AFOME: La inversión del Estado por hectárea plantada retorna en 20 veces más a las arcas públicas a lo largo del turno forestal

Productores de la región defienden la metodología de promoción de la Ley 25.080 y consideran que “el incentivo a las forestaciones es una especial asociación entre el Estado y el sector privado, que se unen para desarrollar una actividad que  separados no podrían realizarla. El Estado presta el dinero al particular, quien lo invierte, lo cuida y lo acrecienta, devolviéndolo en forma actualizada, más un interés elevado a lo largo del ciclo”, aseguran.

De las plantaciones forestales o bosques cultivados (entiéndase no árboles de especies nativas para su explotación comercial, sino los exóticos como pinos, eucaliptos, álamos entre otras especies que se plantan en suelos aptos y bajo normativas legales vigentes para proyectos productivos con estudio de impacto ambiental aprobado por el Estado argentino y en áreas para destino a cultivos agroforestales según la región) se puede obtener un sinfín de subproductos y derivados que se comercializan en el mercado, desde raleos y chip para las cuestionadas fábricas de celulosa y papel donde la fibra de pasta o pulpa Kraft se destina a la producción de cartón corrugado, bolsas, papeles envoltura, periódicos, revistas, papeles blancos de escritura e impresión, hasta materia prima para nanocelulosa y biorrefinería, por dar ejemplos. Pero además, la genética y el manejo forestal actual permite rollos (entiéndase troncos de árboles) de alta calidad que tienen destino al abastecimiento de plantas de generación de energías renovables (pellets o biomasa forestal), fabricación de tableros y aglomerados, o rollos aserrables con destino a la fabricación de madera para productos de uso estructural en la construcción, fábricas de muebles, partes y aberturas, puertas y ventanas, pisos, tableros, fenólicos y compensados, resinas, etcétera. Todo este beneficio de consumo a la sociedad con un material renovable y ambientalmente sostenible si se mejoran los estándares en el sector de la cadena foresto-industrial. Pero el potencial de desarrollo sectorial existe. Los desafíos de las empresas privadas de acercar la brecha hacia el desarrollo sostenible también.

En la actualidad, esta actividad se presenta en el centro del debate nacional por ser considerado un sector estratégico para el desarrollo sostenible del país, de adecuarse a mejores prácticas y alinearse hacia los desafíos globales ambientales del Plan Estratégico de Naciones Unidas sobre los Objetivos para el Desarrollo Sostenible de los Bosques hacia el cumplimiento de la Agenda 2030 .

En la Argentina, una de las discusiones que se profundizará durante estos dos meses en la Comisión Asesora de la Ley 25.080 (de Inversiones para Bosques Cultivados) es la continuidad o modificación de la herramienta jurídica vigente para la promoción forestal del país bajo el régimen de esta ley y que tiene fecha de vencimiento en enero de 2019. Entre los beneficios principales y el espíritu para la cual fue creada hace 20 años atrás, fue para otorgar Aportes Económicos No Reintegrables a pequeños y medianos productos que permitan incrementar la superficie forestada del país y Estabilidad Fiscal a las empresas integradas a la forestación y desarrollar la cadena foresto-industrial.

Desde la Asociación Forestal Mesopotámica (AFOME), el ingeniero forestal Jorge Pujato defiende la continuidad del sistema para apoyar a los pequeños productores y asegura que oportunamente desde la AFOME elaboraron un documento que tiene “vigencia” en la actualidad, ya que explica que el Estado realiza una inversión que retorna a las arcas públicas multiplicada 20 veces o más, a través de los Aportes Económicos no Reintegrables (AENR) y certificados de estabilidad fiscal que otorga por medio de la Ley 25.080.

“El monto del incentivo, que por hectárea paga el Estado a las nuevas plantaciones forestales, equivale a unos 25 jornales en la mayor parte de la Mesopotamia (en Misiones equivale a 30 jornales). Y es una cifra similar a los jornales que se emplean por hectárea para lograr una plantación. O sea que, el incentivo que otorga el Estado a las forestaciones, equivale a los subsidios a desempleados”, analizaron en el documento.“Pero en forestal se emplean para crear riquezas; en los otros casos  es asistencialismo”, reparan los productores.

Por otra parte, consideran que la mano de obra del sector primario forestal, se caracteriza por tener bajo nivel de instrucción y ser  muy sacrificada y especializada en ciertos trabajos rurales. “Al no haber trabajo en forestal, el productor primario solo pasa a engrosar las villas miserias periféricas a las grandes ciudades, sin mayores posibilidades de competir con éxito por otras alternativas laborales”, indicaron.

Los incentivos forestales que otorga el Estado sirven entonces para afincar población en el interior del País, a la par de crear riqueza para las actuales y futuras generaciones. “En algunas regiones, evita el problema de las migraciones internas por falta de trabajo estacional debido a las características de otros cultivos (como los tareferos de Yerba Mate y tabacaleros en Misiones)”, describieron en un documento que con ejemplos simples apuntaron a mostrar los beneficios de la actividad como alternativa para el sector primario.

Pero el mayor beneficiado por la promoción a las forestaciones sería “el propio Estado, ya que por cada peso que invierte en promocionar las nuevas forestaciones, recauda, vía impuestos directos e indirectos, 20 veces más a lo largo del turno forestal; y la sociedad se ve beneficiada con un ingreso 30 a 60 veces mayor, medido a nivel madera con una primera industrialización”, remarcan desde AFOME.

“Sin esos incentivos, solamente forestan las empresas grandes. Cuando el Estado deja de promocionar las forestaciones en 1990, la superficie plantada anualmente disminuyó a tal punto de no cubrir las talas.

Tanto en la Argentina, como en otros Países, se demostró que al incentivar las nuevas plantaciones forestales, la superficie se incrementa fundamentalmente por la actividad de pequeños y medianos productores. Al dejarse de promocionar, dichos subsectores son los que desaparecen, y ya está demostrado que no pueden ser reemplazados por las mega empresas”, agregaron.

En esta línea, en contacto con ArgentinForestal.com concluyeron en que “el incentivo a las forestaciones es una especial asociación entre el Estado y el sector privado, que se unen  para desarrollar una actividad que  separados no podrían realizarla. El Estado presta el dinero al particular, quien lo invierte, lo cuida y lo acrecienta, devolviéndolo en forma actualizada, más un interés elevado”.

Otro valor es el efecto multiplicador de generación de empleo. “Es una actividad que además de generar un retorno en el largo plazo, a la vez da trabajo a un importante sector de la sociedad, se crea riqueza para las actuales y futuras generaciones. Y se protege al medio ambiente”, recalcó en relación a la ordenación forestal para destino comercial que aporta a restar presión sobre la explotación de los bosques nativos. “La  promoción a las  nuevas forestaciones solo aportan beneficios a toda la comunidad. Por eso es necesario apoyar la continuidad de esa metodología”, fundamentó el ingeniero Jorge Pujato, de AFOME.

 

 

Por Patricia Escobar 

 

 

 

 

 

 



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