismo que nada, se vuelve para todo para atrás». Será por todas éstas cosas que el ritual del viaje, del vestuario, del partido y de los abrazos se vivió de otra manera en el alma de Tigre. Para vivirlo desde adentro y así poder ser partícipes de ésta historia, Roberto Geck, el arquero-capitán de los piposeños nos introduce dentro de éste mundo de sensaciones. CERCA DE LA HORA CRUCIAL Tigre llegó a Bahía Blanca el sábado a la tarde y así cumplió con uno de los pasos tradicionales en sus excursiones por el país, estar uno o dos días antes de los partidos en la ciudad en que se juegue. «Siempre llegamos un día antes y uno recorre, conoce y más o menos habla con la gente y creo que por eso siempre nos han tratado bien en todos lados. Salvo durante el primer partido en Córdoba», recuerda el uno. El colectivo que traslada al plantel de Tigre llega despacio hasta la puerta del estadio de Liniers, afuera los hinchas miran entre asombrados y envidiosos de éste equipo del norte del país que va a la portuaria Bahía Blanca a buscar la clasificación a la final. «Por ahí cuando te vas a fuera tratas de ambientarte a lo que es la ciudad y a la hinchada rival», de todas formas para Geck la presencia de los simpatizantes locales no es amenazante, ya está pensando en otra cosa, en el partido. «Realmente yo empiezo a jugar el partido cuando te me tomo el colectivo y empieza el vieja. Ahora por ahí estás con la presión de tratar de traer un punto y un buen resultado. Además como arquero yo sé que me van a llegar más pelotas y uno va preocupado por eso. Pero después cundo empieza el partido se simplifica todo», resume el protagonista de ésta historia. Los jugadores bajan tranquilos, cada uno carga con su bolso y su ilusión. El frío vestuario los espera; ellos le darán calor y vida. «Acá es muy lindo compartir un vestuario porque es un grupo muy bueno. Además todo es muy tranquilo, el doctor habla, da una charla muy simple, sencilla. Cada uno ya sabe lo que tiene qué hacer y qué rol cumplir». A JUGAR Tigre sale al campo de juego, desde las despobladas tribunas del estadio Alejandro Pérez de Bahía, bajan algunos silbidos y abucheos que los misioneros, como hacen siempre, acallarán regalando paquetes de yerba para los hinchas. «La gente te pide que les tires los paquetes y es muy lindo. Sólo en Córdoba que nos devolvieron los paquetes por la cabeza. Pero creo que es un gesto muy bueno», reconoce Geck. El árbitro del partido, el pampeano Horacio Odera, junta a los dos capitanes en el medio del campo. Por un lado, Roberto Geck, por el otro, el también arquero Echeverría. «Hace un año que tengo la cinta y eso es muy especial. Acá tendría que ser Dante el capitán, para ya es el técnico y por ahí por ser temperamental me la dieron a mí. Trato de llevarla con mucho orgullo», dice y lo siente el uno. «Yo soy cabulero, en Guaraní siempre elijo el mismo arco y trato de ganar el sorteo. De visitante trato de fijarme si hay viento o el sol, pero siempre elijo el lado izquierdo si puedo». Pitazo inicial, el partido está en marcha y todos buscan concentración. «Uno trata de concentrase. Yo en el arco por ahí no es tanta la concentración, pero el resto de mis compañeros sí tienen que estar más atentos y abstraerse del entorno». Liniers se viene con todo, salió como se esperaba a buscar desde el minuto cero. Geck habla, grita, ordena. «Siempre trato de hablar. Dicen que el arquero es uno de los que más tiene que hablar porque está de frente a la jugada y ve todo. Lo que pasa es que nos conocemos mucho entre todos y son jugadores de mucha experiencia. De todas formas si hay alguno medio desatento, se le pega un grito y listo», afirma el arquero. Puliafito maneja los hilos en Liniers, se junta con Mosegui y las llegadas se suceden a favor de los locales. El empuje parece insuficiente ante las manos del uno y el trabajo de la defensa: «Yo me siento seguro con ésta defensa. Realmente tenemos un muy buen equipo en general y en un buen equipo resalta la defensa», se tranquiliza Geck mientras ve como los contrarios pugnan por vencer su arco. LLUVIA DE CENTROS Los bahienses tratan de llegar tocando por bajo, pero Tigre se cierra bien en el fondo y no queda otro camino que tirar centros a la olla. Allí aparece la figura de Miguel Lezcano para sacar todo: «Es muy seguro. Con él por arriba hay mucha tranquilidad porque saca todo. Además nos entendemos mucho». La verdad que se nota, entre los dos han impedido varios goles para Liniers. Uno con las manos y el otro cortando en la línea sendas llegadas en profundidad de los locales. Otra vez se arrima Liniers, pero ésta vez Marcos Barrios corta el grito interponiéndose entre el remate y la red y, con su despliegue demuestra lo que afirma Geck: «Es el más regular de todos. Creo que a lo largo de toda la campaña es el que más parejo jugó. En salida, en defensa, es un muy buen jugador». Tigre busca una salida y van los pelotazos para el Luchi Quiroga y para Heno Pigerl. De todas formas Geck no desespera, en definitiva «el gol tiene que llegar. Tenés noventa minutos para hacerlo. El equipo se hace de atrás para adelante, si estás bien parado atrás las situaciones van a llegar. Nosotros tenemos un muy buen medio y después un delantero como Luchi, que está jugando cada vez mejor y a Heno que ha recuperado la confianza y los goles». En ése primer tiempo, en dónde los locales lanzaron ¡diez! tiros de esquina, Tigre supo mantener el orden y cuidar su propio arco. Dante se recluyó en el fondo y se olvidó de la faz ofensiva, quizá por eso al Deportivo Misiones le costó tanto generar peligro. «Dante tiene que estar en todos», afirma Geck y habrá que creerle. «Yo siempre dije que Dante es medio equipo y el tiene que estar arriba, abajo y en todos lados». Los minutos pasan, Tigre aguanta y se clasifica para la final. El pitazo final anuncia que la tormenta, por lo menos por quince minutos, pasó. Todos al vestuario. Otro de los rituales del fútbol es el entretiempo, pero en Tigre los quince del descanso se viven con mucha calma: «Hay una charla, algún reto como para levantar el ánimo y salir con todo en el entretiempo. El doctor es el que recalca tus virtudes o los defectos, pero todo muy tranquilo». POR EL PUNTO FINAL Arranca el segundo tiempo. El Luchi anticipa a todos, pero su remate queda en las manos del arquero, es un anuncio. Liniers ya no sabe como doblegar a Tigre que demuestra toda su solidez para pararse en el fondo y aguantar las embestidas. Hay explicaciones para éste momento y el uno las resume así: «Los partidos y los triunfos van sumando mayor unidad en el grupo. Siempre hubo un buen grupo, pero ahora estamos más fuertes que nunca. Tanto en lo anímico, como en lo futbolístico». Lentamente Geck se va transformando en figura, todos los ataques mueren en sus manos. La saca al córner, la atenaza entre sus manos, gana en la salida, se adueña del espectáculo. El cansancio empieza a hacerse sentir y Don Otto mueve el banco: «Acá la solución puede venir del banco, anuncia Geck. Somos un plantel de veinte que estamos en condiciones de jugar». Ingresa Carlos Vicente en lugar del Luchi Quiroga, velocidad por velocidad y el anticipo del arquero casi se hace realidad, pero Vicente estrella su remate en el travesaño. El tiempo se consume entre la impotencia de Liniers y la tranquilidad de Tigre. «Trato de hacer tiempo, confiesa Geck. Sin exagerar porque tengo tres amarillas y estoy complicado en ése tema, pero siempre intentando de hacer lo mejor para el equipo». Finalmente a Tigre le queda una contra limpia, Vicente se la lleva y remata ante la salida del arquero, es el gol de la victoria pero, por sobre todas las cosas es el gol de la clasificación a la final. Luego hay tiempo para que Puliafito, el mejor de Bahía, marque el empate. Pero para nada más. «La verdad que allá por octubre cuando comenzó todo uno lo veía como un sueño. Hoy por hoy ya se trabajó tanto, se fue partido a partido y hay que seguir porque aún no ganamos nada». Los abrazos, los festejos y la alegría se repiten nuevamente en ésta mágica película de Tigre en el Argentino B. Roberto Geck recibe el saludo de sus compañeros, de sus amigos que lo palmean y lo felicitan por haber sido, ayer, la figura de la cancha. «Éste es sin dudas el mejor momento que estamos viviendo. Acá me han tratado siempre muy bien, hay un gran grupo humano y eso es fundamental. Ojalá que esto no se corte y que lleguemos a algo. La verdad que estoy feliz». Se nota Geck. Foto gentileza Diario La Nueva Provincia (Bahía Blanca)



