Una marcha que puede ser contundente y multitudinaria pero diluirse de inmediato

Con apoyos que se suman un día y se arrepienten al otro, la marcha convocada por Hugo Moyano y familia en defensa propia, está generando una serie de movimientos sindicales y políticos que exceden los intereses de los sindicatos y la política, sin mencionar el de los trabajadores que en esta lid son convidados de piedra.
El hasta ayer inexistente “moyanismo” con que los medios porteños bautizaron a la movida de la familia Moyano es una exageración mediática, como muchas a las que nos tienen acostumbrados. No existe tal movimiento, toda vez que se denomina “ismo” a aquello que se refiera precisamente a un movimiento, sistema o escuela y lo de Moyano no pasa ni cerca.
Apenas son apoyos circunstanciales que terminada la marcha, exitosa o no, cada uno volverá a enfrascarse en su problemática e intentar mantener a su tropa dentro de los carriles esperados si logran cerrar una paritaria aceptable.
Si lo del miércoles 21 de febrero es multitudinario y contundente, todos pugnaran por llevarse los laureles, pero si no es tan contundente a coro culparán a Moyano. Si es exitoso y categórico desde algunos sectores del Gobierno querrán culpar al camionero de exceso en la legítima defensa, pero si fracasa dirán que nadie quiere inmolarse con él.
De una forma u otra, desde Cambiemos ya tienen la artillería preparada para desacreditarlo, más allá del resultado o trascendencia de la convocatoria del miércoles. La suerte está echada. Destruir a Moyano es destruir a un símbolo del sindicalismo y porque no por carácter transitivo al peronismo.
El enfrentamiento Moyano –Macri o Macri – Moyano para respetar la investidura presidencial es de vieja data, pero recrudeció hace un año cuando se desató la pelea por la presidencia de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
En esa pelea que finalmente resolvió uno de los hombres de extrema confianza del presidente, Daniel Angelici, actual presidente de Boca Juniors, club que Macri presidió antes de lanzarse a la arena política, había un tercero en discordia.
Marcelo Tinelli, a quien no hace falta presentar, estaba decidido a pelear la presidencia de AFA y Moyano también pero Macri no quería a ninguno de los dos en ese lugar que considera políticamente complicado para su gestión y una especie de trampolín para quien tenga aspiraciones políticas.
Es sabido que tanto Tinelli como Moyano tienen aspiraciones políticas, ambos lo han expresado públicamente y fue el astuto Angelici, acostumbrado a operar en el fuero penal del Poder Judicial y más precisamente en Comodoro Py quien encontró la salida salvadora.
Si bien con la llegada de Claudio “Chiqui” Tapia lograron neutralizar al conductor televisivo, no pudieron alejar del todo al camionero que es a la sazón suegro de Tapia, pero para esta jugada menos peligroso que el vicepresidente (en uso de licencia) de San Lorenzo.

Moyano, desde que asumió la presidencia del Club Atlético Independiente, dejó la conducción del Sindicato de Camioneros en manos de su hijo Pablo dedicándole tiempo completo a dirigir el club de sus amores.

Por esto la actual movida de Moyano, intentando escudarse en la defensa del trabajador, cuando es a todas luces está usando al sindicato para ganar la calle en una patoteada al más puro estilo barra brava.

Son estos elementos y los que se detallaron en la columna anterior de las presentaciones judiciales de la PROCELAC sobre informes de la UIF los que dan sustento a la embestida del Gobierno contra el sindicalista y ahora dirigente futbolístico y la respuesta de éste para evitar que las causas avancen en los juzgados.

 

*Periodista



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