La ola que nadie puede parar, fuego amigo y un remedio para Macri

La ola que nadie puede parar, fuego amigo y un remedio para Macri

El movimiento feminista dio esta semana una demostración de poder que no podrá ser ignorada por nadie. Una marea verde y violeta copó las calles de un número enorme ciudades de distintos países, tamaños e idiomas enarbolando reclamos históricos de la agenda de géneros: igualdad de derechos, equidad en el plano laboral, paridad de representación, acciones más decididas para prevenir y castigar las distintas formas de violencia de género, aborto seguro y gratuito, educación sexual y acceso más fácil a métodos anticonceptivos, entre otros.

En Ciudad de Buenos Aires el 8M tuvo su expresión más multitudinaria del mundo. Más de 500 mil personas marcharon por distintas calles y terminaron confluyendo en Plaza de Mayo. Consignas contra la política económica del Gobierno nacional, despidos en diferentes áreas de la administración pública y en el sector privado y el manejo de las fuerzas de seguridad se sintieron en esa protesta con igual fuerza que los reclamos más tradicionales del feminismo. Junto a las banderas que pedían “aborto libre y gratuito” o el “fin del patriarcado” ondeaban otras que exigían el “fin del ajuste neoliberal y de los despidos”.

El momento cúlmine de la marcha fue la lectura de un variopinto y abarcativo listado de reclamos de siete páginas en el que las críticas al gobierno de Mauricio Macri tuvieron casi el mismo espacio que los reclamos más estrictamente relacionados con las cuestiones de género.

En tiempos en que los partidos políticos tradicionales significan cada vez menos y los sindicatos son duramente cuestionados por manejos reñidos con la ética y la ley, espacios no tradicionales de representación política cobran cada vez más relevancia en el mundo y queda cada vez más claro que en Argentina el feminismo es el movimiento que con más firmeza se inscribe en esa tendencia.

La notoriedad que supo ganar este movimiento a fuerza de luchas con las que resulta muy difícil no estar de acuerdo, como las denuncias de acosos, violaciones y femicidios o el reclamo por equidad en ámbitos en los que las mujeres fueron históricamente postergadas, le aportó un número cada vez mayor de adhesiones, sin distinción de clases sociales o grupos etarios.

Este crecimiento no pasó desapercibido a ojos de los demás actores políticos que muestran cada más interés en acercar posiciones con este movimiento. El Gobierno nacional, que maneja con maestría el arte de elegir sus enemigos, entendió que no era buena idea ponerse en la vereda de enfrente de las feministas, de allí la incorporación a su agenda de dos históricos reclamos de este sector: la despenalización del aborto y la paridad salarial de género.

El jueves quedó en claro que esos gestos no resultaron suficientes para seducir a las feministas, aunque seguramente sirvieron para reducir la virulencia del rechazo de ese sector a un Gobierno que siempre les resultó antipático.

El auge del feminismo sí es una buena noticia para los partidos de izquierda que históricamente acompañaron los reclamos de este sector, con el que mantienen coincidencias ideológicas de fondo como los rechazos a la injerencia de la Iglesia Católica en la sociedad civil y a las políticas de represión y mano dura.

Dicho todo esto, no quedan dudas que el feminismo tendrá una importancia cada vez mayor en la política argentina, aunque no está del todo claro qué rol terminará cumpliendo. Hoy es un movimiento con una enorme capacidad para instalar temas en la agenda de debate a escala nacional y por eso los demás actores políticos están obligados a tomarlo en cuenta. Es además una potente caja de resonancia capaz de otorgar visibilidad inmediata a dirigentes o figuras de la más diversa índole.

Queda la posibilidad de que surjan de este movimiento dirigentes con capacidad de disputar espacios de poder en el barro de la política tradicional o que incluso algunas de las estructuras que hoy conforman el heterogéneo colectivo feminista puedan articular algo que luego tome forma de partido político y canalice en forma directa los reclamos que impulsa este movimiento.

Ya nada las detiene, solo falta saber hasta dónde llegarán.

Marea misionera

En Misiones la marcha del 8M tuvo su mayor expresión en la capital, donde alrededor de 8.000 personas partieron desde el Mástil y se congregaron en la Plaza 9 de Julio, donde se leyeron proclamas y hubo lugar para espectáculos musicales.

Aborto legal, condena contra la violencia de género, pedidos de justicia por femicidios que permanecen impunes, equidad salarial, fueron los principales reclamos que llevaron las más de 40 organizaciones que participaron en representación de colectivos identificados como mujeres trabajadoras, amas de casa, transexuales, travestis o lesbianas.

Ante la oleada feminista, desde el Gobierno provincial entienden que Misiones viene haciendo punta desde algunos aspectos. Destacan por ejemplo que aunque la recientemente aprobada ley de paridad de género recién tendrá efectos prácticos en 2019, el Frente Renovador ya cumplió el año pasado con la cuota de 50 por ciento de mujeres en sus listas legislativas nacionales y que de hecho la mitad de los diputados y senadores nacionales de esta fuerza son mujeres. Resaltan además la creciente importancia del Parlamento de la Mujer, espacio concebido para desarrollar ideas y acciones que después se transformen en leyes y derechos para las mujeres.

Esa verde obsesión

No solo las feministas le dieron dolores de cabeza al Gobierno nacional esta semana. Un viejo y persistente enemigo de ministros de Economía y presidentes del Central volvió a hacer de las suyas: el dólar. Después de un año electoral de atraso cambiario –como suelen ser los años electorales en Argentina- el Gobierno se vio ante la necesidad de devaluar para contener un rojo de balanza comercial cada vez más difícil de sostener. Lo que siguió fue una escalada alimentada por el proverbial apetito argentino por la moneda verde, que inmediatamente repercutió en la inflación –otra tradición argentina- y que ahora el Gobierno intenta frenar a un costo creciente.

Después de casi siete meses de libre flotación, el Central intervino con firmeza en el mercado para detener al dólar. En tres días desembolsó 173 millones de dólares para mantener a la divisa estadounidense en el orden de los 20,50 pesos.

La autoridad monetaria intenta enviar un mensaje claro y contundente a un mercado que parece no dispuesto a oírlo. Está claro que el Gobierno busca evitar por todos los medios que la cotización del dólar alcance los 21 pesos, pero las previsiones de un ingreso de divisas de exportaciones de granos mucho menor al esperado –culpa de la sequía- plantean serias dudas respecto a cuánto tiempo podrá sostener el Central a la moneda estadounidense, lo que incentiva a la patria financiera a apostar nuevamente al dólar.

Remedio esperado

En plena sequía de noticias favorables, Macri logró anotarse un triunfo importante en la lucha que declaró a los laboratorios para bajar los precios de los medicamentos. El Gobierno diseñó un nuevo mecanismo de licitaciones que le da a las obras sociales y al ministerio de Salud mayor fortaleza a la hora de negociar con los laboratorios al realizar licitaciones conjuntas.

En la primera operación que se realizó bajo esa modalidad, se alcanzó un descuento de precios del orden del 80 por ciento en remedios para tratar la hemofilia, lo que permitirá al estado ahorrar alrededor de 1.500 millones de pesos este año.

“Es el primer paso en nuestra política de llevar los precios de los medicamentos a niveles internacionales y así facilitar el acceso”, destacó el ministro de Salud, Adolfo Rubinstein quien confía en reducir los costos de los medicamentos con la instrumentación de políticas de compra tendientes a reducir el alto grado de cartelización que caracteriza al rubro laboratorios.

Fuego amigo

Como si no tuviera suficiente con una marcha de 500 mil mujeres cuestionando algunas de las políticas de su gobierno y con una economía que no termina de arrancar, el presidente debió cargar nuevamente esta semana con polémicas innecesarias generadas por la torpeza de los dirigentes de su propio espacio.

Esta vez fue el turno del presidente del bloque del PRO en la Cámara de Diputados de la Nación, Nicolás Massot, quien en medio de una entrevista televisiva y sin advertir que estaba al aire, dejó un puñado de declaraciones que molestaron al ala radical de la alianza Cambiemos en lo que representó un acabado caso de sincericidio.

Pensando que estaba fuera de aire, el legislador reconoció que el gobierno de Macri lleva adelante políticas de ajuste que provocaron a una pérdida de la calidad de vida de los ciudadanos. Admitió que durante el gobierno de Cristina Kirchner “nos acostumbramos a vivir en buenas zonas, nos acostumbramos a tener planes altos en las obras sociales” y que eso debió cambiar a partir de la gestión de Macri.

En el tramo que resultó más polémico puertas adentro de Cambiemos, Massot pronosticó que el próximo gobierno estaría a cargo de un peronismo reciclado. “¿Y los radicales para cuándo?”, le preguntaron los periodistas, a lo que el diputado respondió socarronamente: “los radicales están gobernando”.

La desafortunada intervención televisiva del diputado generó una rápida reacción por parte de dirigentes radicales que se mantuvieron fuera de la alianza con Cambiemos. “Este desprecio de Massot hacia el radicalismo, que los radicales-pro tengan que militar ajuste, tarifazos, despidos masivos, suba brutal de alimentos, apertura de importaciones, cierre de pymes, muestra la crisis profunda del partido que se acostumbró a consumir poder y no producir poder”, señaló el correntino Nito Artaza en su cuenta de Twitter.

A los radicales que participan de la alianza Cambiemos no les quedó otra alternativa que el silencio para enfrentar el desaire. Por primera vez un dirigente del riñón de Macri insinuó algo que para el resto de la sociedad es evidente: el radicalismo podrá participar en el reparto de los cargos, pero no tiene demasiada injerencia en el gobierno y el Pro no tiene intenciones de que eso cambie.

Escuela y orgullo

Un tempranero cierre de paritarias permitió que Misiones fuera la primera provincia en garantizar el inicio del ciclo lectivo en la fecha que estaba prevista. Lo que se anunciaba ocurrió esta semana y fue celebrado como un triunfo por el Gobierno provincial, no porque fuera una novedad sino porque este año el contexto económico nacional estableció condiciones especialmente difíciles para negociar salarios, lo que llevó a que las amenazas de paro alcanzaran a la mayoría de las provincias.

“Para nosotros el año empieza bien si las clases comienzan cuando corresponde, lo que se viene cumpliendo a rajatabla desde hace 14 años en forma consecutiva. Este año fue ejemplar, casi el cien por ciento comenzó las clases, lo que demostró el compromiso de los docentes con la educación”, afirmaron desde el Gobierno.

En el inicio de clases, la Escuela de Robótica volvió a ser destacada por especialistas de reconocida trayectoria. Esta vez fue el tuno del filósofo especialista en nuevos medios de comunicación, Alejandro Piscitelli, quien participó de la apertura del ciclo lectivo y destacó a Misiones como la única provincia con una escuela de robótica impulsada por el Estado.

Consideró que esa institución aplica un método de enseñanza que se ajusta a “la cultura maker” en la cual “no se aprende escuchando sino haciendo. Tiene que ver con utilizar las manos, que están conectadas al cerebro eso permite que se intensifiquen las experiencias y que la escuela en vez de apagar al chico incentive la creatividad”.

En tanto Passalacqua, que a pesar del momento económico difícil que atraviesa el país mantiene una imagen alta según encuestas que manejan en La Rosadita, destacó que “los sueños están para ser cumplidos” y se volvió a referir a la “guapeza de los misioneros” para los desafíos: “somos gente transgresora tenemos rebeldía: el Misionerismo; este tipo de educación es lo que se viene y hay que tomar el toro, o el teclado, por las astas”, señaló durante el inicio del ciclo lectivo en la Escuela de Robótica.

En tanto que Carlos Rovira, expresó su convicción de que “tarde o temprano, los niños que transitan esta escuela estén abriendo sus mentes a todos estos nuevos procesos”, para lo cual convocó a “desviarnos de lo cotidiano y pensar en grande”.

Números que no cierran

El avance de la inflación y los constantes incrementos tarifarios nacionales siguen golpeando a los bolsillos misioneros. A los aumentos de la energía dispuestos por administración de Macri a inicios de año siguieron subas en los combustibles que en Posadas fueron particularmente pronunciadas por la caída del ITC diferenciado, que se anunció como temporal pero ya lleva una semana sin resolverse.

En los últimos días se agregaron incrementos en los peajes que administra la Nación. El caso más llamativo se dio en Colonia Victoria, peaje que Vialidad Nacional había prometido retirar este año, pero que en cambio aumentó 50 por ciento, lo que provocó una serie de protestas por parte de pobladores de la zona Norte de la provincia.

Se espera en la continuidad del cronograma de “sinceramiento de tarifas” que lleva adelante el Gobierno nacional, la próxima actualización del valor del gas y para antes de fin de año, una nueva suba de la luz.

En ese contexto que alimenta el descontento popular, representantes misioneros del Gobierno nacional como el diputado Luis Pastori, se esfuerzan en hacer proyecciones optimistas en reuniones con representantes de sectores productivos preocupados por el rumbo de la economía o con vecinos a los que les cuesta cada vez más llegar a fin de mes.

Más allá del uso de tecnicismos y de la solvencia que pueden exhibir especialistas como el mencionado Pastori, lo cierto es que el misionero percibe un deterioro en su capacidad de consumo y lo atribuye cada vez con mayor énfasis al actual Gobierno nacional y ya no acepta el argumento de la pesada herencia.



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