Ficción y verdad de los síntomas

Ficción y verdad de los síntomas

Lorena Danieluk, psicoanalista y coordinadora de enseñanzas de la Asociación de Psicoanálisis de Misiones (APM), es responsable adjunta del Instituto Oscar Masotta, delegación Posadas, visitó Misiones Online y habló del rechazo a la locura, los prejuicios y la posibilidad de cuestionar lo que estructura la vida de un sujeto.

Conversábamos antes de dar inicio a la entrevista de que de repente hay cierto rechazo de la locura. Esto no es nuevo, es más bien algo histórico. A lo largo del tiempo se constata que la locura es algo que más bien se segrega, se pone afuera. El nacimiento de los manicomios tuvo que ver con eso…

Exacto. Como vos lo estás señalando, es preferible que eso esté afuera y no que tenga que ver con algo que me pueda acontecer a mí. Ahora, ya desde el 1900 el psicoanálisis sostiene que hay una psicopatología de la vida cotidiana, es decir que algo de lo cotidiano puede ser psicopatológico. Cuando se refiere a eso plantea más bien que hay cierta verdad, por ejemplo como ya veníamos hablando en las citas anteriores, hay cierta verdad en un sueño, hay cierta verdad en un lapsus, en un fallido, en un olvido, hay cierta verdad en un síntoma. Y esto ya no es algo que le acontezca a otros sino que nos acontece a todos.

Vemos que hay resistencia por parte de algunas personas, que aunque aparezca el síntoma, dicen no o que la psicologías es para locos, para enfermos. Y no se reconoce a sí mismo, aún padeciendo una cuestión que lo incomoda o le genera un displacer…

Exacto. El asunto ahí es que no se trata solamente de segregar la locura como algo que le acontecería a otros y que estaría en otro plano, sino que cuando alguien hace eso, está más bien segregando, rechazando la propia locura que lo habita. Y el asunto de segregar la locura que lo habita va a tener que ver también con segregar o rechazar la verdad que puede querer ser revelada en un sueño, cierta palabra que insiste con ser develada, descifrada en un síntoma…

¿Algo recurrente por ahí?

Claro que sí.

Decía también Enrique Acuña días atrás que ese otro que me molesta puede ser el inconsciente. Esa dualidad que puede tener una persona con el ideal, con lo establecido y lo que realmente es…

Cuando en psicoanálisis usamos la categoría del Otro, nos referimos no solamente al Otro como un campo del lenguaje sino que, ya sea señalado en otros encuentros que, uno nace en un mundo del lenguaje y que ese Otro te parasita y después alguien tiene que poder hacer algo, algún arreglo con ese lenguaje, sino que también cuando digo Otro, estoy hablando del Otro del inconsciente como otro que me habita. Por ejemplo alguien que habla y comete un fallido, o un traspié en la palabra y eso que se produce ahí, en donde alguien puede bien notar que está diciendo más de lo que quiso decir.

¿O en realidad está diciendo otra cosa que lo que expresa con palabras?

Sí, por supuesto. Está diciendo otra cosa.

¿Hay otro sentido?

Pero eso aparece como otro. ¿Quién produjo ese fallido? ¿Eso me es propio o me es ajeno? En realidad tiene esa particularidad de ser un extraño pero que sin embargo me habita. Entonces si yo decido no oír nada de eso o hacer caso omiso de esa verdad que me habita, lo que estoy haciendo es una operación de negarme a mí mismo.

¿Y esa resistencia de decir no, ir al psicólogo es para locos o, yo no necesito ir? ¿Cómo se da hoy en día o cómo se rompe esa barrera? Cuando en realidad lo que se busca sería mejorar o dejar de sentir algo que está incomodando, que está mal, que no es grato…

La cuestión ahí sería ver si es posible alguien, no orientarse con ese paradigma de problema solución porque no se trata de encontrar una solución que vaya a acallar las cosas, sino todo lo contrario, de hacer hablar. Entones la cuestión ahí sería si es posible que alguien comience a orientarse por esa otra verdad que lo habita. Dejarse orientar por eso, dejarse enseñar, permitir que eso pase a la palabra.

¿Empezar a mirar quizá con otros ojos porque la realidad sigue siendo la misma pero la visión o el ángulo desde el que se mire puede ser distinto, diferente o contemplar otras cosas que quizá en ese momento la persona no esté contemplando?

Fijate que en el síntoma, decíamos, el síntoma está hecho de palabras pero también está hecho de un costado que es más silencioso que tiene que ver con cierta satisfacción y es un costado más mudo y es el costado más complicado. Pero en ese síntoma alguien bien puede justificar y argumentar todo un estilo de vida. Entonces no es tan sencillo que alguien de buenas a primeras decida…

¿La resistencia viene por miedo a cambiar algo establecido?

Es lo que lo está organizando y ahí.

¿Miedo a la ruptura?

Miedo a la ruptura y al vacío que se va a producir y a la vez también debo decirte que si eso se transforma, se transforma la realidad. No es que tenés la realidad por un lado y tus síntomas por el otro. Tu realidad está hecha con las palabras que vos mismo te proferís y con las palabras que vos creés. Te estoy diciendo que lo que argumenta tu vida. Vos justificás porque te levantás y todo lo que hacés en función de lo que te pasó, de lo que vos interpretás de lo que vos considerás. Entonces de repente retirarle algo a alguien o poner en cuestión eso, introducir ahí una pregunta puede generar cierto desequilibrio de ese edificio que alguien se arma para a hacerse un ser todos los días.

Hay una cuestión de valentía y tiene que ver también con el reconocimiento del síntoma…

Amigarse un poco con esa locura digamos. Que en realidad no se trata de algo que te atormenta sino que vos ahí podes encontrar una clave para tu vida. Sería todo lo contrario.

Sería sacar un poco el juicio y el prejuzgamiento propio y el que viene afuera…

Por supuesto que vos ahí podes encontrar algo con lo cual curarte.

¿O sentirte mejor? Para no hablar de remedio o enfermedad…

Sí, también.



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