La expansión de los grandes aserraderos y la falta de modernización pone en peligro a los microemprendimientos forestales

El crecimiento de Alto Paraná y Pérez Companc puede afectar seriamente la producción de las pequeñas empresas que no pueden igualar su tecnología. Puede bajar el precio del producto. Desde el gobierno reconocen que no tienen información actualizada sobre la forestoindustria Con el aumento de la producción forestal de Alto Paraná y Pérez Companc, ambas empresas acapararán el 35 ó el 40 por ciento de la producción provincial y dejarán en una muy mala posición a los pequeños aserraderos que no mejoren su tecnología o diversifiquen sus productos. Pérez Companc producirá 100.000 metros cúbicos al año y Alto Paraná (del holding chileno Arauco) otros 250.000, con lo que las dos completarán 350.000 y dejarán poco menos que sin mercado a los aserraderos que no se modernicen. A la vez, ambas empresas, aunque la mayor parte de la producción será destinada a la exportación, podrían llegar a bajar el precio del producto. Hasta ahora, el gobierno provincial no tomó medidas para prevenir el posible cierre de los chicos y la única alternativa parece ser la de asociarse en cooperativas. El problema mayor es que los funcionarios ni los empresarios tienen la información actualizada: el último dato cierto que se tiene es de 1993, donde se pudieron reconocer cerca de 800 emprendimientos de carácter Pymes y microemprendimientos, que serían los más afectados. El anunciado incremento en la producción de Alto Paraná y las demás empresas grandes del sector, despertó la preocupación de muchos medianos y pequeños empresarios de la forestoindustria, al ver que sus emprendimientos no lograrán competir con las grandes estructuras de estos megaproyectos. Las dos empresas más grandes de la provincia también se autoabastecerán de madera, lo que complica la situación de los forestadores. Aunque de los 800, ahora quedarían unos 400 ó 500, se estima que los microemprendimientos ocupan a cerca de diez mil personas, que corren el riesgo de quedarse sin fuente de trabajo si no hay modernización. El problema es que las Pymes forestales no pueden acceder a créditos con tasas blandas y se quejan por el alto costo de la energía eléctrica, por lo que la modernización está lejos de ser implementada en el corto plazo. Según Manuel Morant, gerente de Alto Paraná el mayor problema para los pequeños aserraderos no es el aumento de la producción de las empresas grandes, sino la imposibilidad de hacer frente a los altos costos impositivos y de la energía eléctrica. Morant aseguró que Alto Paraná -de Puerto Esperanza, ubicada a 280 kilómetros al norte de Posadas- seguirá invirtiendo y «necesitando» del aporte de las Pymes, a las que se les comprará desechos, aserrín, y raleo para pasta celulósica. Por otra parte, sostuvo que la baja de los precios no es una cuestión que decidan las grandes empresas, sino el «mercado». Alto Paraná Sociedad Anónima (Apsa) percibe ingresos del orden de los 80 millones de dólares anuales y brinda trabajo directo e indirecto a unas 8.000 personas. Por su parte, Perez Companc invirtió 20 millones en desarrollo biogenético. LA VISIÓN OFICIAL Paralelamente, desde el gobierno, se avizora la actual coyuntura como una oportunidad llena de posibilidades para el despegue de la economía más importante de la provincia -según datos del Instituto Provincial de Estadísticas y Censos (IPEC) produce el 50 por ciento del Producto Bruto Interno- que, aunque con reservas, tiene las herramientas para superar la crisis global, aunque algunos se queden en el camino. Aunque se prevé para los años por venir una falta de materia prima debido a la escasa forestación realizada en los años 80, el sector está pasando por una etapa de crecimiento vertiginoso, debido a que está incluido dentro de un programa de promoción con importantes beneficios para quienes inviertan en la forestoindustria. De las actuales 220.000 hectáreas de bosques, en Misiones se llegará a las 300 mil para el año 2005, y si sigue la tendencia ascendente se puede aventurar que para el 2008 o 2010, cuando termine el régimen de promoción se superen las 400 mil hectáreas de bosques. NEGOCIO PARA POCOS El titular de la subsecretaría de Bosques y Forestación, Juan Gauto, ante la expansión de las grandes empresas y el anuncio de incrementar la producción, afirmó que «si los aserraderos y madereras chicas no se saben reconvertir, sino encuentran la ubicación que les corresponde en este nuevo contexto, naturalmente pierden». Ahí está el desafío, entonces, para los emprendedores originarios del sector que pasan por una crisis de reconversión, no solamente material y tecnológica sino de su personalidad empresaria. Según explicó el funcionario, «hoy existe una terraza con empresas líderes (que no son más de diez), hay un segundo posicionamiento con otras que están a la zaga de esas líderes con muy buenas posibilidades de supervivencia, en un tercer escalón están las empresas que se encuentran en una zona de riesgo y, hay otras, que si no se produce un milagro no van a poder seguir existiendo en el contexto actual». El gran problema que enfrentan las autoridades y los propios empresarios, es la escasa y hasta nula información actualizada que existe acerca de las empresas, los aserraderos, las plantaciones y los mercados. «Hoy, nadie tiene la precisa de lo que está pasando realmente en el sector forestoindustrial», se lamentó Gauto. El último censo para radiografiar al sector forestal se hizo en 1993. Quizá, para una economía estable de los años 70 u 80, un censo cada 10 años era lo más adecuado, pero hoy, con la dinámica del sector, las fotografías y datos del 93 poco puede reflejar la realidad del año 2000. En el año 1993, se pudieron reconocer cerca de 800 emprendimientos de carácter Pymes y microemprendimientos. Aunque no existen datos recientes que avalen cualquier cifra, se estima que en la actualidad no superan 400 o 450. Las autoridades admiten que les falta información y aunque hubo muchas medidas «acertadas» que ayudaron a que el sector sea lo que es, «la vinculación a través de la información es clave, y ahí está nuestra mayor debilidad». Donde más se nota esta falencia, es en la información sobre bosques implantados y en el sector de las industrias que transforman ese recurso, inclusive, cuando en 1997 se eliminó el sistema de guías forestales para bosques implantados, aumentó aún más la desinformación. Para remediar esto, Gauto adelantó que en breve hará un nuevo censo de industrias forestales de la provincia para relevar todos los aspectos del sector, desde el perfil tecnológico, paquete de productos, a la capacitación del personal. «Si bien, el incremento de la producción va a provocar la desaparición de algunos emprendimientos, también van a ocurrir muchas apariciones», aventuró el funcionario. La expectativa está ahora centrada, en la participación que pueden tener los pequeños y medianos emprendimientos existentes dentro de la estructura de los grandes. Aunque las empresas mayores tienen capacidad de autoabastecimiento de materia prima, tienen también una política de integración vertical y otra horizontal con las Pymes relacionadas al sector. Estas oportunidades de integración están más allá de la posibilidad de competencia entre las Pymes y estos gigantes por un lugar en el mercado. En la actualidad, se está dando un proceso que se profundizará con el incremento de la producción, y es, que todos los residuos de los aserraderos chicos son adquiridos por los grandes. Las grandes empresas tienen calderas propias para generar energía y consumen el aserrín que antes se quemaba para combustible. Ese aserrín se lo compran a los aserraderos más chicos. Lo mismo pasa con la madera que se pierde en residuos (aserrín, costaneros, corteza, recortes). Las empresas celulosas compran las astillas de todos estos desechos para hacer pasta y la corteza la utilizan para combustible. También existe la posibilidad de que los chicos se asocien a los grandes como estructuras de servicio, y que además se integren a la producción dentro de los parámetros de calidad fijados por los megaproyectos. Los emprendimientos locales que se asocien, si logran producir dentro de los estándares establecidos, podrán tener el beneficio de la marca y el amparo de la identidad de la gran empresa. Otro de los desafíos, radica en la necesidad de incrementar el valor agregado y el piso de calidad de la producción, paso en que tendrán vital importancia estos grandes emprendimientos, que van a tener mucha eficiencia en este nivel y van a ofrecer una madera de menor costo y calidad estandarizada. Estos megaemprendimientos le van a vender parte de su producción a Brasil, justo cuando otros se van a producir al otro lado de la frontera. Según se han comprometido las empresas, un 30 por ciento de la producción tiene como destino Brasil, otro 30 por ciento estará destinado a la exportación extra Mercosur y el resto se volcará al mercado nacional. Para Gauto, «el objetivo de mayor valor agregado, traerá aparejado un aumento en la cantidad de puestos de trabajo». EFECTOS NEGATIVOS Los efectos negativos que generarán los grandes emprendimientos, «tienen más que ver con el miedo que se le tiene a la gran empresa que con las posibilidades reales que les afecten», dijo Juan Gauto. Las autoridades admiten que puede ser que se den pequeños impactos locales en zonas que hoy son atendidas por emprendimientos pymes y que se queden sin nichos productivos locales, pero se verán compensados en el orden regional. En principio, de las actuales empresas del sector, son muy pocas las que están exportando, por lo tanto, los grandes no van a representar competencia. Podrían, si, crearse algunos conflictos en la provisión para el mercado nacional, agravado esto, ya que Argentina es el país con menos consumo de madera por habitante, comparado con Brasil y Chile. Este inconveniente, está siendo materia de análisis por las autoridades económicas nacionales, con medidas de incentivo para incrementar el consumo interno. Otro de los problemas a los que enfrentan los medianos y pequeños empresarios del sector, es la creciente demanda de mano de obra especializada. La tecnificación de los procesos de producción, exige operarios altamente calificados, y tiene trabajando a los funcionarios en la creación de planes de escolarización, y en ese sentido, se está haciendo hincapié en la generalización de las carreras relacionadas a la foresto industria, que en la provincia están muy bien desarrolladas. En ese orden, Gauto admitió que el Centro Tecnológico de la Madera (CTM) está un tanto desactualizado, y está necesitando urgentemente «una nueva planificación participativa orientada a los objetivos actuales y hacia delante». POLÍTICA DE ESTADO Según el subsecretario de Bosques y Forestación, desde el oficialismo, el tema está siendo considerado como política de Estado y, esperan que el resto de la dirigencia lo tome así, tanto en el orden provincial como nacional, «ya que la articulación del gobierno central con lo que se hace en la provincia es clave, y más ahora que un misionero, Ricardo Barrios Arrechea, está al frente de las políticas forestales nacionales». Desde la provincia se está reclamando mayor celeridad en la toma de algunas medidas desde el ámbito nacional, como por ejemplo, la firma de las resoluciones que daban inicio al calendario forestal del año 2000, que tendrían que haber estado listas en diciembre y recién se firmaron la semana pasada. «Esto retrasó las posibilidades de plantación, aunque algún tiempo se va a poder recuperar», manifestó Gauto. Otro tema es la demora de los pagos de más de 3.250.000 pesos correspondientes a los subsidios de los años 98 y 99 que benefician a más de 500 productores, que ya fueron certificados y que están trabados en los circuitos administrativos de la Nación.

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