De los “dos años asombrosos”, según Lagarde al asombro del acuerdo salvador con el FMI

Finalmente el Gobierno de Mauricio Macri pudo anunciar  a principios de junio el acuerdo logrado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de que todavía falta la aprobación del Directorio, algo que algunos consideran que es solo un trámite por el guiño de su directora Gerente Christine Lagarde a las autoridades económicas argentinas.

En el anuncio de la concreción del acuerdo el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, artífice del mismo, aseguró en conferencia de prensa que se recurrió al FMI “para evitar una crisis” que, a dos años y medio de gobierno, todo hace concluir que la crisis es el resultado de las erráticas políticas económicas de Cambiemos, es decir una crisis autogenerada.

Antes de examinar las acciones llevadas a cabo por los economistas gubernamentales, diremos que quienes se oponen a un regreso al FMI se basan en aquella frase atribuida a Albert Einstein (con esto de internet y las redes sociales el reparto de autoría de frases es aleatorio), que dice más o menos así, “si quieres resultados diferentes no hagas siempre lo mismo” y con el Fondo siempre nos fue mal.

Para fundamentar la teoría de la crisis propia vasta revisar columnas publicadas en meses anteriores y en las mismas se destacaba, en febrero, lo que decía el ministro Nicolás Dujovne:  Aseguró Dujovne que “la inflación va a ir bajando a niveles muchos más bajos que los actuales”, donde uno intuye que desde la lógica y las teorías de Isaac Newton, algo que va bajando estará indefectiblemente, en algún momento, en niveles más bajos.

Ya en marzo, de acuerdo a consultoras privadas y proyecciones de economistas de variadas tendencias se hacía referencia a lo siguiente: La depreciación de la moneda (nuestra moneda el peso) poco a poco va tomando el lugar que predijeron muchos analistas y es por arriba de los veinte pesos y es probable que cierre la segunda semana de febrero por arriba de los 21 pesos, para proyectarse hasta los 25 pesos para mediados de año. Inició junio rozando los 26 pesos.

Se agregaba en una columna de ese mismo mes que, Sobre la ya inalcanzable meta del 15 por ciento de inflación para el 2018 que todas las consultoras la ubican por arriba del 20 por ciento, Peña se empeñó en explicar que, “no es un pronóstico, es una orientación de la inflación a la baja” y sostuvo en la misma conferencia de prensa que, “el dólar no es una variable de crisis en Argentina”.

Ya a mediados de marzo se mencionaba uno de los comunicados semanales del Banco Central de la República Argentina que aseguraba: Respecto de la paridad del dólar o el tipo de cambio, el comunicado del BCRA dice que intervino para proteger las “señales de desinflación compatibles con el sendero buscado”, que en buen romance querría decir, no sabemos qué hacer con la inflación y el indudable impacto de la depreciación de la moneda en los precios.

En la última semana de marzo, ante la imparable escalada ascendente de la moneda norteamericana, se volvía a referenciar a la autoridad monetaria al frente del Banco Central: Federico Sturzenegger, sobre el tipo de cambio asegurando que “hay una brecha de percepción muy fuerte en los últimos meses” para tratar de explicar la corrida del dólar de los últimos quince días, los guarismos de la economía argentina se han mostrado esquivos a sus intenciones.

Agregando más declaraciones del desconcertante economista: La demanda de dólares en los últimos quince días no dieron respiro y el Banco Central debió desprenderse de más de 1.100 millones de dólares de sus reservas para intervenir en el mercado porque según Sturzenegger, “el tipo de cambio  nominal que lee el mercado no es el correcto, ya que la nominalidad va a estar mucho más controlada”.

También se hacía mención a la visita de la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, y sus declaraciones respecto a la política económica del Gobierno de Mauricio Macri después de reunirse con el presidente: Lagarde fue más allá al enfatizar que los dos primeros años de Mauricio fueron “dos años asombrosos” por las medidas económicas de ajuste y reconversión de la economía. Esperamos que desde la dirigencia del FMI después no pidan disculpas como hicieron con Grecia, Indonesia y hasta Argentina en 2003.

Ya en el mes de abril se conoció el informe anual del Fondo, al que también se hizo referncia en la columna de ésa semana por su proyección anual de inflación para Argentina: A todo esto, se publicó en la semana el informe anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) que si bien dice que las medida económicas tomadas por el Gobierno de Cambiemos van en el buen sentido, de acuerdo a las recetas del Fondo, estiman la inflación anual en un 19 por ciento, todas muy por encima del ya casi risible 15 por ciento en el que insisten desde el Ejecutivo nacional.

También en abril, el Banco Central, en sus ya mencionados informes semanales daba explicaciones de su visión sobre la inflación a las que se hizo mención por considerarlas premonitorias: Estas medidas son justificadas en uno de los comunicados de política monetaria del BCRA por “divergencia con la presión sobre el valor del peso y su visión sobre la política monetaria”, que destacó, “generan estos impactos transitorios y seguirán en este rumbo hasta que la inflación descienda al sendero buscado”, en una clara confesión de pérdida del rumbo. Quien busca el sendero es porque perdió el rumbo.

Estas menciones a lo que se fue destacando en anteriores columnas, basadas en declaraciones y acciones del propio equipo económico, son las que nos hacen llegar a la conclusión y saque cada uno sus propias conclusiones, de que la crisis a la que Dujovne dice que evitaron mediante el acuerdo con el FMI es una crisis autogenerada.

El martes 12 de junio, ante un escenario de volatilidad cambiaria el Banco Central volvió a intervenir en el mercado que según había asegurado su presidente, Federico Sturzenegger, a partir del acuerdo con el Fondo Monetario habría un tipo de cambio flotante sin intervención de la autoridad monetaria, desdiciéndose nuevamente, porque la corrida cambiaria que es mucho más que una “turbulencia” como pretende el Gobierno, continuaba presionando sobre la moneda norteamericana.

 

Emilio Juri



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