Los detuvieron por ayudar a escapar a un asesino y en realidad estaba muerto

Los detuvieron por ayudar a escapar a un asesino y en realidad estaba muerto

Lorenzo Muñoz mató a puñaladas a su ex, Karina Apablaza, y a su hija en un pueblo llamado Las Ovejas, Neuquén. Lo buscaron durante tres semanas, en las que acusaron a dos familiares de encubrirlo. Pero se había suicidado minutos después del ataque.

El 22 de febrero a las 13.20, Lorenzo Muñoz se abalanzó sobre su ex, Karina Apablaza (31), y su hija Valentina (11) con un cuchillo de 25 centímetros de hoja. En total les propinó 15 cuchilladas. Después se marchó a paso rápido hacia una zona boscosa. Esa misma mañana, la Policía había notificado al hombre que debería presentarse en los tribunales locales el día siguiente en el marco de una denuncia por abuso sexual contra la nena que databa de septiembre de 2017. No era menor la posibilidad de que se le dictara prisión preventiva.

El doble femicidio conmovió a Las Ovejas, un pueblo de 3.000 habitantes en Neuquén. Pero aún más cuando se supo que el asesino estaba prófugo. A lo largo de las tres semanas en que nada se supo de él, las teorías acerca de su paradero se multiplicaron. En el camino dos personas fueron imputadas por “encubrimiento agravado” y recibieron prisión preventiva.

Durante todo ese tiempo lo buscaron 140 policías, helicópteros y brigadas caninas, constituyendo uno de los mayores rastrillajes en mucho tiempo en la provincia. Pero finalmente encontraron el cadáver de Muñoz. Un primer análisis forense demostró que no se había fugado como se especulaba: se suicidó el mismo día en que cometió el crimen. Sus restos estuvieron siempre a escasos 300 metros de donde atacó a su ex y a la menor. Nadie lo había encubierto.

La Policía de Neuquén asegura que pasó ocho veces por el lugar.

Hoy el sacerdote de la localidad, el padre Diego Canale, le exigió a las autoridades que brinden disculpas a la gente de Las Ovejas por haber sembrado la desconfianza y el terror en la pequeña localidad neuquina.

Los familiares, por su lado, denuncian que la Policía y la justicia “se les rieron en la cara”. Y cuentan a Clarín un dato nuevo y estremecedor: Muñoz planificaba asesinar también a la madre de Apablaza, María Cheuquel, en ese mismo día y lugar. Pero la mujer, por una cuestión fortuita, no acompañó a su hija a inscribir a su nieta a la escuela. “Podrían haber muerto las tres”, advierte Miguel Apablaza, hermano de la víctima.

La teoría de mayor peso indica que el asesino atravesó una crisis emocional que lo llevó a intentar herirse con su propio cuchillo en las muñecas y en el cuello. Finalmente ató un cordel a unos arbustos y se ahorcó. Todo ocurrió a 300 metros del sector en el cual había matado a la mujer y su hija. El cuerpo permaneció pendulando durante un rato hasta que cayó en el suelo y quedó semi oculto entre la vegetación. A 190 metros de allí está la casa de unos de sus cuñados, Onofre Merino.

A principios de marzo Merino y otro de los cuñados, Luis Fuentes, fueron detenidos en prisión preventiva por la Justicia. Las brigadas caninas habían descubierto en la Totota Hilux de Merino y en la propiedad de Fuentes olores que coincidían con los de Muñoz. El proceso judicial todavía los mantiene bajo investigación. Fueron puestos en libertad pero ambos deben acudir tres veces por semana a la comisaría 38°.

En las tres semanas de búsqueda apareció una mochila que contenía ropas, comida y analgésicos, por lo cual se especuló que Muñoz se había herido con las piedras filosas de la zona. También hallaron un gorro con sangre y un puñado de papeles. Uno decía: “Los huevones cortaron todo. No vayas a lo de tu hermana”.

Las hipótesis surgieron una tras otra. Pero ¿le pertenecían realmente estos objetos a Muñoz o eran de cualquier otro? ¿Era su sangre? ¿Quién escribió la nota? ¿Alcanzó a leerla? Son preguntas que nadie responde.

“Ahora creo que las autoridades, la Justicia, los fiscales, deben hacerse cargo y pedirle disculpas a este pueblo, por la falta de profesionalidad”, indicó el padre Canale. El intendente del pueblo, Vicente Godoy, también se quejó: “En todos estos días hemos leído los comentarios más ridículos e irrespetuosos con nuestro pueblo”.

“Muñoz había amenazado de muerte a mi hermana, a su hija y a nuestra madre. Tenía una orden de restricción que no cumplía. Lo denunciamos un mes antes del crimen en la comisaría y en la Fiscalía de Chos Malal. Nadie hizo nada. Queremos saber qué ocurrió, por qué no actuaron. No nos va a devolver la vida de Karina pero podemos luchar porque el sistema mejore y se haga justicia”, le indica a Clarín su hermano.

El fiscal general de Neuquén, José Gerez, fue al lugar. “Si me preguntan si el rastrillaje fue exitoso solo puedo responder que lo encontraron. Sabemos exactamente cuándo y cómo murió. Todo ha sido transparente”, le indicó a Clarín Gerez. “Hago un paralelo con el caso Maldonado, lo buscaron durante casi 90 días y estaba a metros de la última vez que se lo vio. Muñoz estaba muy cerca del lugar en que cometió el crimen”, agrega.

Los familiares de Apablaza tienen una mirada diferente. Para ellos el descubrimiento fue cosa del azar. “El policía que lo encontró andaba por la zona caminando y le dieron ganas de ir al baño. Fue hasta unos matorrales y sintió olor a podrido. Así fue realmente”, relata Miguel.



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