El hijo del basquetbolista Hugo Benítez cumplió un año de vida luego de haber estado en coma cuatro y de haber sufrido una hepatitis que lo tuvo al borde de la muerte. Ésta es la historia de vida del deportista y su familia [su_note note_color=»#cdcdcd»]Hace casi un mes Iván fue llevado al médico en Buenso Aires y allí le dijeron a su madre que la rehabilitación era increíble.[/su_note]Hace exactamente 365 días la plácida vida que los Benítez llevaban en su hogar de la chacra 147 de Posadas fue sacudida por la llegada de un tercer hijo al seno familiar. Pero la alegría sólo duró quince horas. Ése fue el tiempo en el que Iván Benítez pasó de ser un bebé saludable a comenzar a padecer una interminable seguidilla de problemas de salud que tuvo en vilo a toda el ámbito deportivo local. Hoy, a un año del comienzo de aquella pesadilla, Hugo Benítez, jugador de básquet del club Mitre y su esposa Mónica Almirón denotan una gran felicidad junto al pequeño Iván y a Ximena, la segunda hija del matrimonio (sólo falta Luciana de 9). La historia, que en su momento rozó la tragedia, hoy es parte del pasado e Iván crece al mismo ritmo que cualquier chico de su edad. Todo comenzó con un derrame intraventricular, lo que le provocó una hidrocefalia que lo dejó en coma cuatro durante cuatro largos y angustiantes días. Gracias a la rápida intervención de la doctora de neonatología Lucía de Tonarelli, luego de varios días de incertidumbre se decidió operar al niño y colocarle una válvula en el cerebro para quitarle el líquido del cerebro. Eso le salvó la vida. Pero el infortunio parecía haberse posado sobre la tranquilidad de los Benítez. Ni bien superó la operación la hepatitis se adueñó del organismo de Iván y nuevamente los fantasmas de la desgracia deambularon por el Hospital Madariaga. El niño, fuerte como pocos, también se repuso de la enfermedad y hoy su sonrisa es todo un canto a la vida. «SU RECUPERACIÓN ES INCREÍBLE» Hace casi un mes que el pequeño Iván y su madre partieron a Buenos Aires para que le realicen allí algunos exámenes médicos y ver cómo continuaba la evolución. «La verdad que me agarró la loca, comenta risueña Mónica, y me fui por mi cuenta. Tengo que agradecerle a Dios la idea. En Buenos Aires nos atendieron de maravillas y le realizaron estudios que acá son imposibles de hacer». Ella no lo comenta, pero una tomografía, un estudio esencial para conocer el estado cerebral del paciente, cuesta casi 600 pesos en Posadas y en el Hospital Garraham de la Capital no le costó absolutamente nada. «Allá nos atendió un neurólogo y una neurocirujano, continúa la madre, y la atención fue muy buena. Una doctora nos tuvo una hora y media en el consultorio y lo revisó de arriba abajo». De todas formas Mónica está profundamente agradecida con los médicos misioneros que le salvaron la vida a su hijo, «no tengo y me faltan las palabras para agradecerles, reconoce. Además en Buenos Aires nos dijeron que teníamos que estar muy satisfechos por como habían atendido a mi hijo». La máxima satisfacción que se trajeron los Benítez de la gran ciudad fueron las palabras vertidas por un médico que textualmente recordó Mónica: «Mire señora, es increíble la recuperación de su hijo. Conozco otros casos similares de chicos que hoy están postrados y sin poder moverse». RECUERDOS DE LA PESADILLA Hoy la familia lleva una vida absolutamente normal. Hugo está feliz dando los primeros pasos con Mitre en la Liga C de básquet y sus tres hijos siguen creciendo con naturalidad. De todas formas no olvidan los difíciles momentos que les tocó vivir hace casi un año atrás. «Estábamos como locos. Los médicos nos decían una cosa y salíamos y nuestros amigos y familiares nos decían otra, fueron momento terribles para nosotros», recuerda el basquetbolista. «Por suerte siempre tuvimos el apoyo de mucha gente y de los doctores, especialmente de la doctora Tonarelli y del pediatra Fernando Vinueza», agradece Hugo. «Lo más difícil, dice el padre, fue conseguir la válvula que Iván necesitaba para poder salir adelante. Finalmente apareció y lo pudimos operar. Allí pensamos que todo había terminado, pero surgió lo de la hepatitis. Pero Iván demostró que es muy fuerte y salió adelante también de eso». A partir de allí, reconoce Hugo, «todo retornó lentamente a la normalidad y la salud de Iván se estabilizó». MIRANDO EL FUTURO Si bien Iván luce un excelente estado de salud, se crecimiento y su evolución es la de un chico de ocho meses, ya que tiene algunos problemas de motricidad. Igualmente todos creen que esto se irá solucionado con el tiempo y se especula que podrá desarrollar una vida totalmente normal. Luego de un año de vida de su hijo, Hugo y Mónica reconocen que tantas dificultades los «unió como pareja mucho más de lo que estábamos». El próximo mes Iván volverá a Buenos Aires para hacerse una nueva tomografía, una interconsulta oftalmológica y un análisis potencial evolado, con la finalidad de estudiar cómo está de la vista. La pesadilla pasó. Ya la imagen de dos padres compungidos de dolor ante el cuerpo de su pequeño hijo, es parte del pasado. Ahora se puede ver a los personajes de ésta historia disfrutando de los días junto a Iván. Un canto a la vida, un año con la vida.



