Escuchar: el desafío de conectarnos con los demás

Escuchar: el desafío de conectarnos con los demás

En estas notas, hablamos de la importancia de lograr momentos de silencio interior. De dejar de forzar realidades o de resistirnos a permitir que las cosas sean como son. Nos proponemos no quedar atrapados en la necesidad de calificar como bueno o malo.

Insistimos, además, en lo útil que resulta tomar distancia de nuestros pensamientos. En la mayoría de las ocasiones, lo que pasa por nuestra cabeza no son más que opiniones poco fundamentadas, prejuicios basados en nuestros propios condicionamientos, que terminan cerrándonos aún más.

Si hacemos foco en el momento presente -conscientes de que nuestros juicios sobre la realidad no son la realidad- podemos aceptar las cosas como son y actuar, en lugar de reaccionar, con mucha más claridad, de manera más equilibrada y eficaz.

Paso a paso, con práctica meditativa y autoobservación, podremos avanzar sobre la falta de conciencia en la que generalmente vivimos. Empezar a apagar, de a poco, ese piloto automático que nos desconecta de lo que estamos haciendo y permite que seamos arrastrados por miles de pensamientos que nos aturden.

Poner la atención en lo que pasa “ahora”, nos lleva a actuar con otro tipo de inteligencia.

El arte de escuchar

Una parte importante de esa inteligencia es la escucha atenta. Casi nunca escuchamos a los demás. O escuchamos, pero con una serie de filtros que solo dejan pasar lo que queremos escuchar.

Esta actitud levanta grandes barreras entre nosotros y todo lo que nos rodea y termina por encerrarnos en nuestros propios conceptos. Nos cuesta abrirnos, construimos una burbuja y nos sentimos cómodos en ella.
Escuchar atentos es soltar el control (imaginario) de la situación.

Cuando alguien nos habla, generalmente estamos pensando en qué vamos a responder, armando conexiones internas para contar nuestras experiencias y dar opiniones o tratando de imponer nuestras ideas. No nos interesa tanto lo que nos dicen como lo que nosotros tenemos para decir.

La escucha atenta es todo lo contrario a imponer. Es una disposición total que implica la posibilidad de ser transformado por el que nos habla.

Escuchar a los otros implica ser receptivos, bajar todas las barreras, sobre todo las que están asociadas a nuestras ideas de cómo deberían ser las cosas. Esa receptividad permite que verdaderamente podamos conectarnos y responder a la persona que tenemos enfrente.

Cuando alguien nos habla, generalmente estamos pensando en qué vamos a responder, armando conexiones internas para contar nuestras experiencias y dar opiniones o tratando de imponer nuestras ideas. No nos interesa tanto lo que nos dicen como lo que nosotros tenemos para decir.

Además, escuchar atentos nos nutre, le abre camino a la empatía. El mejor regalo que le podemos hacer a una persona es estar realmente presentes para ella. Esta presencia no es egoísta, sino todo lo contrario: da espacio para que el otro se desenvuelva. Incluso con silencios que invitan a que los demás también bajen sus barreras y se expresen sin automatismos.

Escuchar atentos es soltar el control (imaginario) de la situación. ​¿Cuántas veces nos ponemos a disposición del otro de esa manera?

¿Cuántas veces nos comunicamos así con nuestras parejas, con nuestros hijos, con nuestros amigos y compañeros?
Cuando escuchamos verdaderamente, el amor, la solidaridad y la compasión empiezan a desplazar a los juicios y al egoísmo. Se rompe la burbuja y vemos realmente a quienes están frente a nosotros.

Es una propuesta: abramos los ojos, silenciemos un poco nuestra mente y escuchemos a los demás. La vida puede cambiar profundamente a partir de eso.​​​

Fuente: TN



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